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Mi muerte en Internet

El Sauzal, España, el sitio de mi eterno descanso.

El Sauzal, España, el sitio de mi eterno descanso.

 

 

En adelante la desmesura será un blog póstumo. Resulta que estoy muerto y nadie tuvo la valentía de avisarme. Lo averigüé sólo, por casualidad, mientras hacía auto-googleo, ese deporte no reconocido como tal pero que en los hechos se practica para alimentar la pulsión narcisista.

 

  

Me rompí la cabeza pensando si soy la re-encarnación del sujeto fallecido con quien comparto el nombre pero las fechas no son coincidentes. Tampoco tiene coherencia pensar que era un pariente lejano porque revisé mi árbol genealógico y aunque siempre está próximo a marchitarse todavía soporta a los pocos que quedamos.

  

La posibilidad de un clon no resistía ningún análisis. Entonces comprendí. Comprendí que no había otra alternativa: estoy muerto y mi obituario se publicó el 15 de enero de 2002. Por aquellos tiempos yo creía tener todo bajo control para irme de vacaciones a pesar que Argentina se caía a pedazos con la crisis de 2001. Y me fui…pero al parecer solo tenía pasaje de ida.

 

Hago esfuerzos por recordar que ocurrió aquel 15 de enero. Todo resulta muy confuso. Pero la prensa no miente y así me lo hizo saber “El Día”, el diario de mayor tirada de las Islas Canarias (España).

En su sección ‘Esquelas’ del día de referencia, “El Día” publica con tinte trágico:

 

“El señor Don Sigifredo Sebastián (Conocido por Fero) ha fallecido a los 56 años de edad, después de recibir los Auxilios Espirituales”…

Pensé que me embargaría la tristeza… por el apodo: una evidente deformación del término cordobés fiero pero no fue así. Tampoco me importó la edad prematura del fallecimiento porque si había disfrutado mis 56 años no había porqué preocuparse.

Descanso sin paz

Los ‘auxilios espirituales’ si me impactaron: resulta que mis “hijas Carmen María, María José, María Soledad y Lidia Esther Rodríguez Pérez; hijos políticos, hermanos, hermanos políticos, nietos, sobrinos, primos y demás familiares” se encargaron de brindármelos pasando por alto mi reconocido ateísmo.

Para despejar cualquier duda sobre la cristiana sepultura que tendrían mis restos le añadieron la siguiente leyenda:

“(…) RUEGAN a sus amistades y personas piadosas una oración por su alma y la asistencia al sepelio, que tendrá lugar hoy lunes, a las 12.45 de la tarde, desde la cripta de la Casa de Acogida Madre del Redentor a la parroquia de San Pedro (El Sauzal), donde se oficiarán las honras fúnebres y a continuación al cementerio de esta localidad; favores que agradecerán profundamente”.

¿Pero es que no se respeta la última voluntad de un moribundo? La orden era clara: nada religioso y directo al horno crematorio. La bronca pasará… después de todo, el cementerio de El Sauzal resulta acogedor: emplazado al norte de “la isla de la eterna primavera” (en Tenerife, islas Canarias), se me permite pasear por el predio, jugar cartas con mis compañeros del panteón número 5 y asustar a los visitantes ingratos.

Sin embargo, ya nada es lo mismo después de seis años. Para describirles la situación en mi morada española les diré, parafraseando al Nano Serrat, que “si yo pudiera unirme / a un vuelo de palomas / y atravesando lomas / dejar mi pueblo atrás / os juro por lo que fui / que me iría de aquí / pero los muertos están en cautiverio / y no nos dejan salir del cementerio (sic)”.  

A la espera de que mi alma vuelva a acariciar la copa de los árboles y vagar por playas de arena infinita me despido desde El Sauzal. Hasta la próxima.

Posdata: Si aún no dejaste el pésame ésta es tu oportunidad de hacerlo al pie del texto. Por cierto, si el morbo te lo exige y querés leer mi aviso fúnebre podes ingresar a:

http://www.eldia.es/2002-01-15/ESQUELAS/esquelas307.htm

 

 

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