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Un mundo sin (fanáticos) de perros

Benyi: el perro de la discordia familiar.

A propósito del blog de Iván Ferreyra, me pregunté que pasaría si se extinguieran todos los ultra-fanáticos de los perros que se ocupan de hacer desagradables a las mascotas cuando no lo merecen. ¿Porqué una embestida contra los canes si la culpa es de quienes les dan de comer?

Estos amantes de los perros sin carné de club de fan a la vista pero con una conducta militante cuasi insoportable asumen conductas fácilmente reconocibles.

  

Sus únicos temas de conversación pasan por…su perro; que come o deja de comer; cuando ladra o bosteza y los momentos y/o lugares que elige para hacer pipí o popó.

 

Sus actividades favoritas siempre incluyen a la mascota: sacarle fotos con todos los conocidos posibles y crear un fotolog donde otros supuestos perros opinan sobre los atributos del can; hacerlo “hablar” por teléfono con la “mamá”  o el “papá” (en general, cuando alguno se ausenta); intentar conseguirle “amigos” entre las mascotas del barrio…siempre que eso no incluya a la chusma perruna que no tiene raza definida o demasiada inclinación al sexo; armar paseos -desde ir al super hasta salir de vacaciones-; festejar su cumpleaños y tirar la casa por la ventana en el día del animal.  

 

  

 Cuando se trastocan los roles y el perro se vuelve un integrante más de la familia, ahí el tema se complica. La humanización del can es, en realidad, la contracara del verdadero fenómeno: la animalización del supuesto amo.

  

Entonces, si sos cargoso con tu perro y le bancas todo, no podes desconocer el ranking perruno de las asquerosidades más frecuentes:

  

1. Dormir con él/ella. L@ queres tanto que l@ metes en tu cama y se vuelve tu peluche ¡vivo!. La desventaja: el olor a perro no lo sacas nunca más y te acostumbras a descansar entre pelos ajenos ¡qué horror!.

  

2. Parir con el/ella. Si es macho, vas a parir todas las calenturas del semental: si no encuentra una compañera gauchita es posible que se desquite con un trapo de piso o la pierna de un amigo o familiar cercano. Si tenes perra cruza los dedos para que saques muchos cachorros y te llenes de guita. Pero si la agarra algún ejemplar callejero vas a putear como loco.  

 

  

3. Compartir la comida. Es de los menos recomendables. Consiste en aprovechar tu almuerzo o cena para acercarle el tenedor o la mano con lo que hay en tu plato. También podes arrimar tu plato y que le pase lengüetazos.

 

  

4. Baño conjunto. Si se te ocurre matar dos pájaros de un tiro recorda que usar el mismo jabón puede traerte picazón en zonas difíciles y nadie va a creerte la historia del perro.

 

 

Cuando caes en la cuenta ya es demasiado tarde: te convertiste en el humano-mascota de tu perr@ y construís tu vida alrededor de él.

Ahora llegó mi turno, voy a cuidar el mío, que no quiero escucharlo ladrar. “¡Me parte el corazón! ¡ pobrecito!”…

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