Posts Tagged ‘periodismo’

Testigo en peligro

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. Incendio en sierras de Cordoba.

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. Incendio en sierras de Cordoba.

Mientras ingresamos a una sala de reuniones en la sede de La Vozdel interior el ‘Mono’ Antonio Carrizo me dirige una sonrisa cómplice y dispara su primera confesión de la tarde al referirse a la bifurcación de los límites en el fotoperiodismo: “Quizás…yo no sea el mejor ejemplo”.

Su tarea como editor de la sección imágenes lo obliga a realizar maratónicas jornadas en la redacción: organizar coberturas, asignar notas, gestionar videos y galerías de fotos, asistir después del mediodía a la primera reunión de blancos con los editores de cada sección (en la jerga periodística se llama así a la instancia donde se discuten los contenidos de la próxima edición) y volver a verse las caras cuatro horas después para definir los temas de tapa.

Pero hay tardes en que abandona por un rato su rutina para ganar la calle y accionar el disparador de su cámara como si fuera una ametralladora a repetición. Las cosas importantes ocurren en días así.

Con su uniforme de siempre -chaleco color pastel con bolsillos múltiples, el logo del diario bien visible, camisa blanca, jeans-, el Mono se deja caer en un sillón y se balancea en el lugar, gesticula ante cada frase, se ríe, disfruta recorrer su anecdotario fotográfico.

-¿Qué rasgos distinguen a un fotoreportero?

-“Desde que me inicié como fotógrafo en el diario, hace 33 años, me inculcaron que tenía que diferenciarme de los demás. Tener un estilo, un olfato diferente, pequeños detalles que dan un agregado extra a tu profesión. Intento buscar una foto que sorprenda al lector, que cuando vaya caminando y vea un título se detenga. La foto del momento justo, esa fracción de segundos, ese instante. Cuando salgo a cubrir lo estoy esperando. Una vez le tiraron un vaso de agua en los pechos a Isabel Sarli…y me quedé mirando. Ahí aprendí una lección: hay que estar siempre preparado. Siempre”.

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. Explosion de la Fabrica Militar de Rio Tercero en 1995.

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. Explosion de la Fabrica Militar de Rio Tercero en 1995.

Fotógrafo todo terreno

Para el Mono ser fotoreportero está indefectiblemente unido al trajinar de la urbe, al pulso de los fenómenos sociales, algo parecido a empaparse de calle. También implica romper el protocolo en los actos públicos, mezclarse entre activistas y policías en una movilización, perseguir el fuego junto a los bomberos durante un incendio, esquivar balas en tiroteos y, sobre todo, dejar aflorar el instinto: esa premonición que indica cuál es el lugar y el momento preciso para hacer la foto del día. El instante mágico que resume una noticia. Con treinta y tantos años de oficio, el Mono es un ser pasional que incluso pasa noches en vela cuando no aparece la foto que tanto espera.

-¿Cuáles son los límites para conseguir una foto?

-“Lo evaluás en el momento. Hay fotógrafos que tienen más disposición para ir al frente y buscar. Otros se sienten más seguros trabajando con lentes más largos, resguardándose, sin arriesgar tanto. Yo soy de los que quiere estar en el lugar para ser testigo. Con un teleobjetivo largo aplastás mucho la imagen en cambio con un lente más corto reflejás otras cosas, ubicás al lector, mostrás el ambiente donde suceden los hechos”.

-En el fragor de los acontecimientos ¿Pensás en los riesgos?

-“No pienso en el peligro sino en conseguir las mejores imágenes y en cómo llegar donde quizás los otros no se atreven. Se activa la adrenalina y te vas metiendo, te vas metiendo y llega un momento en que estás al lado de un tipo que cae con un balazo en la frente”.

La referencia al balazo no es arbitraria. Todavía recuerda como si fuera ayer una violenta represión durante un corte de ruta en Ledesma (Jujuy) que cubrió junto a un cronista durante los tumultuosos años del menemato.

Aquel día recibieron tantos proyectiles de goma en sus cuerpos que una ambulancia los quería cargar. Se negaron, querían seguir con la cobertura. Esa noche, durante la cena, repasaron la jornada y descorcharon un tinto. Antes de beber el primer trago el Mono propone un brindis con la cuota de humor que lo caracteriza: “Fijate, fijate –le dice al cronista que lo acompaña, el ‘cabrito’ Toledo-, fijate si no pierdo por algún lado”.

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. Represion en Ledesma, Jujuy (1997).

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. Represion en Ledesma, Jujuy (1997).

En el reino de lo incierto


A veces, el miedo se torna una presencia inquietante. “Podes estar jugado, sentirte hasta las manos, pero si llegas a bajar el lente…en ese momento la cámara pasa a ser algo muy fuerte. Solo puedo pensar que esas imágenes tienen que llegar a la gente. Después tomás conciencia, analizás el panorama y te preguntás si valía la pena arriesgar tanto”.

-¿Se puede predecir el resultado de un cobertura?

-“Depende un poco de la suerte. Cuando vas a hacer una nota no sabés lo que puede pasar. Tenés que estar listo para lo inesperado. Situaciones simples pueden convertirse en algo peor. Un día me envían a una protesta de docentes, a tirar un par de fotos y seguir con otra nota pero a los 10 minutos se desata una batalla campal: perros que mordían a estudiantes, la policía largando los perros, gente que tira piedras y te pasan rozando la cabeza y yo ahí sacando fotos, tratando de registrar y resumir los hechos”.

Por recomendación del director de La Voz envío una de las postales de aquella jornada a un concurso internacional. Tiempo después la Sociedad InteramericanaPrensa le otorgaría el primer premio. “Si querés sacar la mejor foto, buscala. Eso te lleva por ahí a pasar los límites. Yo soy uno de esos. Trato de buscar la mejor foto, de meterme, esto me apasiona”, dijo.

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. En territorio de las FARC, Colombia.

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. En territorio de las FARC, Colombia.

-Una vez superados ciertos límites ¿Es más fácil pasarse de la raya?

-“No, creo que te sirve como experiencia para saber hasta dónde pones el cuerpo y qué se puede hacer y que no. La secuencia implica llegar a un punto critico, saber que estuvo en riesgo tu vida, haber regresado, poder decir a tus hijos que volviste a casa, respirar hondo y pensar ‘esto es lo máximo loco, no arriesguemos más’…pero no pongo las manos en el fuego porque cualquier día puede pasar.”

Dice el Mono, otra vez su sonrisa cómplice asomando entre sus mejillas rellenas. En el momento de la partida se disculpa por el café que no fue, propone un vino para la próxima y anota las fotos que me enviará al día siguiente. Caminamos por la rampa de acceso a la redacción y mientras el sol se retira en el horizonte Antonio Carrizo, el Mono, habla de su periplo en Colombia tras los pasos de la guerrilla de las FARC, de las fotos en los festejos por los 120 años del teatro San Martín, de sus incursiones en barriadas miserables y eventos de alto nivel en hoteles cinco estrellas. Imágenes de un mundo al límite, imprevisible y diverso. Como la actitud del Mono cuando se entrega a la calle y se deja llevar.

Anuncios

Historias filmadas a muchas manos

Parte del numeroso equipo de Muchas Manos Films.

Un grupo de jóvenes vinculados al mundo cinematográfico formó una cooperativa para rodar películas que conjugan entretenimiento y contenidos de calidad. Sebastián Sigifredo te cuenta cómo se hace cine en Córdoba con recursos limitados y una buena cuota de ingenio.

Enero de 2009. Los 35 grados del verano cordobés hacen difícil moverse, pensar, actuar. A Matías Carrizo el calor lo tiene sin cuidado: lo obsesiona la idea de hacer cine. En uno de esos días agobiantes, Matías se topa con el siguiente dilema: “Si la ciudad reúne tantos realizadores, creativos y talentos de la cinematografía que no tienen dónde mostrarse ¿Porqué no armar una comunidad para producir películas?”. De aquella pregunta iniciática surgiría una asociación cooperativa de trabajo que para hacer honor a su carácter multitudinario –congrega a más de 30 personas- se dio en llamar “Muchas Manos Films”.

Para crear la cooperativa el grupo debía filmar si o si. Necesitaban demostrar (y demostrarse) que no sólo se trataba de buenas intenciones. Así que parieron su primer vástago: un corto titulado ‘Sola en la noche’. Fue el acto fundacional al que luego le siguieron nuevos proyectos.

Los chicos de Muchas Manos comprendieron que para romper con la “abstinencia cinematográfica” -concepto acuñado por los integrantes para explicar el estado de desesperación de los realizadores cuando no producen, cuando no filman- se vuelve indispensable dejar de lado los recelos personales. Mientras se empapaban de cine, definían los principios básicos que iban a regir la flamante organización.

“Decidimos privilegiar la horizontalidad, abrirnos a una suerte de creación colectiva en la que todos somos productores ejecutivos, es decir, compartimos equipamientos, recursos, talentos, creatividad e incluso dinero en efectivo con el objetivo de filmar los productos de todos”, comenta Matías, fundador de Muchas Manos.

La cooperativa lleva adelante sus proyectos sin respaldo de empresas o fundaciones. A pesar que golpearon muchas puertas, la respuesta siempre es la misma: “Lo siento, estamos en crisis”. Un país que atraviesa vaivenes económicos permanentes y donde el cine no necesariamente es una prioridad, exige agudizar el ingenio y explotar al máximo la creatividad.

“Todo lo hacemos a pulmón y el dinero sale de nuestro bolsillo. El primer corto se filmó con equipos semiprofesionales propios. Para la segunda producción hicimos un esfuerzo mayor y alquilamos luces profesionales. En el tercer proyecto logramos reunir más fondos y utilizamos mejores equipos”, explica Matías.

De rodaje en rodaje

Los integrantes de Muchas Manos incursionan en la industria del cine a través de cortometrajes. La ópera prima ‘Sola en la noche’, fue dirigida por Matías Carrizo y protagonizada por Gisela Casalis. Se inscribe en el género del terror y fue escrito y rodado en un sólo día durante febrero de 2009. Además, participó recientemente del festival de género fantástico SHOTS 2010 en Nueva York.

‘El Bar donde Boris pierde el tiempo’, la segunda producción, nace de un proyecto postergado de Luis Maldonado: “El guión lo escribí en la época de la facultad. Era una cuenta pendiente que pude concretar con Muchas Manos. Se nutrió del aporte de todo el grupo, lo que enriqueció el producto final”, dice Luis.

El Bar… tiene la estética del cine negro de los años ‘50. Hicimos scouting por un montón de lugares hasta que dimos con la ambientación de antaño del -hoy desaparecido- bar Royal, en Alta Córdoba. El corto es atemporal, no se sabe en qué época transcurre: hay autos modernos pero el bar es antiguo. Nos inspiramos en las series de ‘Batman’ y en pelis como ‘Sin City’: queríamos darle ese aire”, añade Matías. A fines de marzo, la obra de Luis fue seleccionada para participar de la competencia oficial del Festival Internacional de Cine Independiente de Mar del Plata (MARFICI).

El salto cualitativo lo dieron con ‘Sin Pulso’, una comedia de acción de zombies que se filmó en varias locaciones de Unquillo y Salsipuedes e incluyó a 80 extras en escena.”El verdadero bautismo grupal se dio en el rodaje de ‘Sin Pulso’. Se generó mucha expectativa, fue una gran producción. Se trabajó fuerte en un uso eficiente de los recursos. Era el arte de arreglarse con lo que teníamos a mano: la sangre se hizo con almíbar y colorante; las vísceras con miga de pan, jalea y tinta”, recuerda Andrés Perona, otro destacado integrante de Muchas Manos.

Antes de que se retire el otoño se proponen rodar ‘En el mismo mar’, de la jujeña Jimena Muñoz, un drama donde los personajes se conectan entre sí durante una tarde lluviosa.”Refleja la importancia de las pequeñas cosas, lo valioso de los pequeños momentos”, revela Matías. Andrés agrega: “Tiene un enfoque experimental muy interesante. Me parece bella e inteligente en el uso de los recursos. Un ejemplo: apela a la animación para narrar cuestiones emocionales”.

Muchas Manos es una usina de ideas. Como dice su fundador “hay muchas historias en cola, hay muchas cabezas pensado todo el tiempo”. A la posproducción de un videoclip de Smoke Sellers, una banda oriunda de Villa María, se suman varios proyectos en danza: una miniserie realizada para el exterior, un corto de animación, otro del género fantástico…y hasta una comedia entre grotesca y bizarra sobre los correambulancias, unos oscuros personajes que intentan ganar dinero reclutando clientes entre las personas lesionadas en accidentes de tránsito. Por el momento la realización de largometrajes no está al alcance de la productora pero ya cuentan con dos guiones en espera: ‘SubUrbia’ y ‘Los recuerdos de Florencia’.

Entretenimiento con calidad

Mientras los cortos continúan recorriendo festivales y muestras itinerantes, los integrantes de Muchas Manos se ilusionan con difundir sus producciones entre el público local. Andrés considera que los festivales son interesantes “pero soñamos con fundar algo así como un mercado audiovisual; deseamos mostrar al ciudadano común que se pueden consumir realizaciones hechas en Córdoba porque están al nivel de lo que llega de afuera. Creemos que hay un público potencial que espera cosas y está muy bueno tener a esa gente en mente”.

En este camino de definiciones y objetivos, Muchas Manos se propone anular el distanciamiento que existe entre lo festivalero y lo popular, entre lo técnicamente depurado y la masividad. Por ello es que sus productos terminados pueden apreciarse en You Tube y por ello es que reivindican  filmes como la multipremiada ‘El secreto de sus ojos’ de Juan José Campanella o la aclamada serie ‘Los Simuladores’ de Damián Szifron.

“Queremos hacer cine donde pasen cosas, queremos personajes y conflictos. Queremos llegar a un público masivo brindándoles historias que condensen entretenimiento con contenido”, puntualiza Matías. Andrés completa el concepto: “Es posible hacer cine entretenido que a su vez tenga altos estándares narrativos y técnicos: ahí está el verdadero desafío”.

El artículo completo fue publicado en revista Doctámbulos! del mes de abril/2010.

Hasta siempre, SSNN

Asi se veía el sitio de SSNN antes de la última actualización tecnológica.

Fue un baldazo de agua fría. Creo que ninguno está preparado para este desenlace y que en mayor o menor medida todos nos encariñamos con el emprendimiento, con el sitio, con su gente.

No se si en el resto de mis compañeros se generaron reacciones, no he visto a nadie, nada he leído al respecto. Pero en está ocasión yo quiero compartir con ustedes algunas palabras… 

El Servicio Sudamericano de Noticias (SSNN) es un proyecto muy ambicioso hecho con pocas monedas y mucha dedicación de sus mentores, perdón, mentoras.

O lo fue…pero me cuesta hablar en pasado.

Su núcleo fundacional está compuesto por algunas chicas inquietas que a medida que hacían un viaje maravilloso por algunos países de la región soñaron y crearon otro: un portal de noticias con una visión genuina, fresca, distinta, que partió desde Córdoba (Argentina) hacia el resto del planeta.

SSNN se pensó grande desde sus inicios y cuan grandes son los sueños y las aspiraciones de estas muchachas temerarias para lanzarse así como así a disputarle un lugar a las grandes cadenas globales de información.

Ellas son la cabeza…pero sobre todo el corazón de SSNN.

Sus acólitos las vamos a extrañar.  

En está batalla por la información; la información-poder, la información-mercancía, todo se transforma y sus mecanismos (nada sutiles) de coacción se esparcen y obligan a retroceder y, a veces, también a entregar ciertas luchas.

Como olvidarse de la pelea desigual entre David y Goliat.

Porque no recordar las vicisitudes del más ilustre personaje de Cervantes: esto no dejaba de ser una Quijotada, con mayúsculas…

Si incluso en esto de los parónimos SSNN se parece bastante al nombre de la cadena noticiosa del magnate estadounidense Ted Turner.

Y no se trata aquí de burda imitación o seguidismo bobo…

Bien por el contrario: SSNN reúne el deseo de algunos que creemos que se puede pensar y hacer comunicación de otra manera y estamos cansados de la manipulación de cada día.

Muestra de ello es la red informal y alternativa de difusión que se generó casi de manera espontánea: las noticias de SSNN circulan -porque aun hoy sigue ocurriendo- por páginas, grupos (de Google o Yahoo) y blogs de Latinoamérica, España y EE.UU.

El dios Google ayuda, a veces; otras no tanto. 

Se intentó abrir el juego, parte quedó en el camino, mucho se avanzó y entre esas pequeños-grandes aciertos quiero destacar la lectura de medios que tuve la suerte de llevar adelante con dudas, imprecisiones, pero con una buena cuota de tesón y deseos de superación.

No vengo aquí a rasgarme las vestiduras. Sólo a poner un ejemplo de todo lo anterior y confío en que cada uno sabrá ver que se lleva de esta experiencia.

Gracias a Pao que confío en mí y un día me honró con esta columna. Gracias a Vale por los consejos y la buena onda.

Gracias a Majo por estar siempre al pie del cañón cuando hacia falta y cuando no hacia falta, también.

Gracias a Gustavo, el desprendido amigo uruguayo que sigue entregándose casi sin conocerme.

Gracias a los chicos que una tarde -de manera estoica- tuvieron que esperar una hora larga para un taller (de lectura de medios, claro) de…media hora de extensión…el mismo día que una odontóloga se ensañó con mi boca.

Gracias a los que están lejos y a los que están cerca.

Gracias por los mates, las galletas y las palabras de aliento.

Hasta siempre, SSNN.

La ruta del mochilero: una travesía desde Córdoba al Machu Picchu

Cada año miles de jóvenes se calzan la mochila para emprender un viaje inolvidable hacia la ciudad sagrada del antiguo imperio incaico. Sebastián Sigifredo pasó dos meses en la ruta y recorrió cuatro países de la región  para contarte los destinos que no te podes perder en este verano.  (Versión completa de la nota publicada en revista Doctámbulos, nro. 36, diciembre de 2009, Córdoba, Argentina. ver http://www.doctambulos.com.ar)

En las alturas de la ciudadela del Machu Picchu, Perú.

En este número Doctámbulos! propone un camino, una alternativa posible para aquellos que se ilusionan con dar un pequeño-gran paso en sus vacaciones: lanzarse a la ruta por algún tiempo para conocer personas, paisajes, aromas y sabores distintos.

La experiencia corre por cuenta de éste cronista que regresó recientemente de un itinerario por el norte argentino, Bolivia, el sur de Perú y el norte de Chile. Fue un viaje iniciático: primera vez como mochilero, primera vez haciéndolo sólo, primera vez en una travesía tan extensa: 8000 kilómetros por Sudamérica.

 Mientras las luces y los ruidos de la ciudad que transitamos todos los días van desapareciendo por la ventanilla del ómnibus, un cúmulo de sensaciones encontradas te toman por asalto. Pero una vez que la aventura se hecha a rodar la imaginación se ve superada por la realidad.

Como el momento en que me encontré con un viejo amigo de la facu que no veía desde hace años y que sin dudarlo un instante abrió las puertas de su casa para compartir unos días -y unas noches- inolvidables en su Santiago del Estero natal.

O aquella tarde volviendo de un city tour por los sitios emblemáticos de la ciudad de Tucumán en que arribé en un hostel completamente vacío donde sólo había otro viajero que sin conocerme me invitó a compartir su ruta por los Valles Calchaquíes. Así se larga esta historia. 

El norte de los contrastes

El recorrido entre Tucumán y Tafi del Valle tiene postales a la vista de quién quiera sorprenderse. Hay de todo: verdes tenues en los valles fértiles, amarillos chillones en las plantaciones de caña de azúcar, verdes intensos en la zona virgen de las yungas y un abanico de tonos pardos en el cordón pre-cordillerano. Región indispensable para quienes desean conectarse con la naturaleza, la ruta de los valles tucumanos es muy transitada por mochileros que siguen camino hacia Salta a través de un pueblito de ensueño: Cayafate.

Además de tener sol los 365 días del año, Cafayate es la tierra del vino torrontés. Bodegas, comidas típicas, noches de peña y el ambiente colonial de sus casonas antiguas es una invitación al disfrute que difícilmente el viajero pueda rechazar.

Camino a Salta capital desde Cafayate se encuentra el circuito denominado Quebrada de las Conchas donde la irregular estructura montañosa se funde con el viento para generar motivos únicos. La erosión permite recrear el hundimiento del Titanic, divisar la figura de un obispo pétreo o contemplar un sapo de cinco metros de diámetro descansando eternamente al lado del camino.

Lo más impactante llega sobre el final. A la Garganta del diablo le sigue el Anfiteatro, una suerte de fortaleza rocosa de una acústica natural con tal grado de fidelidad que nada tiene que envidiar a cualquier teatro importante.

El ‘Anfiteatro’ en la Quebrada de las Conchas (Salta, Argentina)

La siguiente posta es Salta, la linda. No es pretencioso hablar de la belleza de su centro histórico. Cabildo, iglesias y museos se conjugan con una moderna peatonal comercial. Para obtener una panorámica nada mejor que subir al cerro San Bernardo en el teleférico. Sin embargo, la noche interminable de “la Balcarce” –calle que concentra los principales pubs y boliches salteños- es, por lejos, la principal atracción para los jóvenes.

Siguiendo hacia el norte, San Salvador de Jujuy es un paso obligado para quienes se disponen a disfrutar la imponencia de La Quebrada de Humahuaca. Desde que fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, el corredor que une la pintoresca Purmamarca con el sereno poblado de Humahuaca vive un aluvión turístico sin precedentes. Entre ambas localidades se ubica Tilcara, tierra de míticos cantores que se disfraza de carnaval en los meses de verano. 

En la Quebrada la afluencia desmedida de camionetas 4×4 y gringos de todas las nacionalidades que circulan entre chicos descalzos y ranchos de adobe se vuelve parte de un paisaje de enormes contrastes entre la abundancia de unos pocos y las carencias de los demás.

Al norte del norte, el país se acaba en La Quiaca. Allí donde la aridez del paisaje se asemeja al desierto y el cielo parece al alcance de la mano, la gente se refugia en una inquebrantable fe religiosa a partir de un sincretismo de ritos propios de la liturgia católica con aportes de las creencias de los pueblos originarios.  

El día que pasé por allí me tocó presenciar el culto que rendían a la virgen de Copacabana la familia que me alojaba. Una nutrida orquesta de vientos tocó durante toda la tarde. Al día siguiente la familia y sus allegados participan de una procesión por las calles del pueblo entre autos adornados, petardos al aire, cánticos y la imagen de la virgen en el centro de la escena. 

En las alturas de Bolivia

Entrar a Bolivia demora lo que se tarda en cruzar un puente: casi nada. Pero los trámites en Migraciones pueden demorar entre 2 y 3 horas según el horario elegido para el cruce. Durante el trayecto que separa la porosa frontera con la estación de trenes de Villazón, las calles están abarrotadas de negocios y puestos callejeros que ofrecen cientos de opciones a precio de remate. Comerciar lo que sea es una norma no escrita pero esencial para la supervivencia en esta región inhóspita y de tránsito fluido.

De la puna hacia el altiplano, el tren inicia su esforzada marcha entregando postales de pueblitos grises y deliciosos senderos entre los cerros. De cuando en cuando, algún campesino detiene su marcha y la de sus 3 o 4 vacas flacas para mirar cómo se pierde en el horizonte la locomotora.

El paisaje se modifica drásticamente cuando se llega al Salar de Uyuni, uno de los más grandes del mundo. Un océano blanco de 12.000 kilómetros cuadrados que sólo se ve interrumpido por algunos islotes plagados de cactus. Una extraña sensación de pequeñez se apodera de uno ante semejante inmensidad.

Camino hacia el corazón del país andino está Potosí, la ciudad que alberga el Cerro Rico, la montaña emblema de la minería. Aunque el Cerro ya no es fuente de riqueza aún hoy unas treinta cooperativas de mineros se internan cada día en sus profundidades para seguir alguna veta que los rescate de la pobreza. La vida “útil” de un minero es de 4 o 5 años pero la mayoría pasa allí el doble de tiempo o incluso más: hasta que sus pulmones dicen basta. No se recuperan nunca más.

La visita al Cerro es una experiencia única: internarse bajo tierra recorriendo túneles cada vez más estrechos, completamente a oscuras, entre el polvo en suspensión y una temperatura cada vez más elevada a medida que se avanza, te acerca ligeramente al infra-mundo de la explotación.

Hay un momento de comunión con 3 mineros: el guía les ofrece gaseosa, un bolsa de hojas de coca y alcohol a 96°. Charlamos y brindamos en las tapitas de las botellas. Ellos como si nada toman a discreción y observan mis gestos de sufrimiento cuando el alcohol puro se transforma en fuego al recorrerme las entrañas. Estallan las risas. Segundos después el fuego se apaga.

La ruta continua en La Paz, el techo de Bolivia. Está ubicada a 4.700 metros sobre el nivel del mar y cualquier esfuerzo físico, por mínimo que sea, allí cuesta el doble. Jamás me sentí tan desahuciado como cuando debía subir a duras penas por escalera los dos pisos que me separaban de la habitación en el hostel. Ahora entendía mejor porqué los futbolistas se quejan tanto de la altura.

Como toda capital de país, la ciudad tiene de todo pero la diferencia está en sus detalles: el mercado de las Brujas, donde se consiguen hasta fetos de llama para ahuyentar los malos espíritus, o el museo de la coca, donde se explica el valor ancestral y cultural de su cultivo y consumo.

El mercado de las Brujas, La Paz, Bolivia.

Bolivia llega a su fin en Copacabana, la ciudad que descansa al margen del lago navegable más alto del mundo: el famoso Titicaca. Del otro lado de la costa está el Perú y a medio camino se encuentra la Isla del Sol. Un día caminando sus playas de arena blanca y una noche en penumbra bajo las estrellas son argumentos más que elocuentes para detener la marcha antes de cruzar, por segunda vez, una frontera.

En los recodos del Perú

Otra opción es embarcarse desde la ciudad peruana de Puno con rumbo a la Isla de los Uros, que cuenta con la particularidad de ser un conjunto de islotes flotantes construidos en base a totora. La ansiedad de llegar al Cusco hizo que la dejara pasar por alto.

La capital de lo que fuera el imperio incaico es hoy una ciudad de neto corte colonial: la mayoría de los vestigios de sus antiguos pobladores fueron borrados de cuajo a partir de la caída de la ciudad en manos españolas, hacia el año 1536. El cinismo de los realistas llegó al nivel de destruir los principales íconos incaicos para construir sobre sus cimientos -de probada solidez antisísmica- los templos religiosos que ahora engalanan el casco histórico. Quedan en pie algunas ruinas, sobre todo en las partes altas de la ciudad, como un botón de muestra de lo que fue ésta civilización milenaria.

Una calle del Cusco donde se aprecia un templo religioso construido sobre la estructura incaica.

El Cusco también es la puerta de entrada hacia el Machu Picchu. Sólo 110 kilómetros la separan de la ciudadela pero de acuerdo al medio de locomoción que se elija para hacerlo el tramo puede tomar un mínimo de 8 horas…o un par de días. Entre cafetales, plantaciones de plátanos y la exhuberancia de un entorno natural casi virgen se llega hasta Aguas Calientes, la aldea que descansa al pie de la célebre fortaleza.

El día del ascenso la jornada arranca a las 4 de la mañana. Hay que trepar cientos y cientos de escalones durante hora y media en un clima dominado por la humedad extrema y la falta de oxígeno. Puede resultar desalentador pero lo que te espera arriba vale por si sólo el titánico esfuerzo. Si tu estado físico no está en buenas condiciones, tenés la opción del colectivo que por 8 dólares te sube hasta el ingreso. 

Cuando se abre el parque los primeros rayos de sol comienzan a inundarlo todo y la marea humana se lanza estrepitosamente a recorrerlo. El Machu Picchu fue una especie de universidad para los incas y en su época de esplendor cobijó a unas 500 personas de manera permanente. Para evitar el acoso español de un día para el otro sus pobladores lo abandonaron, cerraron los caminos de acceso y se trasladaron hacia tierras más bajas, a decenas de kilómetros de allí. Así lograron que permanezca oculto durante más de tres siglos.

Después de la adrenalina inicial, de la visita guiada y las fotos de rigor, la gente se recuesta sobre el pasto y se entrega a la contemplación. Te entran ganas de quedarte allá arriba. El lugar esconde un magnetismo especial. Algunos mencionan la existencia de un campo energético. Yo no la tengo muy clara pero me rompo la cabeza pensando como hicieron aquellos hombres para crear esa maravilla en un medio tan hostil. No puedo dejar de sorprenderme.  

A esta altura del viaje, el dinero comienza a escasear y es tiempo de tomar decisiones trascendentes. Hay que emprender el regreso aunque duele admitirlo. Arnaud, un amigo francés, me comenta su periplo desde Chile y decido replicarlo, en sentido inverso.

Así que la siguiente posta es Arequipa, la segunda ciudad del Perú, con 2 millones de habitantes. La llaman la ‘ciudad blanca’ por su construcciones en sillar, una piedra volcánica que se obtiene en la región. Su arquitectura es única y se caracteriza por el grabado de motivos indígenas plasmados en edificios de neto corte europeo.

Muy cerca de allí está el Cañón del Colca, una falla de la corteza terrestre de unos 100 kilómetros de extensión y de una profundidad que supera los 3.200 metros. El lugar también representa el último refugio del cóndor andino, y éste cada mañana despliega sin pudor alguno su vuelo majestuoso ante cientos de indiscretas cámaras de fotos provenientes de todo el mundo.

Más al sur, en el límite con Chile, Tacna se presenta como un terreno incierto, otra frontera porosa: entre el comercio legal y el trafico de electrodomésticos, peruanos y chilenos hacen negocios al margen de las disputas nacionalistas que en los últimos meses enfrentaron a los gobiernos de ambos países.

En las arenas chilenas

Atravieso la aduana en una suerte de auto-taxi junto a un oscuro comerciante y dos “pasadoras” de mercadería sin declarar. Mi temor a ser asaltado y abandonado en medio del desierto se diluye cuando ingresamos en Arica, el puerto más septentrional de Chile.

El océano Pacífico se recorta contra el desierto y en la costa las gaviotas pugnan por encontrar un almuerzo apetitoso. El cuerpo sin vida de un lobo marino joven yace inerte en una playa vacía. Arica es un lugar de paso.

El Pacífico se funde con montañas de arena en Arica, al norte de Chile.

Me espera un centenario pueblo pre-cordillerano enclavado en medio del desierto: San Pedro de Atacama. Austero en su fisonomía, cuenta con una capilla antiquísima, un moderno museo, un mercado de artesanos, calles angostas, construcciones de adobe y poco más…pero por su ubicación privilegiada es elegido para hacer decenas de travesías hacia playas cálidas, salares, geysers, aguas termales, volcanes nevados, lagunas, desiertos, singulares pueblitos de trazos coloniales y pequeños valles y quebradas con vegetación autóctona.

Chile es demasiado caro para el bolsillo mochilero y los últimos billetes se evaporan más rápido de lo previsto. El retorno a la Argentina por el Paso de Jama es el broche de oro que marca el fin de un círculo imaginario trazado en un mapa de Sudamérica a través de los cuatro países visitados.

Sobre el final de sus notas de viaje inmortalizadas en la película ‘Diarios de Motocicleta’ un joven Ernesto “Che” Guevara dice: “El personaje que escribió estas notas murió al pisar de nuevo tierra argentina. El que las ordena y pule, “yo”, no soy yo; por lo menos no soy el mismo yo interior. Este vagar sin rumbo por nuestra Mayúscula América me ha cambiado más de lo que creí…”.

Al viajar algo de nosotros se queda en el camino y sin embargo la mochila vuelve cargada de muchas cosas que no se alcanzan a percibir a simple vista pero dejan sus marcas imborrables: encuentros sorpresivos, lugares de ensueño, personas entrañables, despedidas, risas, algún lagrimón. La aventura espera, concretar ese sueño depende de vos.

El hombre del instante preciso

"La siesta". Una fotografía destacada del prestigioso Tomás Barceló.

"La siesta". Una fotografía destacada del prestigioso Tomás Barceló.

La desmesura toma un rumbo diferente y se pone seria para reproducir la extensa entrevista realizada a Tomás Barceló Cuesta que apareció en elvernáculo (www.elvernaculo.com.ar). Sin embargo, el extracto que finalmente fue publicado en el número 57 de la revista no permite ahondar en la personalidad de este fotógrafo y periodista cubano que hoy también se dedica a la docencia universitaria en Córdoba -Argentina-. Desde aquí intentaremos suplir esa falencia con la publicación del diálogo completo.

 

-¿Cómo te iniciaste en el fotoperiodismo?

Después de estudiar durante un año fotografía deportiva, organizado por la Unión de Periodistas de Cuba y el Instituto Nacional de Deportes, comencé a trabajar en esta última institución al tiempo que publicaba mis trabajos en la revista LPV, patrióticas siglas que quieren decir: Listos Para Vencer. Recién había salido del ejército, después de cumplir 3 años de Servicio Militar Obligatorio. Ese “encierro” obligado en una unidad militar, me soltó con una úlcera duodenal y mucha bronca con el mundo. De modo que me tomé esos estudios de fotografía, más que como vocación, como una manera de protegerme a mí mismo para no caer en un estado de desidia y ante el peligro de que me detuvieran y me aplicaran la llamada Ley del Vago, que en esos momentos existía en el país. Ése fue el impulso inicial. No tenía mucha idea de periodismo ni de nada salvo que, con la oportunidad de realizar estos estudios y la posibilidad de trabajar como fotógrafo después, no tendría que romperme el lomo trabajando como jornalero agrícola, algo que ya había hecho siendo un apenas un adolescente, o en la construcción u otros trabajos igual de duros. En el instituto de deportes trabajé durante cinco años, cubriendo eventos y competencias deportivas y escribiendo y publicando alguna que otra crónica. 

Chacón, el hombre ilustrado.

Chacón, el hombre ilustrado.

 -¿Quiénes fueron tus “maestros”? ¿Cuáles son tus influencias?

 –Tuve varios maestros, pero los dos más importantes fueron Rogelio Moré y Osvaldo Salas. El primero era además pintor. Tenía un sentido de la composición y del manejo de la luz, estrictamente pictóricos. Osvaldo Salas era un fotógrafo que vivió muchos años en los Estados Unidos. Había retratado a reconocidas estrellas norteamericanas del deporte y del cine. Hacía muy buenas impresiones en el laboratorio, además de solarizaciones, muy de moda por aquellos años. Era un constante innovador, era incansable. Pero todo eso no me interesaba tanto de él como las sorprendentes imágenes que lograba tomar de la cotidianidad de la vida.

En cuanto a influencias, nadie puede escapar de ellas. Pero el hecho de trabajar inicialmente la fotografía deportiva, me entrenó mis reflejos, que ya de por sí fueron siempre muy buenos. Con el tiempo empecé a interesarme más por los aspectos formales de la imagen, y mi vista se dirigió entonces, más allá de las tareas dentro del periodismo, a otros asuntos que, creo yo, tienen que ver con la aprehensión de cierta metáfora del instante. Era retratar el acontecimiento con las equivalencias posibles de los elementos que lo integran, con una composición que para mí resultara perfecta.

En tu forma de trabajar siempre se conjuga la fotografía y la escritura ¿Ello obedece a que la imagen o el texto por si solos no siempre son lo suficientemente esclarecedores cómo quisieras?

Antes te contaré una anécdota: cuando tenía 14 años, leí en tan sólo unas pocas horas y de un tirón, una novela tan alienante y maravillosa a la vez como es Crimen y castigo. Me dejó turulato por unos cuantos días. Con esto quiero decirte que sufro de una compulsión casi enfermiza por la lectura. Fue el primero oficio que aprendí medianamente bien: el de lector. Ad honoren. Pero me sirve de refugio, a la par que a través de ella intento darme otra explicación de la vida. Con la escritura me sucede otro tanto, pero desde la construcción. Escribo la vida como yo la siento. O la imagino. La fotografía es distinta. Hay algo ahí que hay que retratar. Uno debe tener presente siempre eso. Cosas que suceden, que existen. Hay que mirar bien, y captar mejor, parte de lo que acontece en la realidad, con la intención de hallar otros mensajes que subyacen bajo su piel y que, en apariencia, no son vistos. A veces descubro en fotografías que he tomado, otras cosas que no percibí en un primero momento. En ocasiones, personas muy cercanas a mí son quienes hacen estos descubrimientos. ¿Esto qué viene a demostrar? La incapacidad de cualquier arte de representación –y la fotografía lo es, así como la narrativa, y hasta el defenestrado periodismo- de no ser esclarecedor de nada. Hay un amplio margen de subjetividad en todo. Y eso es lo fascinante. No se esclarece nada. Es nuestra mirada que construye algo distinto. No por gusto Albert Einstein es uno de los más grandes hombres que ha tenido la Humanidad. Su Teoría de la Relatividad viró el mundo al revés.

Viva la diferencia

Viva la diferencia

Respecto a la escritura, te has desempeñado tanto en el periodismo como en la literatura y también has incursionado ampliamente en la crónica. En tal sentido, ¿Tienes preferencia por algún género al momento de escribir una historia?

Dentro de la narrativa, prefiero el cuento. Es el más difícil, y requiere de una intensidad que no le hace tanta falta a la novela, que es un género de largo aliento, y más libre. Escribir un cuento medianamente bueno siempre es un desafío. Somerset Maugham sostenía que a toda novela, por muy buena que fuera, le sobran siempre una buena cantidad de páginas. Con el cuento es imposible. No puede tener muchas páginas, y las que tenga deben ser las que requiera. Ni más ni menos. Del periodismo me gusta mucho realizar entrevistas de personalidad. Pero de todo, lo que más prefiero es escribir crónicas, porque conteniendo una buena dosis de periodismo -que en sus mejores intenciones intentará siempre la búsqueda y revelación de la verdad-, posee a su vez la subjetividad propia de la literatura. Dentro de la narrativa en general, es el género que más se ajusta a la dinámica vertiginosa de la vida.   

Dentro del fotoperiodismo te has inclinado por la foto-documental ¿Qué te atrae particularmente de ese registro?

-No estoy muy convencido de que mis fotos sean absolutamente documentales. Tampoco sé dónde encasillarlas. Mis compañeros de periodismo solían decir que mis fotos eran muy artísticas. Y algunos fotógrafos dedicados a la llamada fotografía artística, que eran muy documentales. De todas maneras, si tuviera que escoger entre una u otra, me quedaría con la fotografía documental. Es algo más preciso y directo. El concepto de fotografía artística me resulta ambiguo

Tu última sonrisa.

Tu última sonrisa.

Las luchas sociales no te resultan ajenas y esto se refleja con claridad en tu obra ¿Cómo piensas la idea del intelectual comprometido con su tiempo?

-Soy un hombre cuya actividad profesional tiene que ver con el mundo intelectual. Eso, en la vida de cualquier persona, es azaroso. Es lo menos importante. Algo que se ajusta al cumplimento de un deseo o una vocación. Pero en primer lugar, y por encima de todo, soy un hombre. Y mi mirada de hombre hacia el poder, es de absoluta desconfianza. Esto, de alguna manera u otra, se refleja en parte de lo que escribo o fotografío. El mundo está sostenido sobre un sistema absolutamente injusto, que es el capitalismo. Y sólo es posible cambiarlo mediante los movimientos populares revolucionarios y que estos, después, no sucumban al poder de un líder absoluto. Hubo intelectuales, los menos, que a lo largo de la historia se comprometieron con las causas más nobles, aquellas que estaban dirigidas a la reivindicación de las clases más desposeídas, los olvidados de siempre. Zola, defendiendo a Dreyfus a finales del siglo XIX; el poeta Miguel Hernández, cuya vida el franquismo quebró en una cárcel. José Martí, que, además de ofrecer su vida por la independencia de su país, escribió un texto fundacional donde reivindica al indio americano, en tiempos en que Sarmiento escribía sobre civilización y barbarie. El inclaudicable Eduardo Galeano. Che Guevara, figura ya mítica devenida en el símbolo esencial de la acción revolucionaria y el pensamiento más progresista del siglo XX.  Hoy, en Argentina, reivindico a una figura como Osvaldo Bayer. Y, en forma colectiva, en una escala menos gloriosa tal vez, al movimiento nacional Carta Abierta, en el cual milito desde Córdoba, que sin encolumnarse con el gobierno nacional, le reconoce a éste todo lo positivo que ha hecho, al tiempo que le señala las muchas tareas pendientes, desaprobándole sus oscuridades y errores. Es un movimiento de intelectuales de diversas tendencias ideológicas que desde un espacio común, y salvando diferencias, intenta producir pensamientos e ideas opuestos al discurso hegemónico y vertical de los grandes medios, en la mayoría de los cuales, otra gran masa de intelectuales –a mi juicio salvaguardas del poder de estos últimos y de la oligarquía-encuentran su nicho de acción y pensamiento. Pero en general, los intelectuales son seres narcisistas, por demás insoportables, ovillados en su propio ombligo, adorándose como dioses únicos de sí mismos.    

Puede señalarse que el fotoreportero que vivía en La Habana hasta fines de los 90’ y el que hoy está radicado en Córdoba es el mismo… Sin embargo, ¿Considerás que tu trabajo ha seguido una misma línea de continuidad entre Cuba y Argentina? ¿El cambio de “hábitat” trajo aparejado cambios –avances, retrocesos, rupturas, etc.- en algún plano?

No. Mi vida giró en 180 grados. De ejercer un periodismo constante, sin interrupciones, viajando de aquí para allá, a pasar de pronto a un aula y volcar ante una cantidad aproximada de 200 alumnos, mis modestos conocimientos para su introducción a la fotografía periodística. Es otro aprendizaje para mí, debo reconocerlo. Por otro lado, asumiéndolo de manera aún más positiva, puedo dedicar más tiempo a la escritura. Y a la fotografía, pero desde una mirada más rigurosa, ajena a las presiones del periodismo. Y a sus censuras editoriales e ideológicas, que siempre existieron en cualquier lugar del mundo. Hoy más que nunca. 

De todas maneras, aun sigo publicando crónicas, entrevistas y reportajes en revistas como Recovecos. He publicado en la Voz del Interior, en Hoy día Córdoba, en publicaciones importantes de la RED, como rebelión.org, y otras. No puede vivir sin hacer periodismo, de una u otra forma. También mantengo mi blog personal: http://www.ternurayrabia.blogspot.com y mi sitio web: http://www.tomasbarcelo.com          

Niño pulpero.

Niño pulpero.

La enseñanza es otra de las actividades que desarrollás en Córdoba.  La situación de la educación en Argentina no es óptima: la inversión del Estado es escasa, el rol del docente está desvalorizado, los sueldos son magros, ¿Qué te hace continuar con esta tarea? ¿Lo sientes -lo vives- como una vocación?

Mi vocación no es la docencia. Pero siempre me gustó enseñar. Suelo ser muy paciente con aquellas personas que por alguna razón u otra requieren de mí que les enseñe algo que yo sé. Debe ser porque a la vez yo soy un constante demandador de información, y hasta de enseñanza, por mi curiosidad congénita. Siempre estoy preguntando, queriendo saber algo. Intento no quedarme con ninguna duda. Partiendo de esa premisa personal, me siento cómodo entonces con la enseñanza. Y de paso, aprendo enseñando.   

-Existe una vieja discusión que tiende a enfrentar a quienes defienden la ‘formación académica’ en contra de aquellos que reivindican una ‘formación de oficio’, ¿Se puede “enseñar” a ser fotoreportero? ¿Cuáles son los límites que se plantean? 

Las escuelas de comunicación social, donde, entre otras especialidades se forman también periodistas, muchas veces contienen un excesivo academicismo. Es cierto. Tendrían que hacerse ciertas reformulaciones de los programas en las que se busque un equilibrio entre teoría y praxis. El aprendizaje teórico es necesario, hasta muy importante. Pero la práctica lo es otro tanto. De hecho, grandes periodistas de la historia, y otros tantos que hoy ejercen esa profesión, nunca traspasaron las puertas de facultad alguna. No se licenciaron de nada. Yo mismo estudié periodismo muchos años después de tener ya consolidado un prestigio profesional.

Con el fotoperiodismo ocurre otro tanto. La mayoría de los fotorreporteros ejercen el oficio sin haberlo estudiado. Pero con la fotografía, a nivel de academia, ocurre algo desastroso. Las escuelas de comunicación no le conceden el interés que merece. Contienen tan sólo magros programas, con escasos recursos humanos y técnicos. Algo increíble en una época dominada por la imagen cuyo soporte principal es la fotografía. Herramienta importantísima de manipulación de los mensajes, razón por la cual, pienso que desde edades tempranas se le debe enseñar a los niños el estudio de la imagen. Una asignatura cuyo nombre debiera ser sólo eso: Imagen. Debió implementarse desde hace años. Es un lenguaje definitivamente asentado, con su particular gramática de construcción

Por último ¿Qué consejos les darías a los jóvenes que desean iniciarse o comienzan a transitar la senda del fotoperiodismo?

No soy muy bueno dando consejos. Pero si de algo pudiera servirles a esos hipotéticos jóvenes, les diría que el 90% de la mirada que han de lanzar sobre la vida no debe ser nunca complaciente, dando por hecho de que lo que tienen ante sus ojos puede ser de otra manera y no como aparentemente se muestra. El 10% restante, dedicarlo a otorgarle una correcta composición a lo que ven y accionar el obturador en el instante preciso.

Perfil:  Fotografo, escritor, reportero y docente, Tomás Barceló Cuesta es autor de la novela Recuérdame en La Habana y coautor de los libros Bohemia, La huella en el tiempo; La necrópolis Colón; Cementerios de la Habana y Cuentos de La Habana Vieja.

Además continua publicando crónicas, entrevistas y reportajes en revistas como Recovecos. Diversos artículos de su autoría se han difundido a través de La Voz del Interior, Hoy Día Córdoba, Aquí Vivimos y Culturas y en publicaciones importantes de la red, como rebelión.org, y otras.

Un diálogo por-sobre-entre revistas universitarias

Doctambulos! es la revista joven para los universitarios de Córdoba.

Doctambulos! es la revista joven para los universitarios de Córdoba.

La añoranza de los estudiantes de comunicación social que se inclinan para el periodismo escrito tiene que ver con la idea narcisista de ver impreso su nombre en un texto publicado y -siendo menos pesimistas- también con hacer lo que les gusta: investigar, entrevistar, analizar, cuestionar(se), etc.  

 

En este sentido, los emprendimientos editoriales desarrollados por estudiantes con poca o nula experiencia han marcado un camino a veces problemático pero no menos esperanzador: el de la autogestión.

 

Decimos problemático porque no siempre existe un plan de acción preconcebido y las turbulencias económicas pueden hacer peligrar su sustentabilidad. Lo destacable viene entrelazado al desarrollo de un proyecto editorial desde cero con las potencialidades y la libertad que ello permite.

 

En Córdoba, y más específicamente en Nueva Córdoba, dos proyectos de estás características -revistas gratuitas solventadas con venta publicitaria- se repartieron la atención de los universitarios durante algún tiempo hasta que uno de ellos terminó de eclipsar al otro.

 

Nos referimos a Doctambulos! (D!) y Kátedra Zeta (KZ), dos publicaciones pensadas y diseñadas íntegramente por estudiantes de comunicación de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

 

Dos revistas, dos proyectos

 

Con su particular modo de interpelación a los jóvenes cada una de las Revis -como les decimos cariñosamente sus integrantes- fueron (y son) fieles al contrato de lectura propuesto a su lector. Lo que permitió la consolidación de D! y la decadencia de KZ.

 

Señalo lo de KZ con dolor porque fui parte de las escaramuzas del último año de publicación (2007). Gente valiosa y aprendizajes varios forman parte de este acervo de buenos recuerdos que aún conservo.

 

Sin embargo, KZ ya venía marcando su despedida sólo que no supimos verlo a tiempo. La solidez de sus cimientos no era tal y el estrechamiento de la base económica desató un derrumbe previsible.

 

A ello se sumaron los cambios editoriales que incidieron decididamente sobre la curva financiera: tapa a color, aumento de páginas -textos extensos letras pequeñas-, precio de tapa y venta en mano.

 

A su vez, el afán por redoblar los contenidos con fuerte presencia de temas políticos, históricos y sociales restringía demasiado al público: estudiantes de universidad pública, preferentemente de humanidades o ciencias sociales, asiduos lectores, con ligeras inclinaciones hacia el rock y la literatura.

 

D!, en cambio, transitó un camino diferente. Con una propuesta editorial más amplia y diversificada logró granjearse la aceptación de un público masivo de estudiantes en Nueva Córdoba.

 

Se reconvirtió en el momento indicado sin dejar la distribución gratuita -aumento de tirada y páginas, cambios en el formato y el papel-, mejoró su cartera de auspiciantes y empezó a disputar un espacio en la web desde su página y a través de las redes sociales.

 

Si bien D! tiene objetivos más modestos y no es tributario de un discurso contestatario no es menos cierto que el nivel de impacto e influencia entre los jóvenes ha sido mayor.

 

La clave de su éxito radica en todo eso -y más- pero dejando atrás incluso lo coyuntural queda claro que al poner blanco sobre negro siempre debe buscarse un equilibrio entre lo deseable y lo posible sin descuidar los recursos disponibles.