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EL BUSCADOR DE IDENTIDADES

Desde el año 2000 coordina el Taller de Experimentación Fotográfica orientado a la formación de artistas.

Gabriel Orge en persona abre la puerta del Taller de Expresión Fotográfica Manifiesto Alegría y con su mejor sonrisa de viernes cuenta que está poniendo todo en orden: esa noche, después de inaugurar la muestra de cierre del ciclo 2009, el epílogo será una fiesta.

Pero ahora que el sol cae de lleno sobre los baldosones del patio, en la casa-taller reina una calma chicha que no alcanza a ser interrumpida por una radio que suena de fondo. Gaby igual pide que la apaguen, necesita concentrarse.

Obras de él ataviadas en las paredes, un juego de luces arrumbado a un costado, dos sillas en el centro, mate y termo en el suelo, así de sencillo es el entorno minimalista donde tiene lugar la última entrevista vernácula del año. Las voces resuenan en la habitación vacía pero el diálogo fluye, sin intermitencias, para complacencia de nuestros lectores.

Antes que él se despache con unas cuantas cosas para contar, lo presentamos: Gaby Orge era un pibe tímido con alma de rock que a fines de los 80’ llegó a Córdoba desde el interior del interior. A poco de andar comenzó a incursionar en la fotografía y ya no la abandonaría más. Autodidacta desde la hora cero, pasó por las aulas pero el oficio lo forjó en las calles a pura prepotencia fotográfica.

Las hizo todas: trabajó en revistas, agencias de publicidad, en la reproducción de obras de arte, en fotografía institucional para empresas y en proyectos documentales.

Desde hace algunos años sus inquietudes lo acercaron a la docencia en algunas escuelas de fotografía pero también hacia lo que él define como la ‘docencia no formal’, esa que desarrolla en el taller del Manifiesto Alegría. Quizás lo más relevante es que nunca dejó de apostar por el desarrollo de su obra personal, por sus propios proyectos, y no le fue nada mal.

Noel en el living. fotografía directa / impresión lambda 2008 de la serie Montadas.

-¿Sobre qué temas avanza tu producción personal?

Mi investigación más importante gira en torno a las personas. Fotografío  personas en diferentes circunstancias de la vida. Ahí aparece el retrato fotográfico y entra en juego la identidad: cómo nos construimos ante la cámara, cómo nos gustaría que nos vean, cómo el fotógrafo ve a esa persona. Se crea un juego entre la realidad y el deseo, entre la realidad y la ficción. En el deseo también entra en juego la ficción, la ficción de la persona que posa de determinada manera y se viste de determinada manera. Y también la ficción del fotógrafo que ve a esa persona y con el dispositivo técnico puede transformarla, con la luz, con la técnica, con la energía que hay en el momento en que el retratado se encuentra con el fotógrafo.

-¿Cómo trabajás el tema del espacio?

-Los espacios van cambiando. Puedo trabajar en una plaza como la Plaza San Martín, en una calle popular como la calle San martín; en una cárcel de menores, en un neuro-psiquiátrico, en una villa. Las condiciones de las personas ante la fotografía van variando, la situación psicológica del momento, todo influye. En estos proyectos no trabajo sobre lo espontáneo, me enfoco sobre el retrato construido. Trabajo sobre esa construcción. Como la persona sabe que va a ser fotografiada, es un acontecimiento el que va a ser fotografiada por un fotógrafo. Me interesa lo que se genera ahí.

– Esa idea del acontecimiento fotográfico…

Claro! Eso se ve más claramente cuando trabajás en la calle. Cuando generas la condición para atraer a la gente para ser fotografiada. El encuentro entre un transeúnte ocasional y un fotógrafo es un acontecimiento fotográfico.

-¿Te considerás un documentalista subjetivo?

Lo dije una vez en una entrevista y siento que me pesa un poco. Es raro porque me invitan a una bienal de fotografía documental y me siento bicho de otro pozo. Se que mi trabajo tiene un valor documental. Hay un peso documental pero lo documental está mas relacionado a una cuestión de no manipulación, de no transformación, y en mi caso eso no es así. Hay una manipulación y una transformación.

-Pero en distintos grados…

En distintos grados. Si creo que pueden llegar a tener un valor documental algunos trabajos como La Plaza, la gente, lo popular. La plaza es un lugar de cruces, de circulación, es un lugar popular en ese sentido. Me interesa cómo se viste la gente, cómo posa ante la cámara. Por ejemplo: la actitud y las poses que los chicos presos toman ante la cámara está influenciada por la publicidad y los medios. En eso también hay un valor documental en relación a una época.

En un pantano de Anisacate. fotografía directa / impresión lambda 2007.

Una apuesta por el contenido


-Trabajás con un material sensible, la realidad. ¿De qué manera combinás lo digital y lo analógico? ¿Te fijas algún limite al momento de retocar imágenes?

No es que me ponga límites. Quizás retoco como lo haría un fotógrafo en el laboratorio tradicional pero utilizando lo digital. Retoco cuestiones de color sin que eso sea notorio o evidente. El efecto del photoshop no me interesa y veo una sobresaturación sobre todo entre los estudiantes, en los flickers, en los fotologs. Si vas a los museos o lees libros de fotografía contemporánea ese uso de retoque evidente, de efecto visual, no se encuentra. Trato de no llevar a un plano tan evidente el recurso porque sino es el recurso lo que queda en evidencia y no el contenido.

-¿Hay un trastocamiento?

-Claro, lo que ves es el efecto visual. Y fotografías que produzcan impacto visual desde el efecto estamos viendo todo el tiempo. Las gigantografías de la publicidad, lo que aparece en las revistas o en la prensa que vende imágenes sensacionalistas. Creo que hay que ser un poco más reflexivos en cuanto a los proyectos personales. Plantearse no generar tanto impacto sino un pensamiento, proponer una reflexión.

-Por lo general participas de muestras colectivas…

-Participo cuando me invitan y en las muestras del taller que tienen una estructura horizontal. Siento que mi trabajo nunca está terminado, siempre continua. Creo que voy a hacer una muestra individual cuando sienta que toda esa evolución y toda esa investigación sobre la que trabajo este lista para ser presentada como un todo, en su conjunto.

-¿Hacia dónde canalizaste tus inquietudes con la fotografía durante este último tiempo?

-Hice fotografía blanco y negro después de muchos años para volver a algo más artesanal, algo que tenga otro valor…sigo percibiendo todavía una diferencia entre lo digital y lo analógico en cuanto a la presencia. En lo analógico hay otro nivel de presencia, otro grado de presencia. En este proyecto estuve trabajando durante seis meses con un grupo de pacientes psiquiátricos. No se si voy a continuar con eso el año que viene. Quizás ya quiera separarme un poco y empezar con otras cosas que hablen de algo no tan denso, menos pesado y oscuro.

Mujer con pancho. fotografía directa / impresión lambda 2004/2005 del proyecto Plaza.

El taller Manifiesto Alegría

El proyecto Manifiesto Alegría surgió de un interés de sus creadores -Gabriel Orge y Rodrigo Fierro- por apuntalar la cuestión conceptual, teórica y de análisis que rodea a la fotografía. Eran tiempos en que los talleres eran escasos y estaban orientados específicamente a la técnica.

El taller se inició en el 2000 como una instancia de formación bastante horizontal y con la idea de intercambiar experiencias, conocimientos y generar análisis colectivos.

“Participan fotógrafos, fotoperiodistas y gente que nunca hizo fotografía: pintores, artistas plásticos, publicistas, diseñadores, alguien que realiza instalaciones…ese intercambio nos parece interesante. Enriquece mucho el trabajo colectivo y cada uno va aportando su mirada y sugerencia”, afirma Gaby.

Además del grupo participante siempre cuentan con invitados especiales. Figuras destacadas de la fotografía pero también de otros lenguajes como la filosofía, la escritura, la pintura o la instalación.

Durante 2009 se trabajó la idea de incertidumbre vinculada a la experimentación. De allí que la muestra de cierre se tituló Incierto. “La incertidumbre es parte esencial de la experimentación, no sabes dónde vas a llegar. Lo cierto es algo estático, algo que está dado y no se discute. En cambio la incertidumbre es una búsqueda constante…dispara preguntas, las respuestas por ahí no importan tanto”, concluye el coordinador.

+ info: http://www.manifiestoalegria.com.ar

Fuente: Revista digital elvernáculo, Nro. 85, Nov. de 2009. http://www.elvernaculo.com

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