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Nueva Córdoba: la aventura de vivir a pasos de la movida nocturna

Nueva Cordoba: Un barrio para gente despierta

Nueva Cordoba: Un barrio para gente despierta

Mientras el Consejo Deliberante de la ciudad comienza a discutir un proyecto para regular la emisión de sonidos y vibraciones (contaminación auditiva), rescatamos el lado menos conocido de los estudiantes universitarios que viven -literalmente- en medio del ruido.

El barrio más estudiantil de Córdoba reúne inframundos bien diferentes pero conectados unos con otros. La Nueva Córdoba comercial, con su vertiginoso horario continuado de 9 a 20, al fragor de los bocinazos, entre el hedor a smog y aromas variopintos de locales de comida rápida; la Nueva Córdoba universitaria, con sus miles de kilómetros de libros y apuntes circulando en bolsos, morrales y mochilas de estudiantes preocupados por alcanzar la clase del día.

Y todas las noches -o casi todas- palpita la Nueva Córdoba nocturna: con sus bares de luces tenues y mesitas en la vereda, pubs con música al palo y otros con música ambiental, boliches repletos -aunque las ordenanzas lo prohíben- y otros en que los patovas intentan sobrellevar el aburrimiento contando el número de ebrios que pasan por la puerta cada diez minutos.

Cuando la noche llega a la Cañada, Nueva Córdoba se cubre de luces y de gente con ganas de divertirse. Poco importa si es verano o invierno, si hay turnos de examen o cursado intensivo, basta caminar un rato por Rondeau y su zona de influencia para caer en la cuenta que aquí la vida transcurre a otro ritmo, con reglas no escritas y una impronta distintiva.

Aunque nadie presta demasiada atención a lo que permanece oculto detrás de la fachada del bar de moda, en los edificios circundantes viven muchos estudiantes que conviven más o menos a gusto con la movida joven del barrio estudiantil. Es que en esto no hay uniformidad de opiniones: están aquellos que encontraron “su” lugar y no quieren mudarse por nada del mundo, los hay indiferentes y despreocupados, y también están los que se hartaron de todo y tienen ganas de tomarse un descanso pronunciado en una isla desierta.

El 99 por ciento de los estudiantes disfruta a pleno la noche eterna de Nueva Córdoba pero…¿Cómo vive el escaso 1 por ciento -que en términos prácticos comprende a varios centenares de personas- que habita en las calles que nunca duermen? Doctámbulos! recorrió la zona más candente y te cuenta secretos y estrategias de los vecinos más despiertos.

La vida desde un primer piso

Mudarse al primer piso de un edificio con un local nocturno en la planta baja parece una obstinada incursión destinada al insomnio perpetuo pero los testimonios aquí recogidos lo desmienten.

Al momento de decidirse por un departamento de estas características, los estudiantes destacan elementos como ubicación privilegiada, seguridad, comodidad y precio conveniente del alquiler. Florencia Gómez (19 años) es estudiante de Psicología y vive en Independencia y Boulevard San Juan: “Decidimos mudarnos aquí con mi actual compañera porque queda cerca de donde vivíamos antes, el precio es bastante accesible, el departamento está en buenas condiciones y es cómodo”.

Por su parte, Camila Mazzola (22 años), estudiante de Diseño de Indumentaria y Textil, explica: “Me instalé aquí porque me gusta la ubicación y no aguantaba más vivir con mi compañera de departamento anterior”, desliza entre risas desde su bunker ubicado sobre la Cañada a escasos metros del Bv. San Juan.

“Estoy cerca de la facultad, de la casa de mi novia y también hay mucho movimiento de gente”, dice Imanol Munárriz (22 años), estudiante de Relaciones Públicas e Institucionales, al destacar las ventajas de vivir en un primer piso sobre la intersección de Obispo Trejo y Achaval Rodríguez.

¿Cambio de hábitos?

Hasta aquí todo muy bien pero la convivencia con la vida nocturna a veces requiere algunas modificaciones en la rutina diaria. Fernando Morales (27 años), estudiante de abogacía y residente de un primer piso ubicado en el circuito nocturno próximo a la Cañada, opta por estudiar de día cuando el bar está cerrado. Además, intenta “no abrir la ventana del dormitorio porque es imposible dormir, sobre todo en verano”.

“Lo malo del lugar es el ruido de los bares, que excepto los domingos, están abiertos todos los días. Nosotras vivimos en un piso bajo, por lo que los ruidos son constantes. Llega un momento en que te acostumbras pero por ahí molesta que a las tres de la mañana te suban el volumen a todo lo que da…o como ocurre en este preciso momento que están cantando a más no poder. La música del boliche de enfrente también se escucha y si no podemos dormir, cerramos las persianas”, cuenta Florencia.

Luciana Casas (18 años), estudiante de Diseño Gráfico y vecina de calle Marcelo T. De Alvear al 300, ya se acostumbró: “Al principio me costaba descansar pero ahora, con todas las cosas que hago, llego a la noche cansada y no tengo problemas para dormir”. Camila tampoco altera su rutina: “Simplemente si tengo que dormir duermo y si tengo que estudiar estudio. No me molesta para nada. Aunque suele vibrar el piso por la música anulo los ruidos y hago lo que tengo que hacer”.

Paradójicamente, la ubicación estratégica de los estudiantes consultado permite que, en la mayoría de los casos, sus respectivos departamentos se conviertan en un punto de encuentro para las salidas nocturnas. Así se convierten en anfitriones a tiempo completo.
Imanol se reúne seguido con sus amigos para disfrutar de un asado. A Florencia los suyos la visitan con frecuenta y en lo de Fernando siempre se juntan a hacer la previa. Camila agrega: “Todas las juntadas son siempre en mi casa”.

Trasnochar con ventaja

A estos chicos, la situación también les otorga una ventaja impensada para muchos estudiantes que viven al filo de las multas si deciden hacer fiesta en su departamento: pueden hacer la suya sin preocuparse demasiado porque el barullo exterior ¡disimula lo que ocurre puertas adentro!.

Habitar en la zona de diversión es una invitación a disfrutarla. La tentación aparece en cada esquina y la estrategia de los estudiantes que viven encandilados por la noche de Nueva Córdoba se orienta más a la integración con el ambiente festivo que a una oposición acérrima.

Y si no prestemos atención al testimonio que dejó Álvaro Olivera en el muro de facebook de Doctámbulos!: “Mi habitación y el baño están pegados a un supuesto bar que abre desde el jueves en adelante…tiembla todo el departamento y a veces escucho hasta los tragos que se piden. Pero que quede claro: no me pienso mudar porque es la excusa perfecta para salir los fines de semana”.

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RECUADRO:
Un lugar en el mundo

A pesar de lo que podría creerse, ninguno de los estudiantes consulados por Doctámbulos! está dispuesto a abandonar el departamento donde vive. Fernando Morales, estudiante de abogacía y residente en la zona festiva próxima a la Cañada, indica: “Me siento muy cómodo en la zona”.

Luciana Casas, estudiante de Diseño Gráfico y vecina de la misma cuadra, acuerda con la opinión de Fernando: “Me siento muy a gusto. Vengo de una ciudad chica (Arroyito) y mudarme acá es realmente un gran cambio. Pero me siento un poco más segura porque siempre hay gente en los bares, además Nueva Córdoba esta lleno de estudiantes y eso me da mayor tranquilidad”.

Florencia Gómez y su compañera de departamento ubicado la intersección de Independencia y Boulevard San Juan tampoco se arrepienten: “Nos encanta, no nos mudaríamos”, confirma.

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Salud sexual, divino tesoro

ETS: mejor prevenir que curar

ETS: mejor prevenir que curar

El contagio de enfermedades de transmisión sexual no distingue géneros, estaciones del año ni escalas sociales. Te contamos cómo hacer para entregarse al placer sin sufrir sorpresas desagradables.  

Las ETS son enfermedades infecciosas que se transmiten a través de las relaciones sexuales sin preservativo. El HIV/Sida  es la más conocida y temida pero no es la única: Sífilis, Condilomas (HPV), Tricomoniasis, Herpes genital, Gonorrea y Clamidia son sólo algunas de un extenso listado.

Entre los universitarios nadie parece tomarse demasiado en serio el tema hasta que una molestia, una lesión genital o algún síntoma extraño se convierten en la antesala de un diagnóstico inesperado. El foco del problema está centrado en la falta de prevención dado que, lejos de estar en retirada, las ETS se expanden en Argentina y en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) cerca de 60% de estas infecciones ocurren entre menores de 25 años, y de éstos, 30% son de menos de 20 años.

Sexo con sorpresa

Alejandra Ayen es especialista en Tocoginecología de la UNC y muchas de sus pacientes son estudiantes universitarias. “Existe un concepto erróneo de lo que es tener una pareja estable. A los 2 o 3 meses de iniciar una relación se abandona el preservativo por la píldora anticonceptiva y después aparecen los problemas”, afirma. La preocupación principal de los estudiantes pasa por los embarazos no deseados y lo demás queda en un segundo o tercer plano porque se piensa que esas cosas sólo les pasan a otros, hasta que te toca sufrirlo en carne propia.

Valga como ejemplo el testimonio de una estudiante de 19 años recogido en un consultorio de nuestra ciudad: “Estoy saliendo con alguien que se hizo conmigo los análisis de Sida y Sífilis, desde entonces comencé a tomar la píldora ¿Cómo es posible que ahora me diagnostiquen HPV?”.

Ante la evidencia parece apropiado replantear el concepto de ‘pareja estable’ y mientras tanto usar preservativo correctamente y en cualquier circunstancia, así se trate de encuentros ocasionales u otros de distinta naturaleza.

Conciencia tardía

Dentro de la población estudiantil de Córdoba los resultados parciales muestran la persistencia de una toma de conciencia tardía respecto a las ETS. El sexo seguro es saludable y en esta materia el preservativo es el principal aliado para todos y todas: de nada sirve que él lo utilice esporádicamente o previo a la eyaculación. Tampoco ayuda si ella no tiene uno siempre a mano en su cartera o en la mesita de luz.

En el camino sinuoso de la prevención, ellos tienen una enorme cuota de responsabilidad. La antipatía de los chicos hacia el preservativo es pública y notoria. Los muchachos cuentan con un arsenal de argumentos dignos de una antología de las peores mentiras jamás contadas para excusarse de usarlos. Repasemos el top five del anti-profiláctico: “no porque pierdo sensibilidad”; “no porque afecta la erección”; “no porque me hice los análisis y no tengo nada”; “no porque soy alérgico al látex”; “no porque sos la única mujer de mi vida”…y así sucesivamente.

Ante la ineficacia de las campañas de prevención de ETS para que los jóvenes utilicen siempre el preservativo, las acciones ahora se dirigen a concientizarlas a ellas. Lo explica la Dra. Ayen: “En las clases de educación sexual trabajamos mucho el tema con las jóvenes: que ellas compren el preservativo, que lo lleven y exijan el uso del mismo; estamos empoderando a las mujeres para que ellas sean vectores de prevención ante el estrepitoso fracaso con el sexo opuesto”.

Departamento compartido

Historias de convivencia bajo el mismo techo

Historias de convivencia bajo el mismo techo

A raíz del aumento del costo de vida y sobre todo de los alquileres cada vez más jóvenes estudiantes deciden resignar privacidad para compartir departamento con amigos, familiares, parejas e incluso desconocidos ¿Cómo es vivir con otros cuando no te queda otra?

 

“No me alcanza/ no me alcanza, hermano/ se necesita un poco más/ sólo un poco más (…)”, dice una vieja canción entonada por Ricardo Tapia. En ella, el legendario líder de La Mississippi alude a lo difícil que es para un músico independiente vivir con las monedas contadas. En este sentido, los estudiantes y los músicos del under no son tan diferentes.

Nadie mejor que un universitario conoce lo que es hacer malabarismo con el dinero. Si no es por la comida o los cospeles, serán las expensas y los apuntes, o algún gasto extraordinario no previsto que harán del arroz y los fideos dos aliados indispensables cuando el calendario marque los últimos días del mes.

El mundo gira en torno al vil metal y lo tenés bien presente cada vez que vas al supermercado o pagás el alquiler. Justamente, uno de los gastos fijos que más castiga el bolsillo estudiantil es el alquiler y desde hace algún tiempo el costo de vivir en un lugar más o menos habitable parece haber tomado vida propia: crece sin pausa, como esa suciedad que se acumula debajo de la heladera y cuya limpieza siempre dejamos para el mes siguiente.

 Los estudiantes que alquilan

Según el ‘Informe de Calidad de Vida y estado de salud de la población estudiantil’ elaborado por la UNC, los jóvenes que provienen del interior -de ésta provincia y de otras- representan a más de la mitad de la población estudiantil de Córdoba. En números concretos, es como si las más de 60 mil personas que viven hoy en Río Tercero armaran sus valijas para radicarse en la capital provincial.

Y si de este grupo quitamos a los envidiados estudiantes que viven solos (un escaso 13,3 por ciento) podemos ver que una buena parte de los jóvenes se las arregla como puede conviviendo con otros -familiares, amigos, compañeros, parejas e incluso desconocidos- en un departamento o una casa alquilada.

 Hecha la ley, hecha la trampa

Si bien los vaivenes económicos impactan en la demanda de departamentos y a pesar que la construcción de nuevos edificios aumentó la cantidad de alternativas disponibles, el valor de los alquileres tendió al alza constante en la última década.

A ello se agrega que los contratos de locación incluyen argucias legales que permiten “ajustar” el precio siempre hacia arriba, medida que tarde o temprano impacta en la economía estudiantil.

Ante un escenario poco amigable, con sucesivos incrementos en el costo de vida -un indicador que palpás a diario cuando comprás una costeleta, pagás un taxi o pedís un trago en un boliche- se ponen a prueba nuevas estrategias de supervivencia.

Una de las opciones que más se ha popularizado entre los estudiantes de Córdoba consiste en resignar privacidad y sumar voluntades -y algunos pesos- para ‘compartir’ los gastos de alquiler.

Ingresamos en la intimidad de jóvenes que conviven con amigos, familiares y hasta desconocidos para contarte cómo es vivir con otros cuando no te queda otra.

No hay dos sin tres

Como en las librerías todavía no se consiguen manuales de convivencia para desconocidos Lucía Morcos (20 años) tuvo que ingeniárselas para entrar en confianza con su nueva compañera de departamento -otra Lucía- de manera instintiva, haciendo lo que mejor le sale: “hablar hasta por los codos”, como dice ella riéndose de sí misma.

Tras dejar atrás su Mendoza natal para estudiar Abogacía, Lucía vivió un tiempo con unos tíos cordobeses hasta que encontró un cartel en la Facultad de Ciencias Exactas que le abrió las puertas a una nueva vida, la actual. Las lucías se hicieron amigas rápidamente y ya llevan seis meses de convivencia armónica.

Pero a Lucía Morcos el aumento de alquiler del mes de agosto le alteró el presupuesto de tal manera que optó por pegar carteles en la facultad para compartir su habitación. Carol, ‘La Salteña’ -como le dice Lucía cariñosamente-, es la nueva incorporación al equipo. Ahora forman un trío que -con pocos recursos y mucho empeño- encara proyectos: para el año próximo sueñan con vivir a sus anchas en una casa.

Los hermanos sean unidos

Cuando el puntano Augusto Ayub (22 años) llegó a Córdoba para estudiar Ingeniería en Telecomunicaciones no le preocupaba donde vivir: Emiliano, su hermano mayor, le tenía reservado un lugar en el departamento que la familia alquila desde siempre.

Pasó el tiempo y ahora Augusto quiere vivir sólo: siente que el departamento de 2 ambientes les queda chico y cada uno tiene intereses diferentes. Emiliano prefiere pasar tiempo con su novia y Augusto disfruta de tocar la viola a todo volumen y hacer la previa con sus amigos antes de salir el fin de semana.

Los hermanos Ayub se reclaman -mutuamente- espacios de intimidad pero no siempre cumplen el uno con el otro: una llegada imprevista puede impedir que Emiliano concluya un buen momento con su novia o, al revés, Augusto tiene que renegar más de la cuenta para organizar una reunión con amigos sin la presencia de su hermano.

Con el orden y la limpieza tampoco hay acuerdo así que los mosaicos que adornan el departamento parecen haber olvidado hace tiempo cómo es la vida sin polvillo. No todas son pálidas: se turnan una vez al mes para pagar las cuentas y hasta ahora “dio buenos resultados”, dice Augusto.

Casa pequeña, corazón grande 

¿Qué dirías de convivir con tus amigos de toda la vida? Al salteño Pablo Portal (20 años) la idea le gustó desde el primer momento: después de pasar por una pensión y una fugaz experiencia en la UNC, en 2008 se anotó en cine en La Metro. Para entonces ya alquilaba un departamento con Benjamín, Joel y Aldo, sus compañeros de aventuras desde la escuela primaria.

“No fue nada muy planeado. Somos amigos desde hace mucho tiempo: lo lógico era que vivamos juntos y más lógico todavía por el tema de la plata. El alquiler es caro y entre todos se hace mucho más barato”, comenta Pablo.

Organizarse entre varios es cuestión de ceder en algunas cosas y exigir en otras. Es por ello que el cuarteto salteño divide los quehaceres del hogar: uno cocina, otro lava los platos, un tercero limpia, etc. La convivencia también se facilita porque “ya sabemos cuándo se puede joder y cuando no. Obviamente nos peleamos pero charlando se soluciona”, agrega.

Como ocurre con esas comidas estudiantiles improvisadas en donde la olla se va poblando con los ingredientes disponibles, los universitarios saben que la convivencia más que una elección es una necesidad pero no por eso necesariamente una carga. Como explica Pablo a veces el humor es la mejor receta: “Siempre hacemos jodas, cada uno tiene su gracia, tratamos de reírnos todo el tiempo”…y eso también está bueno.

Rebelión en las aulas

El acceso a educación pública, gratuita y de calidad cobra nuevo impulso con la lucha de estudiantes de todas las latitudes. Seguimos el rastro de los indignados que construyen barricadas de pupitres contra la mercantilización de la enseñanza.

Las redes sociales se han convertido en  espacios -nada virtuales- de debate y denuncia...y cuando la chispa se enciende la acción se traslada a calles, colegios o universidades.

Las redes sociales se han convertido en espacios -nada virtuales- de debate y denuncia…y cuando la chispa se enciende la acción se traslada a calles, colegios o universidades.

Supongamos que por esas cosas de la vida te tocó nacer del otro lado de la cordillera de los Andes. Supongamos que en esa vida sos adolescente y después del secundario queres estudiar una carrera. Supongamos que te propones disfrutar del paso por la universidad sin demasiadas preocupaciones más allá de rendir la última materia alguna tarde de diciembre de un año no tan lejano. 

Entonces naciste en el país equivocado.

En Chile, antes de convertirte en estudiante, licenciado o doctor, te titulas como deudor. Es que aspirar a una carrera universitaria para alguien nacido en Viña del Mar o Valparaíso implica endeudarse desde el inicio de la adolescencia. Pero eso no es todo: cuando alcanzas el título –si es que lo obtenes- vas a deber un monto similar a una hipoteca de un casa para costear tus estudios. En el modelo chileno la educación superior es una mercancía y no un derecho garantizado por el Estado.

Con epicentro en la capital, Santiago de Chile, las protestas de los estudiantes contaron con un masivo respaldo de la población y su lucha se inscribe a nivel global con otras que protagonizan los jóvenes a través de un nuevo sujeto emergente: los indignados.

En 2006, la “Marcha de los Pingüinos” hizo tambalear al gobierno socialista de Michelle Bachelet con una nutrida agenda de reclamos por reformas al sistema educativo. En 2011, la situación ha dado un vuelco. El conservador Sebastian Piñera no sabe cómo desactivar al movimiento estudiantil que está sacudiendo de un largo letargo a la sociedad en demanda de “educación pública, gratuita y de calidad”.

Los chicos realizaron más de seis meses de huelga y mantuvieron virtualmente paralizada a la educación. Tomaron colegios, organizaron marchas multitudinarias, intervinieron en eventos públicos, se expresaron a través de medios de comunicación y redes sociales y han alcanzando un grado de exposición tal que el eco de sus voces tiene resonancias continentales.

Estallido local, debate global

El problema educativo no es un fenómeno aislado que afecta únicamente al país trasandino: tras la inédita convocatoria de los movimientos estudiantiles de Chile y Colombia se realizaron movilizaciones simultáneas en 14 países latinoamericanos a la que se sumaron colectivos y organizaciones estudiantiles de Canadá, España, Francia y Alemania.

Árabes, griegos, españoles, chilenos, colombianos, británicos, una epidemia de indignación recorre el mundo expresando la desesperación de los jóvenes ante un sistema que los despoja de futuro. Como explican los estudiantes chilenos “la educación ya no es un mecanismo de movilidad social. Al contrario: es un sistema que reproduce las desigualdades”.

Si bien en nuestra región cada país tiene sus particularidades, los reclamos de los estudiantes mexicanos, brasileños y ecuatorianos se asemejan porque son atravesados por problemáticas comunes. Para el especialista e investigador Norberto Fernández Lamarra, la evolución de la educación superior en la última década ha intensificado su carácter elitista en Latinoamérica: “El acceso a las instituciones de educación superior, públicas y privadas de mejor calidad ha quedado reservado casi exclusivamente a los jóvenes de clase media y media alta, provenientes de escuelas medias públicas y privadas de buena calidad”, afirma.

Según la información publicada por el pedagogo venezolano Claudio Rama, en la casi totalidad de los países de la región la cobertura de la población de 20 a 24 años que asiste a la educación es del orden del 50% entre los más ricos y del orden del 12,5% entre los más pobres. Rama considera que se ha pasado de sistemas educativos de elite a sistemas de minorías y para pasar a sistemas de masas de acceso universal, entre otras medidas, hay que encarar los problemas de desigualdad y establecer políticas prácticas y compensatorias.

Córdoba: avances y retrocesos

Si bien en Argentina existen marcadas desigualdades en el acceso a la educación superior, el nuestro continua siendo uno de los pocos países del mundo que cuenta con un sistema universitario público y gratuito con un nivel de calidad aceptable.

En tiempos de debate sobre la mercantilización de la enseñanza vale la pena recordar que el 9 de marzo de 2011 la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) resolvió derogar la ordenanza 5/90 que regulaba la “contribución voluntaria” –que no era tan voluntaria como se enunciaba: si no pagabas no podías inscribirte ni rendir exámenes- para garantizar la gratuidad de la matricula.

Sin embargo, los desafíos aún son mayúsculos. Todavía siguen frescas en la memoria las postales de los estudiantes secundarios cordobeses quienes durante 2010 llevaron adelante una maratónica lucha por mayor presupuesto –con tomas y movilizaciones incluidas- que concluyó con una brutal represión el 15 de diciembre tras la aprobación de la reforma a la Ley Provincial de Educación 8113. La norma recibió el rechazo unánime del estudiantado porque introduce la enseñanza religiosa opcional y define a la educación como un servicio, lo que abriría la puerta a la injerencia de intereses privados en la escuela.

Mientras el mundo cruje al ritmo de las nuevas generaciones, en Córdoba se cierra otro ciclo lectivo sin demasiados sobresaltos ¿Qué nos deparará el futuro? Resulta aventurado anticipar los próximos pasos de un movimiento que se ha caracterizado por sus revueltas espontáneas pero si podemos ensayar un ejercicio: si te cruzas algún indignado hablá con él o con ella, ejercitá la saludable tarea de preguntar porqué…quizás entonces descubras que la rebelión también anida dentro tuyo.

¡Otra oportunidad, otra oportunidad!

La elección de una carrera no siempre es el resultado de un amor a primera vista. Te presentamos historias de estudiantes que rehicieron su camino a contramano del fracaso.


Son convidados de piedra a los cursos de orientación vocacional que acaparan los recién llegados del secundario. No forman parte de las estadísticas. Son los que alguna vez se subieron a un barco que no les correspondía y naufragaron en alguna facultad de la que no se sentían parte. Son los que se permiten una segunda o tercera oportunidad porque quieren realizarse y salir adelante. Pablo, Sofía y Bruno son lo que aquí denominamos reincidentes universitarios, pibes que no se plantearon abandonar los apuntes para siempre pero si estaban dispuestos a dar un golpe de timón en sus vidas hasta encontrar la verdadera vocación.

Pensar la arquitectura 


Lleva un reloj pulsera Nike al que parece no prestar atención. Se toma el tiempo para estacionar su bicicleta amarilla GT y pide mate amargo. Con su peinado al viento y barba rala de cinco días, Pablo Balanza (27 años) se acomoda en una silla desvencijada de un departamento céntrico para hablar de una de sus pasiones, la arquitectura. Con 4 años de cursado, hoy está super familiarizado con los métodos de estudio, maneja sus tiempos y se siente mejor preparado para los nuevos desafíos. En un sentido amplio se propone crear; diseñar.

“Diseñar implica inferir todas las necesidades que requiere un tema y a partir de allí elaborar una estrategia que posibilite el cumplimiento de la mayor cantidad de premisas posibles en un espacio dado. Tenés que confrontar con la realidad y discutir con los demás hasta llegar al resultado final”, dice Pablo.

La terminología que emplea para explicarse ar-qui-tec-tó-ni-ca-men-te tiene relación con una rama de las humanidades que él recorrió durante 2 años. Inferencias, premisas, silogismos y otras yerbas eran moneda corriente en filosofía, donde se instaló luego de transitar un secundario de doble escolaridad inflamado de matemática avanzada y física a granel.

La filosofía se le presentó como un campo ligado a la investigación y, por consiguiente, a los viajes. “Quería viajar y estudiar, viajar y saber; aprender”, recuerda. Pero el suyo fue un camino errático y sentía que se alejaba cada vez más de su romántica idea inicial. ““En aquellos tiempos comencé a frecuentar la casa de un amigo que hacía Arquitectura. Compartí con él y sus compañeros largas noches de estudio. Encontré un universo diferente: actividades totalmente prácticas y grupales, una materia diferente cada día, un ritmo más dinámico. Sentí que se abría una posibilidad más enriquecedora”.

Su estilo de vida dio un vuelco. De lector y redactor de ensayos teórico-filosóficos en un espacio de gran intimidad y reflexión pasó casi sin transiciones al tablero, el montaje de maquetas, el diseño de objetos y más. Si bien los comienzos fueron duros -con altibajos incluidos- no se arrepiente del cambio…y su interés por las humanidades se mantiene intacto. “Filosofía me ayudó para interiorizarme en la teoría de la arquitectura, que en mi carrera no es un área fácil de abordar. Me va muy bien con la parte teórica y eso -como en cualquier disciplina- te da una ventaja muy grande. Me pasaba horas leyendo y al final del día trabajaba menos para las entregas”.

De carrera en carrera

Es jueves santo y en el shopping de Villa Cabrera la circulación de gente es mínima. Mientras estrecha la mano de Iván -el mozo-, Bruno Alberstein (22 años) pide un desayuno: té, tostadas y mermelada casera. La tele está sintonizada en el Lagarto Show y las risotadas del conductor se mezclan con el repiqueteo de la máquina de pochoclos del multicine que no deja de producir cantidades industriales de pelotitas de telgopor comestible.

Rubio, flaco y alto, de melena frondosa y cejas tupidas, Bruno tiene un parecido indisimulable con el cantante Carlos Baute. Construyó su propia filosofía -la del esfuerzo- con una máxima que derrocha voluntarismo (“todos podemos hacer todo, no hay nada que no se pueda hacer”). A partir de allí, se lanzó a transitar ciudades y carreras. Sin embargo, como él mismo aclara, todavía le queda mucho por hacer.

Terminó el secundario y se fue aLa Plataa estudiar Sistemas. Decepcionado, regresa a Bariloche y el año siguiente se anota en Producción de Medios Audiovisuales para abandonarla más tarde y radicarse en Córdoba. Enla UNC, hace un curso de orientación vocacional donde descubre inclinaciones hacia administración de empresas y vuelve a Río Negro para probar suerte en esa carrera. Al poco tiempo, la dejó.

En 2010, Bruno se instala nuevamente en Córdoba, arranca una carrera humanista mientras vive en un hostel y busca un trabajo para sobrevivir pero sus múltiples intereses no encuentran el cauce esperado. Piensa anotarse en el IPEF y aprovechar su historial como atleta pero no. Piensa en carreras clásicas, piensa en Abogacía y tampoco se decide. El 2011 lo encuentra de novio, instalado en un departamento, con un trabajo estable y…estudiando una carrera distinta a las anteriores.

“No me sirve esperar 5, 6 años de carrera para ver que onda y recién ahí empezar una pasantía o un trabajo ad honorem. Además, si pudiera hacer lo que realmente quiero tendría que cursar 7 licenciaturas y el tiempo no alcanza. Ahora conseguí una carrera que articula con todas mis inquietudes, sin mucha carga horaria y lo mejor es que en un año puedo empezar a laburar”, dice Bruno.

La revelación le llegó mientras realizaba junto a su novia un plan de marketing para un empresa de telefonía celular. “Ese trabajo me definió la carrera de publicidad y marketing”, explica esperanzado en lo que vendrá. Sus padres, que lo apoyan de manera incondicional, también se ilusionan y esperan que esta sea la definitiva. “No quiero caer en la monotonía. Soy una persona muy inquieta y me puedo llegar a aburrir rápido. Al cambio ya estoy acostumbrado”, advierte como quien deja abierta la puerta a cualquier posibilidad.

Cambiar para triunfar

A Sofía Simón (24 años) le costaba horrores aceptar que la comunicación social no era lo suyo. Es que durante el verano previo al ingreso universitario viajó al Chaco y sucumbió ante los cantos de sirena de una prima encandilada con esa carrera. La incertidumbre del futuro cristalizaba por fin en una idea reveladora: “iba a ser periodista”, dice.

Padecía las materias, extrañaba su familia y a sus amigos de Ucacha pero no quería aceptar el traspié. Cuando la situación se tornó insostenible empezó a evaluar otras opciones y se acercó a la psicopedagogía. “Le metí pilas y en menos de 5 años la terminé”, comenta diez días después de su última materia.

A la flamante psicopedagoga se le acelera el pulso de solo recordar el 11 de abril. Aquella tarde, vestida de impecable camisa blanca, pollera negra y zapatos finos, no conseguía controlar el traqueteo de sus piernas. Con los nervios a flor de piel defendió su trabajo final ante un tribunal evaluador y todo fue un sueño cumplido.

Rindió con 10 y en el fragor de los festejos, entre llantos y abrazos con sus amigas-compañeras, se acercó una señora para ofrecerle trabajo en un centro de integración. La contrataron. “La integración consiste en realizar una adaptación curricular para quienes tienen dificultades de aprendizaje”, explica.

Ahora, tras varios años de experiencia en consultorios privados de rehabilitación cognitiva, se largó por su cuenta y planifica abrir un consultorio propio. En el presente de Sofí soplan vientos de cambio: a pesar de que no oculta la necesidad de estar siempre acompañada quiere mudarse a vivir sola y dejar atrás la vida de estudiante y el departamento que comparte con dos de sus hermanos sobre calle Rondeau.

Las trayectorias estudiantiles de Pablo, Bruno y Sofía ponen en evidencia que definir un futuro profesional desde el momento en que se abandonan las tranquilas aguas del cole secundario no siempre resulta una tarea fácil. Pero después de la tormenta siempre llega la calma. Pablo encontró en la filosofía un mundo nuevo que hoy explota con la arquitectura, Bruno no deja de incorporar conocimientos de cada una de las carreras que emprende y Sofí aprendió a ser más flexible y comprendió que un cambio de rumbo no significa fracaso. En la elección de la carrera, como ocurre a veces en las películas, las segundas entregas pueden resultar mejores.

Cabezas humeantes

estudiantes destacados

Estudiantes de alto vuelo académico.

 

 

Admirados, envidiados o condenados por sus singulares capacidades, los estudiantes destacados afirman que encontrar la fórmula propia del éxito es la llave para alcanzar grandes resultados. En la siguiente crónica te contamos tres historias fuera de lo común.

 

Nerd, comelibros, traga, bocho, cerebrito, genio, groso son solo algunos de los múltiples apodos que reciben aquellos que dedican una devoción inusual a sus estudios.

El promedio general, esa convención creada para ‘medir’ el nivel de conocimientos, les sonríe siempre o casi siempre. Suelen ser inteligentes y cultos, obsesivos y perfeccionistas, tímidos y nerviosos, y sobre todo humanos.

Doctambulos! fue a buscarlos a las universidades para averiguar quiénes son esos chicos que hacen fácil lo que a muchos les resulta imposible.

 

El salteño de los días perfectos

 

Tres pibes abrumados de tanto sol persiguen una nube que surca el cielo frente a la Facultad de Astronomía, Matemática y Física de la UNC. Es mediodía de viernes y en el ingreso al edificio un chico de frondosa cabellera rizada a lo Bob Patiño cruza los brazos a la altura del pecho y durante unos segundos eternos aprieta con su mano derecha el escudo del equipo de sus amores –Belgrano- que sigue estampado sobre la camiseta que viste. Habla con otro -lentes oscuros, bermudas negras- sobre la transformación de la materia. De repente el ruludo recobra su gesto adusto: “Todavía no rendí Álgebra”, dice con pesar y el otro se le queda mirando enmudecido, sin saber que hacer, dónde encontrar consuelo. Mientras tanto, en el segundo piso, Hebe chequea su correo en una de las compus del Centro de Estudiantes. Le pido un nombre, promete conseguirlo.

 

Cuatro días después, en un departamento ubicado en el corazón de Nueva Córdoba, Alejandro Naser Pastoriza se bajará tres termos completos de Mate Listo Taragüí antes de contar su historia de estudiante exquisito. Ale es un pibe diez. Para que quede bien claro: su historia académica en la Licenciatura en Computación registra un promedio -escalofriante- de dos dígitos, diez.

 

-¿Cuál es el secreto para obtener un puntaje ideal?

 

-Depende de muchos factores: es muy difícil tener siempre un buen día, saber escribir bien, saber manejar los tiempos en exámenes que duran entre 5 y 6 horas. Si bien estudio a fondo las materias, mi habilidad principal es saber rendir finales. Hay una diferencia muy grande entre una cosa y la otra.

 

Dice Ale. Su romance con los números se remonta a 2004, cuando comenzó a participar de las olimpiadas nacionales de matemáticas durante el 5to año de secundario. Las competencias lo cautivaron de tal manera que estaba decidido a abandonar el cole a pesar de la resistencia de sus padres y profesores. Se recibió a duras penas y viajó 1200 kilómetros desde Orán –Salta- para estudiar Matemáticas en Córdoba. Siguió con las olimpiadas y obtuvo numerosos reconocimientos junto a su amigo y ex compañero Diego Sulca. La Competencia Ernesto Paenza, la más importante a nivel universitario, fue una de las victorias más celebradas por el dúo.

 

-Son instancias donde se prueban los conocimientos adquiridos pero a su vez se pone en juego un nivel de ingenio poco común -nada trivial- que requiere años de entrenamiento.

 

Lejos del estereotipo nerd, a Ale le cuesta horrores seguir una rutina o cursar en la facu. Prefiere vivir de noche, descansar de día y comer cuando pinta. En 2008 vivió un año sabático de fiesta y descontrol pero ahora está de novio e intenta llevar una vida “más tranquila”. Mientras, en 2011 se propone cursar materias de 2do y 4to año en Computación.

 

-¿Te gustaría mantener tu rendimiento académico?

 

-Aun no me decido. Un ejemplo: me pasó de promocionar con 9 Algoritmo y Estructura de Datos I y ¿qué hice? Rendí el final para sacarla con 10. Eso es algo bastante odiable para el resto…pero decir 10 es supremo. Abrir tu historia académica y ver que el promedio con aplazos suma 10 es hermoso. Una historia académica así es una obra de arte.

 

El fin justifica el bochazo

 

Siesta de Miércoles. Llovizna, garúa finito. Andrés Valdéz piensa que es un momento especialmente oportuno para tirarse a la cama y sintonizar Los Simpsons pero en cambio tiene que conformarse con ver llegar al cronista de Doctambulos! a las corridas. Dos cafés, libros por doquier, de fondo suena un tema viejísimo de Los Redondos. Andrés dice que dejará todo para ir a Salta a ver la presentación del Indio Solari. Aclara que le gusta leer textos de Cortazar, Sabato y Walsh pero las obras que verdaderamente lo cautivan son aquellas con las que se formaron sus profesores de Ingeniería Mecánica en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).

 

-Siempre busco los libros que usaron mis profes cuando ellos cursaron la carrera. No me interesa los que ellos me proponen ahora porque yo no quiero estar al nivel de mis compañeros, siempre quise estar al nivel de mis profesores. Tener esos libros en las manos genera cierto fetichismo. No hay mayor satisfacción para un estudiante.

 

Andrés es, en realidad, Pinky en honor al verdadero cerebro de la dupla de dibujos animados. Así lo apodaron en la secundaria y así lo conocen todos en la UTN.

 

-En las últimas elecciones de consejeros estudiantiles tuve que ir curso por curso aclarando que soy Andrés Valdéz. Seria feliz si la boleta dijese Pinky…me ahorraría un trabajo astronómico.

 

Pinky forma parte de un grupo de investigación y estudio que se dedica al calculo estructural de elementos finitos, “una herramienta que permite resolver ecuaciones diferenciales con menos condiciones de contorno”, explica. Ante mi cara de zozobra, pide disculpas y entre risas dice que quiénes lean esto seguro van a entender. Ojalá.

 

Si bien su prioridad es recibirse, ello no equivale a realizarlo a cualquier precio. Estar a la altura de los profes implica que si alguno de los integrantes del grupo contesta mal una pregunta ante una instancia de examen final ¡el estudiante en cuestión solicitará que lo reprueben automáticamente sin derecho a replica!.

 

-Nosotros tratamos de explicarle ‘profe en esta materia me fue bien pero esta pregunta que usted me hizo está incorrecta, ya está, cortemos acá, póngame el 2’. Podríamos  pedir que nos coloquen ausente pero preferimos que nos aplazen porque es lo que realmente corresponde.

 

Dice Pinky. Como si nada fuera suficiente, tiene un talento poco frecuente: cursa materias y rinde finales en tiempo record. De las 12 materias que cursó en 2010, rindió y aprobó 9. Actualmente está cursando 8 materias de Ingeniería y 2 de Física en Famaf. Lleva al día su carrera prioritaria: está en 4to. año y tiene apenas 21 años. Además, acaba de editar un libro titulado ‘Termodinámica Técnica’ que será publicado en abril por la editorial Universitas. Y, por si ya lo olvidaron, cuando este ejemplar esté en tus manos él ya habrá regresado de Salta, empapado de pasión ricotera.

 

Premiada en valores

 

Cae la tarde del miércoles y la llovizna se intensifica acompañada ahora por una suave brisa del sur. Estoy retrasado y para llegar más rápido voy haciendo zancadas por calle Montevideo, evadiendo charcos.

Paula Ledesma me recibe en una oficina sobria, un estudio de abogados: despacho, biblioteca, cámara de seguridad. Sentada detrás del escritorio familiar destila pulcritud: cabello largo recogido, aros perlas blancas, sonrisa amplia de brackets estéticos, remera al tono y un enorme pañuelo negro y blanco anudado al cuello que disimula cualquier atisbo de piel coronado por pulseras y anillos en ambas manos.

 

Paula está a punto de egresarse de la licenciatura en Recursos Humanos y fue seleccionada como la estudiante destacada de 2010 en la Universidad Empresarial Siglo XXI (UE) por reunir los valores que esta última proclama: dedicación al estudio –tiene 9.04 de promedio general-, liderazgo y compromiso social. En 2012 planea realizar un Maestría en Administración de Empresas.

 

-¿Cómo haces para tener un desempeño académico tan elevado y realizar otras actividades?

 

-“No es imposible llevar una vida a la par de los estudios. Para mi los 4 ingredientes indispensables son organización, esfuerzo, dedicación y entusiasmo. No me cuesta dejar de salir un finde por estudiar pero tampoco estoy estudiando todo el día. Tengo otras ocupaciones que si me pongo a contarte vas a preguntar ‘¿Cuando dormís?’”.

 

En síntesis, su amplio abanico de actividades comienza por la tesis y continua con el asesoramiento a empresas en una consultora de rr.hh.; como ayudante en la cátedra Emprendimientos Universitarios de la UE; colaborando con la Fundación Nalbaldian y también en la Fundación Junior Achievement; formando parte de un grupo juvenil católico (Fasta) y participando de “una red pro-vida a nivel nacional que trabaja con jóvenes el tema de la drogadicción y la prevención del aborto”, explica.

 

-¿Cómo influyó el premio en lo personal y en lo profesional?

 

-“En la facu todos los profes me saludan pero algunos compañeros no tan compañeros me dejaron de hablar de un día para el otro…quizás un poco de envidia, no se, pero mis amigos amigos siempre están. En lo laboral yo tenía toda la esperanza. Mi sueño fue siempre trabajar en empresas grandes con una estructura de rr.hh. armada desde la cual nutrirme -como Roggio, Arcor o Coca-Cola- pero lo que conseguí en la consultora es algo más particular. Mi segundo sueño es tener mi propia consultora pero primero quiero tener más experiencia. Es difícil que vengan y me busquen con 23 años”.

 

Paula tiene que partir a su clase de Inglés y yo debo continuar mi camino. Antes de la despedida le ofrezco un ejemplar de Doctambulos! –N° 43, Septiembre de 2010-. La ojea rápidamente y al pasar una nota sobre Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) dice “¡Porque ponen tantas cosas de sexo, todo pasa por el sexo, hay cosas mas importantes!”. Ensayo una justificación, le digo que la nota explica cómo prevenir las ETS. Ella contesta:

 

-“Si, si, no te acostés con cualquiera y vas a ver como las vas a prevenir de rápido…había un artículo que hablaba de los homosexuales, de una película gay, no me acuerdo…acá está (lee el titulo de la página 51, en voz alta):  “Una fiesta (del cine) gay”. Me dejo ésta, haber que dicen”.

 

Ingresantes: el precio de la libertad

Perderse en las calles de Nueva Córdoba, soportar inclemencias climáticas, mantener el ritmo de estudio o sobrellevar el desarraigo son algunos de los múltiples desafíos que enfrentan los nuevos aspirantes a la universidad. Sebastián Sigifredo te muestra cómo viven hoy los profesionales del mañana. 

 

Imaginá que de un día para el otro el estadio de Belgrano, el ‘Gigante de Alberdi’, explota de ingresantes. Unos 25 mil chicos y chicas recién salidos del secundario poblando plateas, palcos, la popular. Todos, casi en simultáneo, esforzándose por conseguir su lugar dentro del amplio abanico de carreras universitarias que brinda Córdoba ciudad.

Ellas son mayoría: del total, los varones no superan los 10 mil.

Llegan desde distintos puntos de la ciudad, también de ciudades y pueblos del interior provincial –desde Río Cuarto hasta Deán Funes-, y de otros interiores: San Luis, Jujuy, La Rioja y un largo etcétera.

Lejos de ser un grupo minoritario los ingresantes conforman un ejercito en las sombras de tal magnitud que si todos se tomarán de las manos de uno en uno podrían unir Córdoba con la veraniega Villa Carlos Paz (distante a unos 35 kilómetros).

 

Casi 2 de cada 10 personas que circulan por Nueva Córdoba son ingresantes. Aunque intentan pasar desapercibidos son fácilmente reconocibles: pichones de bichos raros que aparecen cuál aves migratorias desorientadas en un hábitat que les resulta hostil. Para colmo el aluvión ocurre en enero, época en que desaparece hasta el portero del edificio.

 

Ingresantes, bichos raros.  Así los miran los demás, así lo viven ellos.

 

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Para los recién llegados la ciudad y en particular el epicentro de la vida estudiantil -Nueva Córdoba- resulta un complejo rompecabezas de piezas que no siempre encajan bien. Y si no lo creen hagan la prueba: deténganse un rato en la intersección de Independencia e Hipólito Irigoyen y verán un espectáculo recurrente: chicos y chicas, solos o acompañados, que miran, desconcertados, los carteles de la calle -y levantan la vista hacia todas las direcciones posibles- porque no saben donde están, cuando fue que se perdieron.

 

José es santiagueño y vive en un departamento de dos ambientes en calle Balcarce, a metros del Parque Sarmiento. Quiere estudiar Relaciones Públicas. 

 

-Estoy ubicado cerca de la terminal de ómnibus. Mis puntos de referencia son la facu, Patio Olmos, Plaza España y la terminal. Me pierdo seguido si no camino por avenidas importantes.

 

Dice José, 18 recién cumplidos, hincha de River, amante de la chacarera y la cumbia con igual fascinación. El 16 de febrero cayó miércoles pero no fue un día como cualquier otro. Por la tarde le dijeron que obtuvo un 6 en el primer parcial y José sintió que tocaba el cielo con las manos. Había que festejar la hazaña y por eso después de clase se fue a lo de Lucas –que también aprobó-. Esa noche comieron pizza, tomaron dos cervezas. Cuando José intentó regresar se dio cuenta que estaba lejos de casa, en el límite entre Nueva Córdoba y barrio Guemes.

 

-Me metí por calles que nunca pisé. ¡No sabía dónde estaba! Por suerte encontré un taxi que me llevó hasta el departamento. Entre pizza, cervezas y taxi me quedé sin plata. Ahora voy a comer fideos con crema hasta que mi mamá me deposite. ¡Eh, chango! ¡Que bronca! Tengo que aprender las calles porque así no hay presupuesto que aguante.

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Ser ingresante no es lo mismo que tener cualquier ocupación u oficio. Ser ingresante significa estar destinado a desaparecer: se aprueba el curso de ingreso/nivelación y se alcanza el grado inmediato superior -el ‘subtítulo’ de estudiante- o llega la revelación menos esperada, la que nadie quiere escuchar, el indeseable “seguí participando”.

 

A Carolina el viaje desde Salta le resultó eterno. Llegó a Córdoba de madrugada, en medio de una lluvia demencial. Esperó en vano por un taxi libre y decidió caminar hacia la Cañada, hasta el departamento que desde ese día comparte con Laura, su prima y confidente. Solo tuvo tiempo para cambiar de ropa y secarse el pelo. Se las arregló para llegar 9,30 al instituto de apoyo universitario donde se prepara. Era 10 de enero y Caro no tenía dudas de porqué estaba donde estaba aquel día gris y húmedo a más de 900 kilómetros de su casa de toda la vida. 

 

-No me importa si se cae el cielo, si aprieta el calor o se corta la luz. Cuando se me pone algo en la cabeza no paro hasta conseguirlo. Quiero ser psicóloga y estoy feliz de estar en la universidad.

 

-¿Cómo imaginás tu vida en Córdoba? ¿Qué te gustaría que suceda?

 

-Quiero aprobar el ingreso para relajarme un poco. Estoy a mil, super nerviosa. Tengo curiosidad por conocer la ciudad, conocer más gente, seguir experimentando esto de vivir sin mis viejos. Ahora trato de concentrar mis energías en una cosa: estudiar, estudiar y estudiar. Si todo sale bien lo demás llegará solo.

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Es mediodía de martes y en la zona del Paseo del Buen Pastor pasan autos por calle Independencia abriéndose camino a bocinazos, aceleradas y frenadas bruscas. Los transeúntes cruzan la calle esquivando vehículos atascados mientras dos policías se aburren de estar parados en la esquina de siempre haciendo nada.

Sentados en un banco bajo la sombra de una palmera, Mario y Juan hacen una pausa para despejarse: toman coca-cola en vasitos de plástico blanco, diminutos. Recién salen de clases, tienen que ir a almorzar, estudiar y otra vez a clase. Si les queda tiempo –y ganas- esta noche van a repasar lo que aprendan hoy en la facu de Derecho.

 

-“Tengo una rutina pero a esta altura ya estoy cansado. No estamos acostumbrados. Me estoy amoldando a la vida de estudiante pero cuesta mantener el ritmo”, dice Juan.

 

Igual que su amigo y compañero, Mario pensaba que el ingreso sería más fácil. 

 

-Creía que con un buen plan de estudio y haciéndome preparar no tendría problemas. Me equivoqué. Hay un abismo comparado con el secundario.

 

Mario está en Córdoba desde el 6 de enero y todavía no regresa a su pueblo, Realicó, en el norte de La Pampa. “Todavía tengo acá para rato”, se lamenta. Los dos amigos aprobaron su primer parcial pero tras casi dos meses de frenetismo estudiantil empiezan a mostrar signos de agotamiento. Cuando los ánimos flaquean se piensa más en los afectos, las ganas de volver se intensifican.

 

-¿Qué extrañas de tus pagos?

 

-“La familia, los amigos, la gente. Extraño la tranquilidad, el silencio, salir a la calle y que alguien te salude…no sentirme un número más”, dice Mario entre nostálgico y melancólico. 

 

José conserva en su memoria postales de su historia reciente: el viaje de egresados, el asado con los amigos de siempre, las fiestas con los compañeros de 6to año. De vez en cuando, Caro extraña los rituales familiares y muy frecuentemente -casi todo el tiempo- los sabores de la comida hecha en casa. En cambio, Juan y Mario darían lo que sea por volver a jugar fútbol como en los ‘viejos’ tiempos.

 

Diseminados por Nueva Córdoba, el Centro y más allá, miles de sueños de ingresantes laten con intensidad diversa. Algunos quedarán en el camino y muchos más seguirán adelante. Mientras esto ocurre, la vida en la gran ciudad continua su marcha vertiginosa: surgen amores desesperados, alguien abandona la ciudad, otro consigue trabajo.

Para recibirse de ingresante hay que pagar el precio de la libertad.

Aprenderlo todo al mismo tiempo –estudiar, cocinar, limpiar, amar, sufrir: ¡vivir!- sin recetas, con ayuda de nadie.

Puro ensayo y error.