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Celebración de la palabra

Alejandro Schmidt escribió su primer poema a los 13 años. Actualmente, lleva editados unos 35 obras de su autoría. Dirigió la revista nacional e internacional El gran dragón rojo y la mujer vestida de sol entre 1987 y 1991. Es miembro de World Poets Society (WPS), con sede en Grecia, y de Poetas del Mundo, con sede en Chile.

Parte de su prolífica obra fue traducida al inglés, italiano, alemán, portugués y catalán; y dos de sus libros se transcribieron al Braille. Sus textos son material didáctico en la Universidad Nacional de Buenos Aires y la Universidad Nacional de San Salvador de Jujuy y material de consulta en diversas cátedras de la Universidad Nacional de Córdoba.

Colaboró con más de 250 revistas y diarios de Argentina, Latinoamérica, Europa y Estados Unidos. Su obra poética ha merecido tres premios internacionales, una veintena de premios nacionales y otros tantos a nivel provincial y municipal. Actualmente dirige la colección de poesía de editorial Recovecos de la ciudad de Córdoba.

Publicamos a continuación una extensa entrevista realizada con el poeta villamariense de la que se extrajeron unos breves pasajes luego publicados en la edición 107 de la revista digital Elvernáculo (http://www.elvernaculo.com).

La poesía tiene una gran cuota de caos ¿Cómo es posible que haya quienes dedican una cantidad determinada de tiempo a escribir sobre la casa, el mar o cualquier otro tema?

-Y dependerá de los grados de obsesión. Yo he tenido una obsesión más por escribir que por los temas. Me hace feliz escribir, no importa mucho el tema porque va saliendo, es lo que va saliendo. Pero hay muchos poetas que trabajan así, incluso hay algunos que escriben poco pero lo que escribe queda. Yo escribo mucho: 150, 200 poemas por año pero desecho mucho, lamentablemente cantidad no es calidad. Tengo la necesidad de escribir después si sirve, servirá…la mayoría no sirve.

-¿Te tomas un tiempo para revisar el texto después de volcarlo sobre el papel?

-Si y escribo de un tirón. Así sea un poema extenso de 300, 400 líneas que equivalen a 5 o 6 páginas de un libro de poemas. En realidad, el tiempo material son 10, 15, 20 minutos. Releo y puedo hacer 1 o 2 correcciones y después lo dejo en el papel suelto o arranco la hoja de cuaderno, o si fue escrito a máquina imprimo y lo dejo estacionar. Algo corrijo, lo paso al cuaderno y ya no lo miro más. A la hora de elegir para publicar generalmente corrijo de nuevo. He visto que es importante dejarlo estacionado un par de meses. Alejarse de eso, olvidarse de que uno lo escribió y mirarlo con otros ojos.

-Entonces ¿Crees en la tarea de edición en poesía?

-Sí pero en la edición del autor.

-¿Por qué decidiste cerrar Radamanto y alejarte de tu rol como editor?

-Siempre hice una edición totalmente artesanal. Nunca puse librería, nunca hice distribución, nada. He enviado más de 15000 cartas en 25 años y también es mucho dinero. Mucha guita salida de mis sueldos, de pedir plata prestada, y bueno, me cansé. Me cansé porque toda esa tarea la hice al lado de mi propia obra y al lado de los trabajos para sobrevivir y al lado de la familia y al lado de todo. Llego un momento que tuvo un límite.

-¿Implicó algunos renunciamientos?

-Siempre lo hice con mucha alegría y mucha felicidad. Ahora no se me escapa que toda esa tarea diaria, sobre todo la parte de difusión que fue muy fuerte, me implicó no disfrutar de un montón de cosas. Pero fue más grande el disfrute de hacerlo y además tuve el privilegio de tener una compañera a la que todo esto siempre le pareció muy bien. Yo nunca intente hacer una pyme o una empresa. Siempre lo hice persona a persona. Esa tarea tuvo la consecuencia de haberme relacionado con infinidad de poetas, de periodistas y de difusores del país y del extranjero a lo largo de 20 años sin parar. Porque una cosa es cuando te dedicas solamente a llevar tu palabra a cuando llevas la palabras de otros. Es infinitamente más fértil.

-¿Sabes qué cantidad de autores pasaron por Radamanto?

-En total he difundido cerca de unos 600 poetas argentinos contemporáneos: el 80% han sido poetas del interior del país provenientes de 17 provincias. El resto pertenece a Buenos Aires.

-¿Cuál era el criterio de selección?

-Lo que consideré valioso: fundamentalmente producciones de gente más joven y sobre todo lo argentino.

-¿Tus lecturas se orientan a la poesía?

-No, yo leo mucho Historia, leo muchas biografías, en general. Historia de las ideas, Historia del siglo XX y lo que más leo es mitología y teología. Poesía leo siempre por una cuestión de oficio pero no es lo que más leo. Hasta los 35, 40 años leía poesía por sobre todo. Ahora me alimento de otras cosas. Tengo que leer siempre poesía, no paso una semana sin leer poesía. Pero cuando busco para leer leo otras cosas, la poesía está en todo.

-¿A cuales poetas seguís? ¿Quiénes son tus referentes argentinos?

-Fundamentalmente Carlos Mastronardi, Ricardo Molinari y Juárez de Ortiz. Juan Gelman también, aunque no todo. De los poetas más jóvenes, de los años ‘90, me inclino por Fabián Casas. De la poesía de Córdoba me gusta Silvio Mattoni, Carlos Schilling y un poeta aún más joven: Carlos Surghi. También vuelvo y releo a Edgar Bayley y a Raúl Gustavo Aguirre, ambos de la generación de los años ’50, entre otros.

-¿Leíste libros de autoayuda?

-He leído y creo que han estado siempre. Las Meditaciones de Marco Aurelio, los libros de Séneca, los libros del estoicismo, en general, son libros de autoayuda. Son de otra cabeza, de filósofos, pero también te enseñan a vivir. Si lees los proverbios en La Biblia, o lees El libro de la Sabiduría también son libros de autoayuda. Son textos que te dicen cómo llevar tu vida en la tierra. Ahora es un fenómeno comercial y es el género más leído, como los libros de management, de marketing. Yo no tengo una opinión si se quiere negativa sobre eso, me parece que es algo muy humano. Creo que los seres humanos necesitamos guías y búsquedas. En tiempos más felices se buscaban en la Biblia o la Filosofía y ahora se busca en estas recetas ‘Diez pasos para ser un empresario poderoso’ o ‘Las 48 leyes del poder’, en definitiva es lo mismo. El ser humano quiere saber cómo vivir, como estar mejor.

-Pero una cosa es leer la Biblia o Filosofía y otra bien diferente es leer autoayuda…

-Lo grave de los libros de autoayuda es que te llevan a un individualismo feroz, donde el otro no existe. En la Biblia los otros están a través del amor, en la Filosofía los otros están a través del Estado. En los libros de autoayuda lo único que hay es autoayudate y salvate contra todo: la ferocidad del narcisismo y del individuo. Pero son una parte de la experiencia humana. Nadie es autónomo. En este momento donde hay poco padre, poco madre, donde la escuela es un fracaso, donde se ha relativizado prácticamente todo…el ser humano necesita un orden, una voz que le diga ‘haciendo esto vas a subir esa montaña del dinero, del prestigio’, lo que cada uno desee, que son los deseos de este momento de la civilización. Yo he leído autoayuda por curiosidad pero cuando he necesitado ayudarme prefiero leer textos religiosos o filosóficos.

-Se habla mucho de una etapa de transición y fin de época en términos civilizatorios anclada en la cuestión del medioambiente o la auto-aniquilación ¿Tenes una posición tomada al respecto?

-Creo que la ecología es el último discurso para todos. Es el último discurso que apareció como icono cultural que toma a toda la especie humana, es decir, la conciencia de la precariedad del planeta. Pienso que somos generaciones de transición y que nuestros padres fueron una generación de transición. Desde la posguerra, desde el nuevo orden que empieza en los 1950 y los ‘60 estamos en una etapa transicional. Por eso es una época que se lee con tantas fisuras y tanta decadencia. O con tanta añoranza de ese mundo que termina en 1920 o 1930. En 1920 termina el siglo XIX y empieza el siglo XX que aun no terminó: estos son remezones donde la tecnología reemplazo a la ciencia y donde el mercado ya contaminó la tecnología. Donde la economía contamino y colonizo la política. Lo que hay es mercado en lo simbólico y en lo material. Hay economía de mercado y eso reemplaza en la agenda humana a la política, la ciencia, la filosofía. Reemplaza el problema de la verdad, que es el problema central de la ciencia y ahora se esta fisurando el sujeto porque se fisura el núcleo de la familia (…) los movimientos por la eutanasia, el derecho a morir, a la muerte asistida, es una transición hacia otra forma de la experiencia humana que puede llevar todo el siglo XXI e incluso el XXII.

-A diferencia de otras épocas donde había discursos que marcaban un horizonte, hoy no parece tan claro hacia donde ir…

-A lo mejor todos tenemos claro hacia donde quisiéramos  ir y a lo mejor lo tuvimos claro desde siempre porque en definitiva la especie humana se sigue adaptando a sí misma y al planeta. Lo que no está claro es hacia donde no ir. Por eso se estrella todo. Es lo que dice la Iglesia católica desde un lugar de poder, ni de pensamiento ni de calidad, sino desde el relativismo moral. No estoy con el discurso de la iglesia porque ha terminado como paradigma. Como ha terminado la política como paradigma. Como ha terminado la filosofía. Hay una banalización de todo, una farandulización de todo, una necesidad del parecer, una necesidad del tener que ya es norma, es canon. Ya no parecer, no aparecer y no tener es algo cada vez más extraño.

-La definición del individuo está marcada por eso. Para SER en el mundo…

-Hay que aparecer…

-Y eso es terrible.

-Es terrible porque la apariencia es a-pariencia, es la máscara no la persona. El ontos on esenci es siempre un misterio y muchas veces es un misterio insoportable. Entonces, el mercado dice y con tu foto, tu nombre, tu coche, tu casa, con tus títulos o tus cosas, de alguna forma va a compensarse pero no se compensa porque lo que no se compensa es la certeza y la conciencia de lo efímero de cada vida. A la vez, cada vida es única e irrepetible y a la vez es efímera. Toda esa locura que vivimos trata de tapar la muerte, el final, y lo que tratan de compensar es la falta de paradigmas. Durante milenios estuvieron los padres de la tribu, los padres de la familia, hubo un Dios en el cielo y hubo un diablo en el infierno. Hoy estamos viviendo el remate de eso, la perdida.

-¿Te consideras un optimista sobre el futuro, sobre la vida, sobre las cosas?

-Yo soy una persona optimista, entusiasta. Para llevarlo a la poesía: desde hace 20, 30 años importa más el poeta que la poesía. Cuando en realidad si algo se sostiene en el tiempo es la poesía porque el poeta termina donde terminan todos. Esa inversión es común a la época.

-¿Qué distingue a la poesía de otros géneros literarios?

-El mundo de la poesía no tiene nada que ver con la narrativa ni con el ensayo. Son mundos completamente distintos, son siquismos distintos, son emociones distintas y la circulación es distinta. Yo he leído en todo el país y hace 32 años que hago lecturas públicas. En eso siempre estoy dispuesto, cuando viajas conoces gente y te enteras de cosas. En esa deriva he estado en mesas de narradores, de ensayistas, de novelistas, de poetas,  y sabes algo? Lo que se habla es distinto, lo que se ve es distinto, lo que se toma y se come es distinto. Son cosas distintas. La poesía es algo fuera del mundo. No vas a encontrarla en las líneas de best-seller, ni en las vidrieras, no las vas a encontrar jamás en un programa de televisión. Es algo que está fuera.

-¿Incluso podría decirse que está fuera de la lógica del mercado?

-Está fuera de la lógica del mercado porque la poesía no produce riqueza. Si vos me preguntas cuales son los  poetas más conocidos de Argentina puedo darte 5 o 6 nombres pero esos poetas tardan 5 o 6 años en agotar una edición de 1500 ejemplares. Hay gente que cree que es un problema de uno y dicen “lo que vos haces no llega o no se entiende” pero no se trata de un problema mío o un problema argentino. Es un problema de la poesía en el mundo. Cuando Wislawa Szymborska, la polaca, gana el Premio Nobel de literatura en 1996 no había libros de ella publicados, se tuvo que editar y reeditar todo. Cuando Seamus Heaney, un irlandés que gano el Nobel de poesía en los ’90 tenia ediciones hechas por colectas y cooperativas de Oxford, incluso alumnos habían puesto plata para ediciones mínimas de 500 ejemplares. Es la situación de la poesía en el mundo porque precisamente rige una lógica donde la poesía no sirve.

A pesar de todo la poesía no muere…

-Porque la poesía es el género primero. Es un género anterior a la narrativa, incluso es anterior al relato de los mitos. Es como la música, es como la voz humana en la canción, es como la danza. Es lo primero.

¿Cómo llegaste a la poesía?

-Lo que pasa es que no dije a una edad ‘yo voy a ser poeta’. Es una forma que vino a mí. Si hubiera podido elegir a lo mejor hubiera elegido la narrativa porque hubiera tenido muchos más lectores, porque a lo mejor con alguna fortuna habría podido llegar a vivir de eso. Pero uno no elige. Yo no dije ‘no voy a escribir una novela o un cuento’, no viene a mi, no está en mi.

¿Nunca forzaste la posibilidad?

-No, no, no porque es una cuestión de felicidad. Entonces ¿porque abandonar esa felicidad?. Es una cuestión de vida.

-La poesía parece ocupar un lugar marginal dentro del canon literario y en relación a otros géneros ¿Cuál es tu visión?

-Es la loca de la casa, es la invitada de piedra. Los grandes premios literarios son para la narrativa en Argentina y el mundo. Si hay un prestigio y un montón de cosas pero no materialmente. Cuando vos estas metido en esto y sabes que nunca vas a vivir de la poesía, te paras distinto frente al mundo. Te paras en un lugar de mayor libertad. De la poesía en Latinoamérica durante el siglo XX pudo vivir muy bien Neruda o Benedetti, dos personas. Los demás no. Incluso en la narrativa son muy pocas las personas que viven bien. Conozco muy poca gente que no escribe poesía y lee poesía. La mayoría de la gente que lee poesía escribe poesía, bien o mal, fuera de los ámbitos académicos. Y acá la cosa es doble: no solo no podes vivir de eso sino que hay poca lectura. O hay lectura de la persona que está en el campo. Un poeta famoso es fundamentalmente famoso entre los poetas y, a lo sumo, en la academia. Es como un filatelista. Y soportar todo eso a lo largo de la vida tiene un costo porque al final decís ‘he leído toda mi vida, he escrito toda mi vida y tengo que pelear por todo’…y tiene una libertad, la libertad de decir cuando me siento a escribir soy fiel a lo que se me ocurre y me importa un carajo porque total no va a ser un best seller. Y si es un best seller no será poesía, será otra cosa.

-¿Qué pensas de la gente que pone la poesía al servicio de una suerte de militancia?

-Me parece muy bien. La poesía se expresa sobre todo. Me parece maravilloso. No me parece mal que una persona diga voy a hacer una poesía como la de los ’60 en pro de ciertas ideas políticas, etc., tienen a lo mejor el riesgo de la caducidad, de lo inmediato, el riesgo de que eso cambie, el riesgo de las decepciones. Pero creo que el que escribe a favor de una revolución, de un cambio del orden de las cosas, de una justicia, de un reclamo, de un testimonio, me parece tan válido y tan necesario como el que escribe de su intimidad, de su amor a alguien o de las montañas o de los pájaros. Todo es político y todo va a tocar también la realidad. Yo no tengo juicios ni prejuicios sobre eso. Creo que hay que valorar si algo esta bien escrito o no, acerca de lo que sea, no tiene mayor importancia.

-En los últimos años se realizan encuestas sobre consumos culturales que indican que se lee cada vez menos, los editores de diarios tienen hacer más fotográficos los contenidos…

-Cada vez mas la escritura es un pie de la imagen, nada más. Es una nota al pie. La escritura complementa a la imagen y no al revés. No le veo negativamente a eso, me parece una forma de aprendizaje distinta. No lo tengo totalizado a eso. No lo veo así, hay que ser plástico en eso. Si vos queres con esto de Facebook, de Internet, y de todo se lee mucho mas que antes. Aunque sean cosas de dos líneas, se lee más. Los jóvenes leen mas, tienen otros saberes y otras comprensiones.

Hay cierto discurso de oposición a todos estos cambios.

-Quienes dicen eso tienen la ilusión de la ilustración, del siglo XIX, pero hay que dejar atrás esas discusiones. Internet tiene solo 20 años. Los celulares tienen 15 años. En eso hay que entrar y verlo de un lado positivo así sean idiolectos o frases cortas incluso mal escritas. Pero no pasa por eso: la experiencia de escritura los chicos la tienen en el chat, en el Messenger, en Facebook, esa interrelación que pasa por la palabra y pasa por la escritura. Y esa cuestión cuando estaban de moda los fotolog, implica una educación estética también. Es una educación del ojo para una imagen, por mas que esa imagen sea del mercado. Es un conocimiento de la imagen, una erudición de la imagen que también es tecnológica y que no estaba hace 20 años. Entonces, me parece bastante jodido y reaccionario decir que está todo mal y se lee menos, bueno, pongamos lo otro, sino estamos con la cabeza atornillada para atrás y los sueños de la ilustración, de la enciclopedia terminaron. Y creo mucho más en la especie que en la historia, y de alguna forma el hombre encuentra siempre cómo seguir.

-También se habla de la desaparición física del libro y de los periódicos.

-Sin embargo, los grandes periódicos siguen saliendo en papel. Creo que es un problema del ojo humano, muy poca gente puede leer 2 o 3 horas en pantalla. Cuando la gente quiere leer, imprime. Todavía el papel es más maleable, es más cómodo pero tal vez se llegue en 2 o 3 generaciones en que todo se vuelva electrónico. Y el espíritu va a seguir flotando porque está en nosotros, el lenguaje está en nosotros. No comparto las visiones apocalípticas. O sea, todavía concurren millones de personas a ver en un escenario gente disfrazada recitando un parlamento, creo que eso anula todo discurso apocalíptico. Tengo una visión esperanzada sobre el ser humano, creo en el instinto y en la especie, creo que siempre se va a buscar sobrevivir.

-Tu biblioteca es imponente…

-Es la tercera biblioteca que armo. Ya vendí dos. Sobre esto escribí un poema: vendí una para casarme de apuro y la otra porque no tenia de qué vivir. Esta la hice en los últimos 20 años. Tiene unos 4000 ejemplares que podría vender mañana y me dejaría 40 o 50 obras. Con los años uno se da cuenta que los libros valiosos son como la gente en la vida de uno…son muy pocos libros.

¿Como ves el gremio de los escritores?

-Como todos: hay tipos santos, tipos de mierda, tipos envidiosos, tipos generosos. Ni el artista maldito, que muchas veces es una máscara para vender el personaje o la obra, ni el artista santo tampoco: los poetas están metidos en todas las cosas y por eso pueden dar testimonio de la condición humana también. Nunca sentí que por estar en la poesía o en el arte era distinto a los demás, ni más ni menos. Me sentí en una actividad distinta o menos comprendida que trajo sus dolores porque todos queremos ser queridos y valorados pero son cosas que pasaron también. Si tuve alguna ilusión de que mi vida fuera más fácil en el sentido material y/o simbólico, eso ya pasó. Esto es así. Lo que no pasa es la felicidad de escribir. Y cuando no lo sienta así no voy a escribir más. Cuando escribo siento la alegría de mis 13 años. Esto fue algo que estuvo siempre en todos los periodos de mi vida, de una vida muy cambiante y muy difícil y cuando no lo sienta haré otra cosa. La felicidad de escribir fue la razón. Y la felicidad de escribir y saber que esa felicidad no es dañina o dolorosa para nadie.

¿Pensás publicar algo nuevo antes de fin de año?

-Publiqué nueve libros en cinco años y en 2010 me tomé un descanso. El año próximo publicaré tres nuevos libros que estoy preparando ahora: Árbol viudo, otro titulado Tu y un tercero que incluye poemas extensos y muchos quiebres del lenguaje y llevará por título La desesperación y otros poemas.

¿Estás experimentando?

-Sí, con mayor libertad. En general, publiqué una poesía breve pero en La desesperación… estoy trabajando cosas más discursivas y más manchadas, con temas más sesgados, más rotos, que son cosas escritas con muy poca corrección, de un tirón. Uno a esta altura ya se da los gustos, siento que ya di cuenta de mi compromiso con la palabra y la poesía. Tengo 55 años y ahora voy a escribir con un poco más de libertad todavía. Uno se da más permisos. La presión del lector es distinta. Yo he sido muy afortunado en mi trayectoria en la poesía, muy reconocido. Ya he tenido muchas de las satisfacciones que te puede dar escribir para los demás; para adentro están siempre: cada vez que escribo soy feliz. Y ya he tenido todas las excepciones también: las negaciones, los olvidos, la indiferencia; ya he leído para 3 personas y he leído para 1500 personas también. He tenido esa suerte de haber hecho solamente poesía y de haber publicado desde muy temprano, mucho y en muchos lugares y ahora siento que estoy amortizado en eso y que si quiero escribir 40 paginas sobre el picaporte, escribo 40 páginas; y que si quiero escribir una línea sobre la eternidad, escribo una línea y ya está porque no va a pasar nada muy distinto. Lo diferente es la página en blanco.

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Simplemente Peteco

Peteco Carabajal prepara un nuevo disco titulado "El Viajero"

Peteco Carabajal prepara un nuevo disco titulado "El Viajero"

Pertenece a uno de los linajes de musiqueros populares más prolíficos del país: la familia Carabajal. Compositor sensible y portador de un rasgado original de la guitarra, Peteco no necesita demasiadas presentaciones. Durante la pausa de un ensayo en su casa, reflexiona sobre su acercamiento a la música, su relación con la industria discográfica y cuenta detalles del nuevo disco que comienza a grabar en noviembre.


“¡Hola! ¿Quién habla ahí?”. Su indisimulable acento santiagueño plasmado en el arrastre cansino de su fraseo y su forma característica de asentir –“meta chango, meta”– dan la impresión de que Peteco nunca se fue de su provincia. Aunque hace muchos años que no vive allí.

El sonido de un teclado tocado con mucha fuerza y nada de armonía se escucha de fondo. Peteco intenta concentrarse en lo que dice mientras se esfuerza para que sus hijos abandonen la sala. Hay una procesión de pasos y risas que se pierden. La voz de Peteco vuelve a brillar.

-Provenís de una familia con peso propio en el ambiente musical ¿Qué incidencia tuvo en tu formación como artista?

-Nunca me pesó el apellido. Mi familia siempre fue mi referencia más fuerte. Los descubrimientos en la música han surgido a partir de allí. Recién a los 20 o 25 años comienzo a escuchar otros sonidos y conocer otras cosas que también empiezan a ser importantes. Hasta ese momento la referencia era mi viejo (Carlos Carabajal) cantando con Los Manseros Santiagueños y después el conjunto Los Carabajalque ha sido fundado por mi viejo, por Agustín, por CutiKali. En aquellos tiempos, para mí ese sonido era el único y era fanático admirador de esa forma de cantar, de esa forma de tocar las chacareras, de esa forma de componer. Mi viejo siempre me ayudó mucho. Él hizo las letras de la mayoría de mis primeros temas.

-Te identificás con la guitarra y, sin embargo, la gente te asocia con el violín ¿por qué crees que se dio así?

-Cuando arranqué mi carrera en 1975 ningún grupo de los que había en el panorama folclórico argentino tenía violín…y hoy todos lo han incorporado. La imagen quedó desde aquel tiempo, era el joven que tocaba el violín. El hecho de que mi instrumento sea la guitarra hace que al violín casi ni lo toque en casa, lo ejecuto únicamente sobre el escenario. Pero sí es cierto que tengo un sonido particular y la impronta de estar en el escenario y siempre hacerle algún arreglo distinto: una jugadita para la tribuna (risas).

Después de tantos años de carrera, ¿Cómo resolvés la cuestión compositiva? ¿Qué cambió con los años?

-Hoy en día actúo de acuerdo al tiempo que me toca vivir. No quiero ser como cuando tenía 25 años o 30, ahora tengo 54. En aquel momento explotaba mi creatividad y era necesario, en ese momento, darle espacio a esa fuerza, a esa energía. Ahora empiezo a grabar un disco y tengo cuatro temas y con eso me basta porque no quiero hacer cosas que alguien ya hizo. Voy a grabar una chacarera que se llama ‘Aleluya Chacarera’ y siento que vale la pena darla a conocer como una creación de este momento. Además, ahora interpreto a otros. A lo mejor encuentro toda una idea que quiero transmitir en otros autores y es lo que estoy haciendo ahora en cada disco.

Sobre cantores y compositores ¿Qué opinión te merece la movida que se genera actualmente en Santiago del Estero?

-Desde hace un tiempo en Santiago se ha dado una cosa linda que es una unión entre lo que hacen los artistas y la compresión de la gente sobre ese trabajo. Por ejemplo, sale un tema nuevo o un grupo nuevo de la familia folclórica y al poco tiempo la gente ya conoce el tema o sabe del nuevo grupo. Marcelo Mitre, Demi Carabajal, Vislumbre del Esteko, el duo Orellana Lucca, Horacio Banegas, Nestor Garnica o la vigencia de Los Manseros Santiagueños, de Los Carabajal, de Cuti y Roberto…son un montón, ha visto, y todos con un buen nivel. Artistas que participan de lo que la industria propone pero que no se aferran a eso sino que están enfocados a la creación pura.

-La industria discográfica postula como figuras destacadas del folclore a SoledadLuciano Pereyrael Chaqueño Palavecino y Los Nocheros, entre otros ¿Qué le aportan esos artistas a la música popular?

-Lo que ha pasado en los ´60 con lo que se dio en llamar el boom del folclore con Los ChalchalerosLos Fronterizos y lo que vino después con Soledad y el resto ha ocurrido a partir de la industria y justamente de lo que estamos hablando es que la creación no tiene nada que ver con eso, de verdad que no tiene nada que ver. Todos los artistas para dar a conocer lo que hacemos lo pasamos por los carriles de la industria y después cada uno, íntimamente, sabe qué le entrega a la industria y qué no. Muchas veces me planteo este interrogante y se lo haría a muchos: si uno sólo dejara plasmado en un disco lo que hace como artista y eso se regala ¿los artistas grabarían lo mismo? Yo muchas veces pienso que no. Yo me he hecho esa pregunta y grabaría las mismas cosas si el disco se regalara y no tuviese ese condicionante que significa buscar el éxito de determinadas canciones o de un repertorio.

En las últimas producciones había un retorno marcado a los instrumentos esenciales del folclore: guitarra, bombo, violín y los vientos ¿Qué vas a incluir en el nuevo disco?

-Son momentos. El nuevo material se titula El Viajero y se grabará en vivo en Rosario. Estamos ensayando para grabar los primeros días de noviembre y vengo tocando guitarra criolla, charango en varios temas y violín. Mi compañero Daniel Patanchón tiene guitarra eléctrica con todos los efectos y los temas están sonando con sonidos sintetizados, guitarras con efectos, distorsiones, mientras yo puedo estar tocando el charango. Ese será el sonido que tendrá el grupo: a veces con batería, bien potente, y por ahí bien chiquitito, bien sutil, amplio.

EL BUSCADOR DE IDENTIDADES

Desde el año 2000 coordina el Taller de Experimentación Fotográfica orientado a la formación de artistas.

Gabriel Orge en persona abre la puerta del Taller de Expresión Fotográfica Manifiesto Alegría y con su mejor sonrisa de viernes cuenta que está poniendo todo en orden: esa noche, después de inaugurar la muestra de cierre del ciclo 2009, el epílogo será una fiesta.

Pero ahora que el sol cae de lleno sobre los baldosones del patio, en la casa-taller reina una calma chicha que no alcanza a ser interrumpida por una radio que suena de fondo. Gaby igual pide que la apaguen, necesita concentrarse.

Obras de él ataviadas en las paredes, un juego de luces arrumbado a un costado, dos sillas en el centro, mate y termo en el suelo, así de sencillo es el entorno minimalista donde tiene lugar la última entrevista vernácula del año. Las voces resuenan en la habitación vacía pero el diálogo fluye, sin intermitencias, para complacencia de nuestros lectores.

Antes que él se despache con unas cuantas cosas para contar, lo presentamos: Gaby Orge era un pibe tímido con alma de rock que a fines de los 80’ llegó a Córdoba desde el interior del interior. A poco de andar comenzó a incursionar en la fotografía y ya no la abandonaría más. Autodidacta desde la hora cero, pasó por las aulas pero el oficio lo forjó en las calles a pura prepotencia fotográfica.

Las hizo todas: trabajó en revistas, agencias de publicidad, en la reproducción de obras de arte, en fotografía institucional para empresas y en proyectos documentales.

Desde hace algunos años sus inquietudes lo acercaron a la docencia en algunas escuelas de fotografía pero también hacia lo que él define como la ‘docencia no formal’, esa que desarrolla en el taller del Manifiesto Alegría. Quizás lo más relevante es que nunca dejó de apostar por el desarrollo de su obra personal, por sus propios proyectos, y no le fue nada mal.

Noel en el living. fotografía directa / impresión lambda 2008 de la serie Montadas.

-¿Sobre qué temas avanza tu producción personal?

Mi investigación más importante gira en torno a las personas. Fotografío  personas en diferentes circunstancias de la vida. Ahí aparece el retrato fotográfico y entra en juego la identidad: cómo nos construimos ante la cámara, cómo nos gustaría que nos vean, cómo el fotógrafo ve a esa persona. Se crea un juego entre la realidad y el deseo, entre la realidad y la ficción. En el deseo también entra en juego la ficción, la ficción de la persona que posa de determinada manera y se viste de determinada manera. Y también la ficción del fotógrafo que ve a esa persona y con el dispositivo técnico puede transformarla, con la luz, con la técnica, con la energía que hay en el momento en que el retratado se encuentra con el fotógrafo.

-¿Cómo trabajás el tema del espacio?

-Los espacios van cambiando. Puedo trabajar en una plaza como la Plaza San Martín, en una calle popular como la calle San martín; en una cárcel de menores, en un neuro-psiquiátrico, en una villa. Las condiciones de las personas ante la fotografía van variando, la situación psicológica del momento, todo influye. En estos proyectos no trabajo sobre lo espontáneo, me enfoco sobre el retrato construido. Trabajo sobre esa construcción. Como la persona sabe que va a ser fotografiada, es un acontecimiento el que va a ser fotografiada por un fotógrafo. Me interesa lo que se genera ahí.

– Esa idea del acontecimiento fotográfico…

Claro! Eso se ve más claramente cuando trabajás en la calle. Cuando generas la condición para atraer a la gente para ser fotografiada. El encuentro entre un transeúnte ocasional y un fotógrafo es un acontecimiento fotográfico.

-¿Te considerás un documentalista subjetivo?

Lo dije una vez en una entrevista y siento que me pesa un poco. Es raro porque me invitan a una bienal de fotografía documental y me siento bicho de otro pozo. Se que mi trabajo tiene un valor documental. Hay un peso documental pero lo documental está mas relacionado a una cuestión de no manipulación, de no transformación, y en mi caso eso no es así. Hay una manipulación y una transformación.

-Pero en distintos grados…

En distintos grados. Si creo que pueden llegar a tener un valor documental algunos trabajos como La Plaza, la gente, lo popular. La plaza es un lugar de cruces, de circulación, es un lugar popular en ese sentido. Me interesa cómo se viste la gente, cómo posa ante la cámara. Por ejemplo: la actitud y las poses que los chicos presos toman ante la cámara está influenciada por la publicidad y los medios. En eso también hay un valor documental en relación a una época.

En un pantano de Anisacate. fotografía directa / impresión lambda 2007.

Una apuesta por el contenido


-Trabajás con un material sensible, la realidad. ¿De qué manera combinás lo digital y lo analógico? ¿Te fijas algún limite al momento de retocar imágenes?

No es que me ponga límites. Quizás retoco como lo haría un fotógrafo en el laboratorio tradicional pero utilizando lo digital. Retoco cuestiones de color sin que eso sea notorio o evidente. El efecto del photoshop no me interesa y veo una sobresaturación sobre todo entre los estudiantes, en los flickers, en los fotologs. Si vas a los museos o lees libros de fotografía contemporánea ese uso de retoque evidente, de efecto visual, no se encuentra. Trato de no llevar a un plano tan evidente el recurso porque sino es el recurso lo que queda en evidencia y no el contenido.

-¿Hay un trastocamiento?

-Claro, lo que ves es el efecto visual. Y fotografías que produzcan impacto visual desde el efecto estamos viendo todo el tiempo. Las gigantografías de la publicidad, lo que aparece en las revistas o en la prensa que vende imágenes sensacionalistas. Creo que hay que ser un poco más reflexivos en cuanto a los proyectos personales. Plantearse no generar tanto impacto sino un pensamiento, proponer una reflexión.

-Por lo general participas de muestras colectivas…

-Participo cuando me invitan y en las muestras del taller que tienen una estructura horizontal. Siento que mi trabajo nunca está terminado, siempre continua. Creo que voy a hacer una muestra individual cuando sienta que toda esa evolución y toda esa investigación sobre la que trabajo este lista para ser presentada como un todo, en su conjunto.

-¿Hacia dónde canalizaste tus inquietudes con la fotografía durante este último tiempo?

-Hice fotografía blanco y negro después de muchos años para volver a algo más artesanal, algo que tenga otro valor…sigo percibiendo todavía una diferencia entre lo digital y lo analógico en cuanto a la presencia. En lo analógico hay otro nivel de presencia, otro grado de presencia. En este proyecto estuve trabajando durante seis meses con un grupo de pacientes psiquiátricos. No se si voy a continuar con eso el año que viene. Quizás ya quiera separarme un poco y empezar con otras cosas que hablen de algo no tan denso, menos pesado y oscuro.

Mujer con pancho. fotografía directa / impresión lambda 2004/2005 del proyecto Plaza.

El taller Manifiesto Alegría

El proyecto Manifiesto Alegría surgió de un interés de sus creadores -Gabriel Orge y Rodrigo Fierro- por apuntalar la cuestión conceptual, teórica y de análisis que rodea a la fotografía. Eran tiempos en que los talleres eran escasos y estaban orientados específicamente a la técnica.

El taller se inició en el 2000 como una instancia de formación bastante horizontal y con la idea de intercambiar experiencias, conocimientos y generar análisis colectivos.

“Participan fotógrafos, fotoperiodistas y gente que nunca hizo fotografía: pintores, artistas plásticos, publicistas, diseñadores, alguien que realiza instalaciones…ese intercambio nos parece interesante. Enriquece mucho el trabajo colectivo y cada uno va aportando su mirada y sugerencia”, afirma Gaby.

Además del grupo participante siempre cuentan con invitados especiales. Figuras destacadas de la fotografía pero también de otros lenguajes como la filosofía, la escritura, la pintura o la instalación.

Durante 2009 se trabajó la idea de incertidumbre vinculada a la experimentación. De allí que la muestra de cierre se tituló Incierto. “La incertidumbre es parte esencial de la experimentación, no sabes dónde vas a llegar. Lo cierto es algo estático, algo que está dado y no se discute. En cambio la incertidumbre es una búsqueda constante…dispara preguntas, las respuestas por ahí no importan tanto”, concluye el coordinador.

+ info: http://www.manifiestoalegria.com.ar

Fuente: Revista digital elvernáculo, Nro. 85, Nov. de 2009. http://www.elvernaculo.com

El hombre del instante preciso

"La siesta". Una fotografía destacada del prestigioso Tomás Barceló.

"La siesta". Una fotografía destacada del prestigioso Tomás Barceló.

La desmesura toma un rumbo diferente y se pone seria para reproducir la extensa entrevista realizada a Tomás Barceló Cuesta que apareció en elvernáculo (www.elvernaculo.com.ar). Sin embargo, el extracto que finalmente fue publicado en el número 57 de la revista no permite ahondar en la personalidad de este fotógrafo y periodista cubano que hoy también se dedica a la docencia universitaria en Córdoba -Argentina-. Desde aquí intentaremos suplir esa falencia con la publicación del diálogo completo.

 

-¿Cómo te iniciaste en el fotoperiodismo?

Después de estudiar durante un año fotografía deportiva, organizado por la Unión de Periodistas de Cuba y el Instituto Nacional de Deportes, comencé a trabajar en esta última institución al tiempo que publicaba mis trabajos en la revista LPV, patrióticas siglas que quieren decir: Listos Para Vencer. Recién había salido del ejército, después de cumplir 3 años de Servicio Militar Obligatorio. Ese “encierro” obligado en una unidad militar, me soltó con una úlcera duodenal y mucha bronca con el mundo. De modo que me tomé esos estudios de fotografía, más que como vocación, como una manera de protegerme a mí mismo para no caer en un estado de desidia y ante el peligro de que me detuvieran y me aplicaran la llamada Ley del Vago, que en esos momentos existía en el país. Ése fue el impulso inicial. No tenía mucha idea de periodismo ni de nada salvo que, con la oportunidad de realizar estos estudios y la posibilidad de trabajar como fotógrafo después, no tendría que romperme el lomo trabajando como jornalero agrícola, algo que ya había hecho siendo un apenas un adolescente, o en la construcción u otros trabajos igual de duros. En el instituto de deportes trabajé durante cinco años, cubriendo eventos y competencias deportivas y escribiendo y publicando alguna que otra crónica. 

Chacón, el hombre ilustrado.

Chacón, el hombre ilustrado.

 -¿Quiénes fueron tus “maestros”? ¿Cuáles son tus influencias?

 –Tuve varios maestros, pero los dos más importantes fueron Rogelio Moré y Osvaldo Salas. El primero era además pintor. Tenía un sentido de la composición y del manejo de la luz, estrictamente pictóricos. Osvaldo Salas era un fotógrafo que vivió muchos años en los Estados Unidos. Había retratado a reconocidas estrellas norteamericanas del deporte y del cine. Hacía muy buenas impresiones en el laboratorio, además de solarizaciones, muy de moda por aquellos años. Era un constante innovador, era incansable. Pero todo eso no me interesaba tanto de él como las sorprendentes imágenes que lograba tomar de la cotidianidad de la vida.

En cuanto a influencias, nadie puede escapar de ellas. Pero el hecho de trabajar inicialmente la fotografía deportiva, me entrenó mis reflejos, que ya de por sí fueron siempre muy buenos. Con el tiempo empecé a interesarme más por los aspectos formales de la imagen, y mi vista se dirigió entonces, más allá de las tareas dentro del periodismo, a otros asuntos que, creo yo, tienen que ver con la aprehensión de cierta metáfora del instante. Era retratar el acontecimiento con las equivalencias posibles de los elementos que lo integran, con una composición que para mí resultara perfecta.

En tu forma de trabajar siempre se conjuga la fotografía y la escritura ¿Ello obedece a que la imagen o el texto por si solos no siempre son lo suficientemente esclarecedores cómo quisieras?

Antes te contaré una anécdota: cuando tenía 14 años, leí en tan sólo unas pocas horas y de un tirón, una novela tan alienante y maravillosa a la vez como es Crimen y castigo. Me dejó turulato por unos cuantos días. Con esto quiero decirte que sufro de una compulsión casi enfermiza por la lectura. Fue el primero oficio que aprendí medianamente bien: el de lector. Ad honoren. Pero me sirve de refugio, a la par que a través de ella intento darme otra explicación de la vida. Con la escritura me sucede otro tanto, pero desde la construcción. Escribo la vida como yo la siento. O la imagino. La fotografía es distinta. Hay algo ahí que hay que retratar. Uno debe tener presente siempre eso. Cosas que suceden, que existen. Hay que mirar bien, y captar mejor, parte de lo que acontece en la realidad, con la intención de hallar otros mensajes que subyacen bajo su piel y que, en apariencia, no son vistos. A veces descubro en fotografías que he tomado, otras cosas que no percibí en un primero momento. En ocasiones, personas muy cercanas a mí son quienes hacen estos descubrimientos. ¿Esto qué viene a demostrar? La incapacidad de cualquier arte de representación –y la fotografía lo es, así como la narrativa, y hasta el defenestrado periodismo- de no ser esclarecedor de nada. Hay un amplio margen de subjetividad en todo. Y eso es lo fascinante. No se esclarece nada. Es nuestra mirada que construye algo distinto. No por gusto Albert Einstein es uno de los más grandes hombres que ha tenido la Humanidad. Su Teoría de la Relatividad viró el mundo al revés.

Viva la diferencia

Viva la diferencia

Respecto a la escritura, te has desempeñado tanto en el periodismo como en la literatura y también has incursionado ampliamente en la crónica. En tal sentido, ¿Tienes preferencia por algún género al momento de escribir una historia?

Dentro de la narrativa, prefiero el cuento. Es el más difícil, y requiere de una intensidad que no le hace tanta falta a la novela, que es un género de largo aliento, y más libre. Escribir un cuento medianamente bueno siempre es un desafío. Somerset Maugham sostenía que a toda novela, por muy buena que fuera, le sobran siempre una buena cantidad de páginas. Con el cuento es imposible. No puede tener muchas páginas, y las que tenga deben ser las que requiera. Ni más ni menos. Del periodismo me gusta mucho realizar entrevistas de personalidad. Pero de todo, lo que más prefiero es escribir crónicas, porque conteniendo una buena dosis de periodismo -que en sus mejores intenciones intentará siempre la búsqueda y revelación de la verdad-, posee a su vez la subjetividad propia de la literatura. Dentro de la narrativa en general, es el género que más se ajusta a la dinámica vertiginosa de la vida.   

Dentro del fotoperiodismo te has inclinado por la foto-documental ¿Qué te atrae particularmente de ese registro?

-No estoy muy convencido de que mis fotos sean absolutamente documentales. Tampoco sé dónde encasillarlas. Mis compañeros de periodismo solían decir que mis fotos eran muy artísticas. Y algunos fotógrafos dedicados a la llamada fotografía artística, que eran muy documentales. De todas maneras, si tuviera que escoger entre una u otra, me quedaría con la fotografía documental. Es algo más preciso y directo. El concepto de fotografía artística me resulta ambiguo

Tu última sonrisa.

Tu última sonrisa.

Las luchas sociales no te resultan ajenas y esto se refleja con claridad en tu obra ¿Cómo piensas la idea del intelectual comprometido con su tiempo?

-Soy un hombre cuya actividad profesional tiene que ver con el mundo intelectual. Eso, en la vida de cualquier persona, es azaroso. Es lo menos importante. Algo que se ajusta al cumplimento de un deseo o una vocación. Pero en primer lugar, y por encima de todo, soy un hombre. Y mi mirada de hombre hacia el poder, es de absoluta desconfianza. Esto, de alguna manera u otra, se refleja en parte de lo que escribo o fotografío. El mundo está sostenido sobre un sistema absolutamente injusto, que es el capitalismo. Y sólo es posible cambiarlo mediante los movimientos populares revolucionarios y que estos, después, no sucumban al poder de un líder absoluto. Hubo intelectuales, los menos, que a lo largo de la historia se comprometieron con las causas más nobles, aquellas que estaban dirigidas a la reivindicación de las clases más desposeídas, los olvidados de siempre. Zola, defendiendo a Dreyfus a finales del siglo XIX; el poeta Miguel Hernández, cuya vida el franquismo quebró en una cárcel. José Martí, que, además de ofrecer su vida por la independencia de su país, escribió un texto fundacional donde reivindica al indio americano, en tiempos en que Sarmiento escribía sobre civilización y barbarie. El inclaudicable Eduardo Galeano. Che Guevara, figura ya mítica devenida en el símbolo esencial de la acción revolucionaria y el pensamiento más progresista del siglo XX.  Hoy, en Argentina, reivindico a una figura como Osvaldo Bayer. Y, en forma colectiva, en una escala menos gloriosa tal vez, al movimiento nacional Carta Abierta, en el cual milito desde Córdoba, que sin encolumnarse con el gobierno nacional, le reconoce a éste todo lo positivo que ha hecho, al tiempo que le señala las muchas tareas pendientes, desaprobándole sus oscuridades y errores. Es un movimiento de intelectuales de diversas tendencias ideológicas que desde un espacio común, y salvando diferencias, intenta producir pensamientos e ideas opuestos al discurso hegemónico y vertical de los grandes medios, en la mayoría de los cuales, otra gran masa de intelectuales –a mi juicio salvaguardas del poder de estos últimos y de la oligarquía-encuentran su nicho de acción y pensamiento. Pero en general, los intelectuales son seres narcisistas, por demás insoportables, ovillados en su propio ombligo, adorándose como dioses únicos de sí mismos.    

Puede señalarse que el fotoreportero que vivía en La Habana hasta fines de los 90’ y el que hoy está radicado en Córdoba es el mismo… Sin embargo, ¿Considerás que tu trabajo ha seguido una misma línea de continuidad entre Cuba y Argentina? ¿El cambio de “hábitat” trajo aparejado cambios –avances, retrocesos, rupturas, etc.- en algún plano?

No. Mi vida giró en 180 grados. De ejercer un periodismo constante, sin interrupciones, viajando de aquí para allá, a pasar de pronto a un aula y volcar ante una cantidad aproximada de 200 alumnos, mis modestos conocimientos para su introducción a la fotografía periodística. Es otro aprendizaje para mí, debo reconocerlo. Por otro lado, asumiéndolo de manera aún más positiva, puedo dedicar más tiempo a la escritura. Y a la fotografía, pero desde una mirada más rigurosa, ajena a las presiones del periodismo. Y a sus censuras editoriales e ideológicas, que siempre existieron en cualquier lugar del mundo. Hoy más que nunca. 

De todas maneras, aun sigo publicando crónicas, entrevistas y reportajes en revistas como Recovecos. He publicado en la Voz del Interior, en Hoy día Córdoba, en publicaciones importantes de la RED, como rebelión.org, y otras. No puede vivir sin hacer periodismo, de una u otra forma. También mantengo mi blog personal: http://www.ternurayrabia.blogspot.com y mi sitio web: http://www.tomasbarcelo.com          

Niño pulpero.

Niño pulpero.

La enseñanza es otra de las actividades que desarrollás en Córdoba.  La situación de la educación en Argentina no es óptima: la inversión del Estado es escasa, el rol del docente está desvalorizado, los sueldos son magros, ¿Qué te hace continuar con esta tarea? ¿Lo sientes -lo vives- como una vocación?

Mi vocación no es la docencia. Pero siempre me gustó enseñar. Suelo ser muy paciente con aquellas personas que por alguna razón u otra requieren de mí que les enseñe algo que yo sé. Debe ser porque a la vez yo soy un constante demandador de información, y hasta de enseñanza, por mi curiosidad congénita. Siempre estoy preguntando, queriendo saber algo. Intento no quedarme con ninguna duda. Partiendo de esa premisa personal, me siento cómodo entonces con la enseñanza. Y de paso, aprendo enseñando.   

-Existe una vieja discusión que tiende a enfrentar a quienes defienden la ‘formación académica’ en contra de aquellos que reivindican una ‘formación de oficio’, ¿Se puede “enseñar” a ser fotoreportero? ¿Cuáles son los límites que se plantean? 

Las escuelas de comunicación social, donde, entre otras especialidades se forman también periodistas, muchas veces contienen un excesivo academicismo. Es cierto. Tendrían que hacerse ciertas reformulaciones de los programas en las que se busque un equilibrio entre teoría y praxis. El aprendizaje teórico es necesario, hasta muy importante. Pero la práctica lo es otro tanto. De hecho, grandes periodistas de la historia, y otros tantos que hoy ejercen esa profesión, nunca traspasaron las puertas de facultad alguna. No se licenciaron de nada. Yo mismo estudié periodismo muchos años después de tener ya consolidado un prestigio profesional.

Con el fotoperiodismo ocurre otro tanto. La mayoría de los fotorreporteros ejercen el oficio sin haberlo estudiado. Pero con la fotografía, a nivel de academia, ocurre algo desastroso. Las escuelas de comunicación no le conceden el interés que merece. Contienen tan sólo magros programas, con escasos recursos humanos y técnicos. Algo increíble en una época dominada por la imagen cuyo soporte principal es la fotografía. Herramienta importantísima de manipulación de los mensajes, razón por la cual, pienso que desde edades tempranas se le debe enseñar a los niños el estudio de la imagen. Una asignatura cuyo nombre debiera ser sólo eso: Imagen. Debió implementarse desde hace años. Es un lenguaje definitivamente asentado, con su particular gramática de construcción

Por último ¿Qué consejos les darías a los jóvenes que desean iniciarse o comienzan a transitar la senda del fotoperiodismo?

No soy muy bueno dando consejos. Pero si de algo pudiera servirles a esos hipotéticos jóvenes, les diría que el 90% de la mirada que han de lanzar sobre la vida no debe ser nunca complaciente, dando por hecho de que lo que tienen ante sus ojos puede ser de otra manera y no como aparentemente se muestra. El 10% restante, dedicarlo a otorgarle una correcta composición a lo que ven y accionar el obturador en el instante preciso.

Perfil:  Fotografo, escritor, reportero y docente, Tomás Barceló Cuesta es autor de la novela Recuérdame en La Habana y coautor de los libros Bohemia, La huella en el tiempo; La necrópolis Colón; Cementerios de la Habana y Cuentos de La Habana Vieja.

Además continua publicando crónicas, entrevistas y reportajes en revistas como Recovecos. Diversos artículos de su autoría se han difundido a través de La Voz del Interior, Hoy Día Córdoba, Aquí Vivimos y Culturas y en publicaciones importantes de la red, como rebelión.org, y otras.