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Testigo en peligro

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. Incendio en sierras de Cordoba.

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. Incendio en sierras de Cordoba.

Mientras ingresamos a una sala de reuniones en la sede de La Vozdel interior el ‘Mono’ Antonio Carrizo me dirige una sonrisa cómplice y dispara su primera confesión de la tarde al referirse a la bifurcación de los límites en el fotoperiodismo: “Quizás…yo no sea el mejor ejemplo”.

Su tarea como editor de la sección imágenes lo obliga a realizar maratónicas jornadas en la redacción: organizar coberturas, asignar notas, gestionar videos y galerías de fotos, asistir después del mediodía a la primera reunión de blancos con los editores de cada sección (en la jerga periodística se llama así a la instancia donde se discuten los contenidos de la próxima edición) y volver a verse las caras cuatro horas después para definir los temas de tapa.

Pero hay tardes en que abandona por un rato su rutina para ganar la calle y accionar el disparador de su cámara como si fuera una ametralladora a repetición. Las cosas importantes ocurren en días así.

Con su uniforme de siempre -chaleco color pastel con bolsillos múltiples, el logo del diario bien visible, camisa blanca, jeans-, el Mono se deja caer en un sillón y se balancea en el lugar, gesticula ante cada frase, se ríe, disfruta recorrer su anecdotario fotográfico.

-¿Qué rasgos distinguen a un fotoreportero?

-“Desde que me inicié como fotógrafo en el diario, hace 33 años, me inculcaron que tenía que diferenciarme de los demás. Tener un estilo, un olfato diferente, pequeños detalles que dan un agregado extra a tu profesión. Intento buscar una foto que sorprenda al lector, que cuando vaya caminando y vea un título se detenga. La foto del momento justo, esa fracción de segundos, ese instante. Cuando salgo a cubrir lo estoy esperando. Una vez le tiraron un vaso de agua en los pechos a Isabel Sarli…y me quedé mirando. Ahí aprendí una lección: hay que estar siempre preparado. Siempre”.

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. Explosion de la Fabrica Militar de Rio Tercero en 1995.

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. Explosion de la Fabrica Militar de Rio Tercero en 1995.

Fotógrafo todo terreno

Para el Mono ser fotoreportero está indefectiblemente unido al trajinar de la urbe, al pulso de los fenómenos sociales, algo parecido a empaparse de calle. También implica romper el protocolo en los actos públicos, mezclarse entre activistas y policías en una movilización, perseguir el fuego junto a los bomberos durante un incendio, esquivar balas en tiroteos y, sobre todo, dejar aflorar el instinto: esa premonición que indica cuál es el lugar y el momento preciso para hacer la foto del día. El instante mágico que resume una noticia. Con treinta y tantos años de oficio, el Mono es un ser pasional que incluso pasa noches en vela cuando no aparece la foto que tanto espera.

-¿Cuáles son los límites para conseguir una foto?

-“Lo evaluás en el momento. Hay fotógrafos que tienen más disposición para ir al frente y buscar. Otros se sienten más seguros trabajando con lentes más largos, resguardándose, sin arriesgar tanto. Yo soy de los que quiere estar en el lugar para ser testigo. Con un teleobjetivo largo aplastás mucho la imagen en cambio con un lente más corto reflejás otras cosas, ubicás al lector, mostrás el ambiente donde suceden los hechos”.

-En el fragor de los acontecimientos ¿Pensás en los riesgos?

-“No pienso en el peligro sino en conseguir las mejores imágenes y en cómo llegar donde quizás los otros no se atreven. Se activa la adrenalina y te vas metiendo, te vas metiendo y llega un momento en que estás al lado de un tipo que cae con un balazo en la frente”.

La referencia al balazo no es arbitraria. Todavía recuerda como si fuera ayer una violenta represión durante un corte de ruta en Ledesma (Jujuy) que cubrió junto a un cronista durante los tumultuosos años del menemato.

Aquel día recibieron tantos proyectiles de goma en sus cuerpos que una ambulancia los quería cargar. Se negaron, querían seguir con la cobertura. Esa noche, durante la cena, repasaron la jornada y descorcharon un tinto. Antes de beber el primer trago el Mono propone un brindis con la cuota de humor que lo caracteriza: “Fijate, fijate –le dice al cronista que lo acompaña, el ‘cabrito’ Toledo-, fijate si no pierdo por algún lado”.

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. Represion en Ledesma, Jujuy (1997).

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. Represion en Ledesma, Jujuy (1997).

En el reino de lo incierto


A veces, el miedo se torna una presencia inquietante. “Podes estar jugado, sentirte hasta las manos, pero si llegas a bajar el lente…en ese momento la cámara pasa a ser algo muy fuerte. Solo puedo pensar que esas imágenes tienen que llegar a la gente. Después tomás conciencia, analizás el panorama y te preguntás si valía la pena arriesgar tanto”.

-¿Se puede predecir el resultado de un cobertura?

-“Depende un poco de la suerte. Cuando vas a hacer una nota no sabés lo que puede pasar. Tenés que estar listo para lo inesperado. Situaciones simples pueden convertirse en algo peor. Un día me envían a una protesta de docentes, a tirar un par de fotos y seguir con otra nota pero a los 10 minutos se desata una batalla campal: perros que mordían a estudiantes, la policía largando los perros, gente que tira piedras y te pasan rozando la cabeza y yo ahí sacando fotos, tratando de registrar y resumir los hechos”.

Por recomendación del director de La Voz envío una de las postales de aquella jornada a un concurso internacional. Tiempo después la Sociedad InteramericanaPrensa le otorgaría el primer premio. “Si querés sacar la mejor foto, buscala. Eso te lleva por ahí a pasar los límites. Yo soy uno de esos. Trato de buscar la mejor foto, de meterme, esto me apasiona”, dijo.

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. En territorio de las FARC, Colombia.

Foto: Antonio 'Mono' Carrizo. En territorio de las FARC, Colombia.

-Una vez superados ciertos límites ¿Es más fácil pasarse de la raya?

-“No, creo que te sirve como experiencia para saber hasta dónde pones el cuerpo y qué se puede hacer y que no. La secuencia implica llegar a un punto critico, saber que estuvo en riesgo tu vida, haber regresado, poder decir a tus hijos que volviste a casa, respirar hondo y pensar ‘esto es lo máximo loco, no arriesguemos más’…pero no pongo las manos en el fuego porque cualquier día puede pasar.”

Dice el Mono, otra vez su sonrisa cómplice asomando entre sus mejillas rellenas. En el momento de la partida se disculpa por el café que no fue, propone un vino para la próxima y anota las fotos que me enviará al día siguiente. Caminamos por la rampa de acceso a la redacción y mientras el sol se retira en el horizonte Antonio Carrizo, el Mono, habla de su periplo en Colombia tras los pasos de la guerrilla de las FARC, de las fotos en los festejos por los 120 años del teatro San Martín, de sus incursiones en barriadas miserables y eventos de alto nivel en hoteles cinco estrellas. Imágenes de un mundo al límite, imprevisible y diverso. Como la actitud del Mono cuando se entrega a la calle y se deja llevar.

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EL BUSCADOR DE IDENTIDADES

Desde el año 2000 coordina el Taller de Experimentación Fotográfica orientado a la formación de artistas.

Gabriel Orge en persona abre la puerta del Taller de Expresión Fotográfica Manifiesto Alegría y con su mejor sonrisa de viernes cuenta que está poniendo todo en orden: esa noche, después de inaugurar la muestra de cierre del ciclo 2009, el epílogo será una fiesta.

Pero ahora que el sol cae de lleno sobre los baldosones del patio, en la casa-taller reina una calma chicha que no alcanza a ser interrumpida por una radio que suena de fondo. Gaby igual pide que la apaguen, necesita concentrarse.

Obras de él ataviadas en las paredes, un juego de luces arrumbado a un costado, dos sillas en el centro, mate y termo en el suelo, así de sencillo es el entorno minimalista donde tiene lugar la última entrevista vernácula del año. Las voces resuenan en la habitación vacía pero el diálogo fluye, sin intermitencias, para complacencia de nuestros lectores.

Antes que él se despache con unas cuantas cosas para contar, lo presentamos: Gaby Orge era un pibe tímido con alma de rock que a fines de los 80’ llegó a Córdoba desde el interior del interior. A poco de andar comenzó a incursionar en la fotografía y ya no la abandonaría más. Autodidacta desde la hora cero, pasó por las aulas pero el oficio lo forjó en las calles a pura prepotencia fotográfica.

Las hizo todas: trabajó en revistas, agencias de publicidad, en la reproducción de obras de arte, en fotografía institucional para empresas y en proyectos documentales.

Desde hace algunos años sus inquietudes lo acercaron a la docencia en algunas escuelas de fotografía pero también hacia lo que él define como la ‘docencia no formal’, esa que desarrolla en el taller del Manifiesto Alegría. Quizás lo más relevante es que nunca dejó de apostar por el desarrollo de su obra personal, por sus propios proyectos, y no le fue nada mal.

Noel en el living. fotografía directa / impresión lambda 2008 de la serie Montadas.

-¿Sobre qué temas avanza tu producción personal?

Mi investigación más importante gira en torno a las personas. Fotografío  personas en diferentes circunstancias de la vida. Ahí aparece el retrato fotográfico y entra en juego la identidad: cómo nos construimos ante la cámara, cómo nos gustaría que nos vean, cómo el fotógrafo ve a esa persona. Se crea un juego entre la realidad y el deseo, entre la realidad y la ficción. En el deseo también entra en juego la ficción, la ficción de la persona que posa de determinada manera y se viste de determinada manera. Y también la ficción del fotógrafo que ve a esa persona y con el dispositivo técnico puede transformarla, con la luz, con la técnica, con la energía que hay en el momento en que el retratado se encuentra con el fotógrafo.

-¿Cómo trabajás el tema del espacio?

-Los espacios van cambiando. Puedo trabajar en una plaza como la Plaza San Martín, en una calle popular como la calle San martín; en una cárcel de menores, en un neuro-psiquiátrico, en una villa. Las condiciones de las personas ante la fotografía van variando, la situación psicológica del momento, todo influye. En estos proyectos no trabajo sobre lo espontáneo, me enfoco sobre el retrato construido. Trabajo sobre esa construcción. Como la persona sabe que va a ser fotografiada, es un acontecimiento el que va a ser fotografiada por un fotógrafo. Me interesa lo que se genera ahí.

– Esa idea del acontecimiento fotográfico…

Claro! Eso se ve más claramente cuando trabajás en la calle. Cuando generas la condición para atraer a la gente para ser fotografiada. El encuentro entre un transeúnte ocasional y un fotógrafo es un acontecimiento fotográfico.

-¿Te considerás un documentalista subjetivo?

Lo dije una vez en una entrevista y siento que me pesa un poco. Es raro porque me invitan a una bienal de fotografía documental y me siento bicho de otro pozo. Se que mi trabajo tiene un valor documental. Hay un peso documental pero lo documental está mas relacionado a una cuestión de no manipulación, de no transformación, y en mi caso eso no es así. Hay una manipulación y una transformación.

-Pero en distintos grados…

En distintos grados. Si creo que pueden llegar a tener un valor documental algunos trabajos como La Plaza, la gente, lo popular. La plaza es un lugar de cruces, de circulación, es un lugar popular en ese sentido. Me interesa cómo se viste la gente, cómo posa ante la cámara. Por ejemplo: la actitud y las poses que los chicos presos toman ante la cámara está influenciada por la publicidad y los medios. En eso también hay un valor documental en relación a una época.

En un pantano de Anisacate. fotografía directa / impresión lambda 2007.

Una apuesta por el contenido


-Trabajás con un material sensible, la realidad. ¿De qué manera combinás lo digital y lo analógico? ¿Te fijas algún limite al momento de retocar imágenes?

No es que me ponga límites. Quizás retoco como lo haría un fotógrafo en el laboratorio tradicional pero utilizando lo digital. Retoco cuestiones de color sin que eso sea notorio o evidente. El efecto del photoshop no me interesa y veo una sobresaturación sobre todo entre los estudiantes, en los flickers, en los fotologs. Si vas a los museos o lees libros de fotografía contemporánea ese uso de retoque evidente, de efecto visual, no se encuentra. Trato de no llevar a un plano tan evidente el recurso porque sino es el recurso lo que queda en evidencia y no el contenido.

-¿Hay un trastocamiento?

-Claro, lo que ves es el efecto visual. Y fotografías que produzcan impacto visual desde el efecto estamos viendo todo el tiempo. Las gigantografías de la publicidad, lo que aparece en las revistas o en la prensa que vende imágenes sensacionalistas. Creo que hay que ser un poco más reflexivos en cuanto a los proyectos personales. Plantearse no generar tanto impacto sino un pensamiento, proponer una reflexión.

-Por lo general participas de muestras colectivas…

-Participo cuando me invitan y en las muestras del taller que tienen una estructura horizontal. Siento que mi trabajo nunca está terminado, siempre continua. Creo que voy a hacer una muestra individual cuando sienta que toda esa evolución y toda esa investigación sobre la que trabajo este lista para ser presentada como un todo, en su conjunto.

-¿Hacia dónde canalizaste tus inquietudes con la fotografía durante este último tiempo?

-Hice fotografía blanco y negro después de muchos años para volver a algo más artesanal, algo que tenga otro valor…sigo percibiendo todavía una diferencia entre lo digital y lo analógico en cuanto a la presencia. En lo analógico hay otro nivel de presencia, otro grado de presencia. En este proyecto estuve trabajando durante seis meses con un grupo de pacientes psiquiátricos. No se si voy a continuar con eso el año que viene. Quizás ya quiera separarme un poco y empezar con otras cosas que hablen de algo no tan denso, menos pesado y oscuro.

Mujer con pancho. fotografía directa / impresión lambda 2004/2005 del proyecto Plaza.

El taller Manifiesto Alegría

El proyecto Manifiesto Alegría surgió de un interés de sus creadores -Gabriel Orge y Rodrigo Fierro- por apuntalar la cuestión conceptual, teórica y de análisis que rodea a la fotografía. Eran tiempos en que los talleres eran escasos y estaban orientados específicamente a la técnica.

El taller se inició en el 2000 como una instancia de formación bastante horizontal y con la idea de intercambiar experiencias, conocimientos y generar análisis colectivos.

“Participan fotógrafos, fotoperiodistas y gente que nunca hizo fotografía: pintores, artistas plásticos, publicistas, diseñadores, alguien que realiza instalaciones…ese intercambio nos parece interesante. Enriquece mucho el trabajo colectivo y cada uno va aportando su mirada y sugerencia”, afirma Gaby.

Además del grupo participante siempre cuentan con invitados especiales. Figuras destacadas de la fotografía pero también de otros lenguajes como la filosofía, la escritura, la pintura o la instalación.

Durante 2009 se trabajó la idea de incertidumbre vinculada a la experimentación. De allí que la muestra de cierre se tituló Incierto. “La incertidumbre es parte esencial de la experimentación, no sabes dónde vas a llegar. Lo cierto es algo estático, algo que está dado y no se discute. En cambio la incertidumbre es una búsqueda constante…dispara preguntas, las respuestas por ahí no importan tanto”, concluye el coordinador.

+ info: http://www.manifiestoalegria.com.ar

Fuente: Revista digital elvernáculo, Nro. 85, Nov. de 2009. http://www.elvernaculo.com

El hombre del instante preciso

"La siesta". Una fotografía destacada del prestigioso Tomás Barceló.

"La siesta". Una fotografía destacada del prestigioso Tomás Barceló.

La desmesura toma un rumbo diferente y se pone seria para reproducir la extensa entrevista realizada a Tomás Barceló Cuesta que apareció en elvernáculo (www.elvernaculo.com.ar). Sin embargo, el extracto que finalmente fue publicado en el número 57 de la revista no permite ahondar en la personalidad de este fotógrafo y periodista cubano que hoy también se dedica a la docencia universitaria en Córdoba -Argentina-. Desde aquí intentaremos suplir esa falencia con la publicación del diálogo completo.

 

-¿Cómo te iniciaste en el fotoperiodismo?

Después de estudiar durante un año fotografía deportiva, organizado por la Unión de Periodistas de Cuba y el Instituto Nacional de Deportes, comencé a trabajar en esta última institución al tiempo que publicaba mis trabajos en la revista LPV, patrióticas siglas que quieren decir: Listos Para Vencer. Recién había salido del ejército, después de cumplir 3 años de Servicio Militar Obligatorio. Ese “encierro” obligado en una unidad militar, me soltó con una úlcera duodenal y mucha bronca con el mundo. De modo que me tomé esos estudios de fotografía, más que como vocación, como una manera de protegerme a mí mismo para no caer en un estado de desidia y ante el peligro de que me detuvieran y me aplicaran la llamada Ley del Vago, que en esos momentos existía en el país. Ése fue el impulso inicial. No tenía mucha idea de periodismo ni de nada salvo que, con la oportunidad de realizar estos estudios y la posibilidad de trabajar como fotógrafo después, no tendría que romperme el lomo trabajando como jornalero agrícola, algo que ya había hecho siendo un apenas un adolescente, o en la construcción u otros trabajos igual de duros. En el instituto de deportes trabajé durante cinco años, cubriendo eventos y competencias deportivas y escribiendo y publicando alguna que otra crónica. 

Chacón, el hombre ilustrado.

Chacón, el hombre ilustrado.

 -¿Quiénes fueron tus “maestros”? ¿Cuáles son tus influencias?

 –Tuve varios maestros, pero los dos más importantes fueron Rogelio Moré y Osvaldo Salas. El primero era además pintor. Tenía un sentido de la composición y del manejo de la luz, estrictamente pictóricos. Osvaldo Salas era un fotógrafo que vivió muchos años en los Estados Unidos. Había retratado a reconocidas estrellas norteamericanas del deporte y del cine. Hacía muy buenas impresiones en el laboratorio, además de solarizaciones, muy de moda por aquellos años. Era un constante innovador, era incansable. Pero todo eso no me interesaba tanto de él como las sorprendentes imágenes que lograba tomar de la cotidianidad de la vida.

En cuanto a influencias, nadie puede escapar de ellas. Pero el hecho de trabajar inicialmente la fotografía deportiva, me entrenó mis reflejos, que ya de por sí fueron siempre muy buenos. Con el tiempo empecé a interesarme más por los aspectos formales de la imagen, y mi vista se dirigió entonces, más allá de las tareas dentro del periodismo, a otros asuntos que, creo yo, tienen que ver con la aprehensión de cierta metáfora del instante. Era retratar el acontecimiento con las equivalencias posibles de los elementos que lo integran, con una composición que para mí resultara perfecta.

En tu forma de trabajar siempre se conjuga la fotografía y la escritura ¿Ello obedece a que la imagen o el texto por si solos no siempre son lo suficientemente esclarecedores cómo quisieras?

Antes te contaré una anécdota: cuando tenía 14 años, leí en tan sólo unas pocas horas y de un tirón, una novela tan alienante y maravillosa a la vez como es Crimen y castigo. Me dejó turulato por unos cuantos días. Con esto quiero decirte que sufro de una compulsión casi enfermiza por la lectura. Fue el primero oficio que aprendí medianamente bien: el de lector. Ad honoren. Pero me sirve de refugio, a la par que a través de ella intento darme otra explicación de la vida. Con la escritura me sucede otro tanto, pero desde la construcción. Escribo la vida como yo la siento. O la imagino. La fotografía es distinta. Hay algo ahí que hay que retratar. Uno debe tener presente siempre eso. Cosas que suceden, que existen. Hay que mirar bien, y captar mejor, parte de lo que acontece en la realidad, con la intención de hallar otros mensajes que subyacen bajo su piel y que, en apariencia, no son vistos. A veces descubro en fotografías que he tomado, otras cosas que no percibí en un primero momento. En ocasiones, personas muy cercanas a mí son quienes hacen estos descubrimientos. ¿Esto qué viene a demostrar? La incapacidad de cualquier arte de representación –y la fotografía lo es, así como la narrativa, y hasta el defenestrado periodismo- de no ser esclarecedor de nada. Hay un amplio margen de subjetividad en todo. Y eso es lo fascinante. No se esclarece nada. Es nuestra mirada que construye algo distinto. No por gusto Albert Einstein es uno de los más grandes hombres que ha tenido la Humanidad. Su Teoría de la Relatividad viró el mundo al revés.

Viva la diferencia

Viva la diferencia

Respecto a la escritura, te has desempeñado tanto en el periodismo como en la literatura y también has incursionado ampliamente en la crónica. En tal sentido, ¿Tienes preferencia por algún género al momento de escribir una historia?

Dentro de la narrativa, prefiero el cuento. Es el más difícil, y requiere de una intensidad que no le hace tanta falta a la novela, que es un género de largo aliento, y más libre. Escribir un cuento medianamente bueno siempre es un desafío. Somerset Maugham sostenía que a toda novela, por muy buena que fuera, le sobran siempre una buena cantidad de páginas. Con el cuento es imposible. No puede tener muchas páginas, y las que tenga deben ser las que requiera. Ni más ni menos. Del periodismo me gusta mucho realizar entrevistas de personalidad. Pero de todo, lo que más prefiero es escribir crónicas, porque conteniendo una buena dosis de periodismo -que en sus mejores intenciones intentará siempre la búsqueda y revelación de la verdad-, posee a su vez la subjetividad propia de la literatura. Dentro de la narrativa en general, es el género que más se ajusta a la dinámica vertiginosa de la vida.   

Dentro del fotoperiodismo te has inclinado por la foto-documental ¿Qué te atrae particularmente de ese registro?

-No estoy muy convencido de que mis fotos sean absolutamente documentales. Tampoco sé dónde encasillarlas. Mis compañeros de periodismo solían decir que mis fotos eran muy artísticas. Y algunos fotógrafos dedicados a la llamada fotografía artística, que eran muy documentales. De todas maneras, si tuviera que escoger entre una u otra, me quedaría con la fotografía documental. Es algo más preciso y directo. El concepto de fotografía artística me resulta ambiguo

Tu última sonrisa.

Tu última sonrisa.

Las luchas sociales no te resultan ajenas y esto se refleja con claridad en tu obra ¿Cómo piensas la idea del intelectual comprometido con su tiempo?

-Soy un hombre cuya actividad profesional tiene que ver con el mundo intelectual. Eso, en la vida de cualquier persona, es azaroso. Es lo menos importante. Algo que se ajusta al cumplimento de un deseo o una vocación. Pero en primer lugar, y por encima de todo, soy un hombre. Y mi mirada de hombre hacia el poder, es de absoluta desconfianza. Esto, de alguna manera u otra, se refleja en parte de lo que escribo o fotografío. El mundo está sostenido sobre un sistema absolutamente injusto, que es el capitalismo. Y sólo es posible cambiarlo mediante los movimientos populares revolucionarios y que estos, después, no sucumban al poder de un líder absoluto. Hubo intelectuales, los menos, que a lo largo de la historia se comprometieron con las causas más nobles, aquellas que estaban dirigidas a la reivindicación de las clases más desposeídas, los olvidados de siempre. Zola, defendiendo a Dreyfus a finales del siglo XIX; el poeta Miguel Hernández, cuya vida el franquismo quebró en una cárcel. José Martí, que, además de ofrecer su vida por la independencia de su país, escribió un texto fundacional donde reivindica al indio americano, en tiempos en que Sarmiento escribía sobre civilización y barbarie. El inclaudicable Eduardo Galeano. Che Guevara, figura ya mítica devenida en el símbolo esencial de la acción revolucionaria y el pensamiento más progresista del siglo XX.  Hoy, en Argentina, reivindico a una figura como Osvaldo Bayer. Y, en forma colectiva, en una escala menos gloriosa tal vez, al movimiento nacional Carta Abierta, en el cual milito desde Córdoba, que sin encolumnarse con el gobierno nacional, le reconoce a éste todo lo positivo que ha hecho, al tiempo que le señala las muchas tareas pendientes, desaprobándole sus oscuridades y errores. Es un movimiento de intelectuales de diversas tendencias ideológicas que desde un espacio común, y salvando diferencias, intenta producir pensamientos e ideas opuestos al discurso hegemónico y vertical de los grandes medios, en la mayoría de los cuales, otra gran masa de intelectuales –a mi juicio salvaguardas del poder de estos últimos y de la oligarquía-encuentran su nicho de acción y pensamiento. Pero en general, los intelectuales son seres narcisistas, por demás insoportables, ovillados en su propio ombligo, adorándose como dioses únicos de sí mismos.    

Puede señalarse que el fotoreportero que vivía en La Habana hasta fines de los 90’ y el que hoy está radicado en Córdoba es el mismo… Sin embargo, ¿Considerás que tu trabajo ha seguido una misma línea de continuidad entre Cuba y Argentina? ¿El cambio de “hábitat” trajo aparejado cambios –avances, retrocesos, rupturas, etc.- en algún plano?

No. Mi vida giró en 180 grados. De ejercer un periodismo constante, sin interrupciones, viajando de aquí para allá, a pasar de pronto a un aula y volcar ante una cantidad aproximada de 200 alumnos, mis modestos conocimientos para su introducción a la fotografía periodística. Es otro aprendizaje para mí, debo reconocerlo. Por otro lado, asumiéndolo de manera aún más positiva, puedo dedicar más tiempo a la escritura. Y a la fotografía, pero desde una mirada más rigurosa, ajena a las presiones del periodismo. Y a sus censuras editoriales e ideológicas, que siempre existieron en cualquier lugar del mundo. Hoy más que nunca. 

De todas maneras, aun sigo publicando crónicas, entrevistas y reportajes en revistas como Recovecos. He publicado en la Voz del Interior, en Hoy día Córdoba, en publicaciones importantes de la RED, como rebelión.org, y otras. No puede vivir sin hacer periodismo, de una u otra forma. También mantengo mi blog personal: http://www.ternurayrabia.blogspot.com y mi sitio web: http://www.tomasbarcelo.com          

Niño pulpero.

Niño pulpero.

La enseñanza es otra de las actividades que desarrollás en Córdoba.  La situación de la educación en Argentina no es óptima: la inversión del Estado es escasa, el rol del docente está desvalorizado, los sueldos son magros, ¿Qué te hace continuar con esta tarea? ¿Lo sientes -lo vives- como una vocación?

Mi vocación no es la docencia. Pero siempre me gustó enseñar. Suelo ser muy paciente con aquellas personas que por alguna razón u otra requieren de mí que les enseñe algo que yo sé. Debe ser porque a la vez yo soy un constante demandador de información, y hasta de enseñanza, por mi curiosidad congénita. Siempre estoy preguntando, queriendo saber algo. Intento no quedarme con ninguna duda. Partiendo de esa premisa personal, me siento cómodo entonces con la enseñanza. Y de paso, aprendo enseñando.   

-Existe una vieja discusión que tiende a enfrentar a quienes defienden la ‘formación académica’ en contra de aquellos que reivindican una ‘formación de oficio’, ¿Se puede “enseñar” a ser fotoreportero? ¿Cuáles son los límites que se plantean? 

Las escuelas de comunicación social, donde, entre otras especialidades se forman también periodistas, muchas veces contienen un excesivo academicismo. Es cierto. Tendrían que hacerse ciertas reformulaciones de los programas en las que se busque un equilibrio entre teoría y praxis. El aprendizaje teórico es necesario, hasta muy importante. Pero la práctica lo es otro tanto. De hecho, grandes periodistas de la historia, y otros tantos que hoy ejercen esa profesión, nunca traspasaron las puertas de facultad alguna. No se licenciaron de nada. Yo mismo estudié periodismo muchos años después de tener ya consolidado un prestigio profesional.

Con el fotoperiodismo ocurre otro tanto. La mayoría de los fotorreporteros ejercen el oficio sin haberlo estudiado. Pero con la fotografía, a nivel de academia, ocurre algo desastroso. Las escuelas de comunicación no le conceden el interés que merece. Contienen tan sólo magros programas, con escasos recursos humanos y técnicos. Algo increíble en una época dominada por la imagen cuyo soporte principal es la fotografía. Herramienta importantísima de manipulación de los mensajes, razón por la cual, pienso que desde edades tempranas se le debe enseñar a los niños el estudio de la imagen. Una asignatura cuyo nombre debiera ser sólo eso: Imagen. Debió implementarse desde hace años. Es un lenguaje definitivamente asentado, con su particular gramática de construcción

Por último ¿Qué consejos les darías a los jóvenes que desean iniciarse o comienzan a transitar la senda del fotoperiodismo?

No soy muy bueno dando consejos. Pero si de algo pudiera servirles a esos hipotéticos jóvenes, les diría que el 90% de la mirada que han de lanzar sobre la vida no debe ser nunca complaciente, dando por hecho de que lo que tienen ante sus ojos puede ser de otra manera y no como aparentemente se muestra. El 10% restante, dedicarlo a otorgarle una correcta composición a lo que ven y accionar el obturador en el instante preciso.

Perfil:  Fotografo, escritor, reportero y docente, Tomás Barceló Cuesta es autor de la novela Recuérdame en La Habana y coautor de los libros Bohemia, La huella en el tiempo; La necrópolis Colón; Cementerios de la Habana y Cuentos de La Habana Vieja.

Además continua publicando crónicas, entrevistas y reportajes en revistas como Recovecos. Diversos artículos de su autoría se han difundido a través de La Voz del Interior, Hoy Día Córdoba, Aquí Vivimos y Culturas y en publicaciones importantes de la red, como rebelión.org, y otras.