Archive for 26 enero 2013

Un viaje a través de la lengua

Cursos intensivos de idioma en Cordoba.

Cursos intensivos de idioma en Cordoba.

El verano ofrece una oportunidad inmejorable para estudiar un idioma extranjero. Te presentamos algunas opciones copadas en la siguiente crónica. 

 

Verano en la ciudad. Calor, humedad, más calor. Soles majestuosos pero sin playa ni océano a la vista. Hay formas de encontrar un alivio transitorio: una ducha de agua fría, un ventilador que vomita aire caliente. Si te toca laburar, estudiar o quedarte en casa por falta de guita, si no sos el feliz ganador del Gordo de Navidad o de un viaje paradisíaco para 4 personas, no queda otra que sobrellevarlo de la mejor manera.

Nos preguntamos entonces ¿No es injusto tener que soportar la felicidad ajena de los que si disfrutan sus vacaciones y colapsan Facebook con fotos y sonrisas desde destinos soñados? ¿Acaso los que se quedan no pueden viajar a Berlín, Paris, Florencia, Londres o New York…aunque sea imaginariamente?.

Pensando en estos viajeros de entrecasa, dedicamos dos jornadas a recorrer espacios emblemáticos que dictan cursos de idiomas extranjeros durante el verano. Una forma diferente de viajar hacia otros países a través de su lengua y su cultura pero sin presentar pasaporte.

En la ciudad de la furia

Jueves 11.00 a.m.: el cronista está indeciso y no sabe por donde comenzar. Casi por instinto se dirige a Plaza España. La idea de actuar de incógnito para obtener información es tranquilizadora: cuando uno se presenta como periodista algunos piensan que la verdadera intención es vender publicidad o brindar una imagen distorsionada de su institución. De nada sirven las explicaciones.

-“Seguro hay algo raro… ¿Cuál es la trampa?”.

Pero no hay secreto, no hay revelación y ante la incredulidad de nuestro ocasional interlocutor no queda otra opción que buscar la puerta de salida.

Esta vez es distinto: mi papel consiste en pasar por un potencial estudiante de idiomas que deambula por Nueva Córdoba y el centro con el fin de conocer las ventajas que ofrecen los cursos de verano.

Como decir cerveza en alemán

Jueves 11.20 a.m.: La primera escala es Avenida Yrigoyen 646, sede del Goethe-Institut. Allí no vas a encontrar una réplica a escala del Muro de Berlín pero si podes aprender alemán. Está emplazado en una casona antigua y silenciosa. En la recepción una chica de sonrisa amplia se esmera en contestar mis preguntas mientras ofrece un volante con información clave. También me quedo con otro folleto que promociona los cursos con la imagen de un vaso lleno de cerveza acompañado de la leyenda “Bier…ya estás aprendiendo”. El gancho funciona. Dan ganas de tomar cerveza y de paso aprender alemán.

El intensivo de verano inicia el 03 de enero en módulos de 3,15 horas de duración, dos días a la semana. Para cursar en un nivel superior al principiante es indispensable rendir un examen de nivelación.

Cinco en uno

Jueves 11.45 a.m: Camino hacia el centro paso frente al ex Palacio Ferreyra y por suerte la Asociación Argentina de Cultura Británica tiene sus puertas abiertas. En el lugar reina una calma chicha apenas interrumpida por la voz firme de una señora vestida con zapatos, falda y saco negro que explica:

-“Aquí no se dictan cursos de verano”.

La oferta de inglés de Cultura Británica está orientada sobre todo a niños y adolescentes y como ellos desaparecen durante las vacaciones, la actividad es nula.

Jueves 12.10 p.m: El calor del mediodía ahuyenta a los transeúntes hacia la vereda donde el sol golpea menos. En la zona del Mercado Sur, mujeres en grupos de 2 o 3 pelean cuerpo a cuerpo por las mejores ofertas en ferias de ropa trucha y locales de segunda selección.

Al 159 de Ituzaingó, entre un banco y un local de ropa interior femenina, se encuentra el área de Cursos Intensivos dependiente de la Facultad de Lenguas de la UNC. Hay que recorrer un extenso pasillo para llegar hasta las pizarras informativas. Las opciones abundan: inglés, francés, portugués, alemán e italiano. Las clases comienzan a partir del 10 de enero y se cursa 4 veces a la semana durante 2 meses. Si contás con conocimientos previos siempre está abierta la posibilidad de rendir un examen de ubicación. Si en cambio tu nivel es avanzado la alternativa pasa por los cursos de consolidación. Sus contenidos incluyen desde pronunciación y articulación hasta películas, juegos y aspectos culturales como tradiciones, comidas, música y arte.

¡Guardia! ¡Guardia!

Viernes 19.30 p.m.: El Instituto Italiano de Cultura brinda sus cursos en un viejo edificio próximo al Consulado. El aislamiento acústico es increíble: desde la ventana pasan autos y colectivos pero solo se escucha el televisor de la sala principal con el sintonizador clavado en la RAI. Después de un rato de espera aparece un guardia de seguridad que se excusa porque nadie puede atender y me invita a dirigirme hasta Ayacucho 131. Diez minutos más tarde, ya en la sede central, otro guardia de seguridad anuncia que la secretaria salió a realizar un trámite y que toda la información necesaria está en el folleto rojo furioso que entrega a todo aquel que ingresa al lugar.

Se escuchan voces de fondo cantando a capella.

-“Es que hay un ensayo. El miércoles se cierra el año con un número de ópera. Es gratis, puede venir si quiere”, dice el guardia.

Le doy las gracias y apuro el paso. El folleto rojo indica que desde el 17 de enero hasta el 11 de marzo se dictan cursos intensivos de italiano solo para primero y segundo nivel.

Viernes 19.55 p.m.: En el bar de la Alianza Francesa dos personas que toman café me miran pasar con indiferencia. La ventanilla de la Secretaría está cerrada. La empleada está de pie del otro lado del vidrio con su cartera en la mano y amaga con irse. Le hago señas desesperadas. Me entrega el folleto de rigor y se despide a toda velocidad.

La Alianza propone su propio Tour de France. “Un recorrido intenso por la lengua y la cultura francesa” en cuatro niveles de perfeccionamiento que inician el 2 de febrero y concluyen el 11 de marzo. Se cursa dos veces por semana, tres horas por día.

La última de las postales del día muestra la Torre Eiffel y el Arco del Triunfo en una misma secuencia junto al Arco de Córdoba y la Iglesia de Los Capuchinos. Ojalá todo estuviera tan cerca. ¡Oh la lá! París!.

Anuncios

Departamento compartido

Historias de convivencia bajo el mismo techo

Historias de convivencia bajo el mismo techo

A raíz del aumento del costo de vida y sobre todo de los alquileres cada vez más jóvenes estudiantes deciden resignar privacidad para compartir departamento con amigos, familiares, parejas e incluso desconocidos ¿Cómo es vivir con otros cuando no te queda otra?

 

“No me alcanza/ no me alcanza, hermano/ se necesita un poco más/ sólo un poco más (…)”, dice una vieja canción entonada por Ricardo Tapia. En ella, el legendario líder de La Mississippi alude a lo difícil que es para un músico independiente vivir con las monedas contadas. En este sentido, los estudiantes y los músicos del under no son tan diferentes.

Nadie mejor que un universitario conoce lo que es hacer malabarismo con el dinero. Si no es por la comida o los cospeles, serán las expensas y los apuntes, o algún gasto extraordinario no previsto que harán del arroz y los fideos dos aliados indispensables cuando el calendario marque los últimos días del mes.

El mundo gira en torno al vil metal y lo tenés bien presente cada vez que vas al supermercado o pagás el alquiler. Justamente, uno de los gastos fijos que más castiga el bolsillo estudiantil es el alquiler y desde hace algún tiempo el costo de vivir en un lugar más o menos habitable parece haber tomado vida propia: crece sin pausa, como esa suciedad que se acumula debajo de la heladera y cuya limpieza siempre dejamos para el mes siguiente.

 Los estudiantes que alquilan

Según el ‘Informe de Calidad de Vida y estado de salud de la población estudiantil’ elaborado por la UNC, los jóvenes que provienen del interior -de ésta provincia y de otras- representan a más de la mitad de la población estudiantil de Córdoba. En números concretos, es como si las más de 60 mil personas que viven hoy en Río Tercero armaran sus valijas para radicarse en la capital provincial.

Y si de este grupo quitamos a los envidiados estudiantes que viven solos (un escaso 13,3 por ciento) podemos ver que una buena parte de los jóvenes se las arregla como puede conviviendo con otros -familiares, amigos, compañeros, parejas e incluso desconocidos- en un departamento o una casa alquilada.

 Hecha la ley, hecha la trampa

Si bien los vaivenes económicos impactan en la demanda de departamentos y a pesar que la construcción de nuevos edificios aumentó la cantidad de alternativas disponibles, el valor de los alquileres tendió al alza constante en la última década.

A ello se agrega que los contratos de locación incluyen argucias legales que permiten “ajustar” el precio siempre hacia arriba, medida que tarde o temprano impacta en la economía estudiantil.

Ante un escenario poco amigable, con sucesivos incrementos en el costo de vida -un indicador que palpás a diario cuando comprás una costeleta, pagás un taxi o pedís un trago en un boliche- se ponen a prueba nuevas estrategias de supervivencia.

Una de las opciones que más se ha popularizado entre los estudiantes de Córdoba consiste en resignar privacidad y sumar voluntades -y algunos pesos- para ‘compartir’ los gastos de alquiler.

Ingresamos en la intimidad de jóvenes que conviven con amigos, familiares y hasta desconocidos para contarte cómo es vivir con otros cuando no te queda otra.

No hay dos sin tres

Como en las librerías todavía no se consiguen manuales de convivencia para desconocidos Lucía Morcos (20 años) tuvo que ingeniárselas para entrar en confianza con su nueva compañera de departamento -otra Lucía- de manera instintiva, haciendo lo que mejor le sale: “hablar hasta por los codos”, como dice ella riéndose de sí misma.

Tras dejar atrás su Mendoza natal para estudiar Abogacía, Lucía vivió un tiempo con unos tíos cordobeses hasta que encontró un cartel en la Facultad de Ciencias Exactas que le abrió las puertas a una nueva vida, la actual. Las lucías se hicieron amigas rápidamente y ya llevan seis meses de convivencia armónica.

Pero a Lucía Morcos el aumento de alquiler del mes de agosto le alteró el presupuesto de tal manera que optó por pegar carteles en la facultad para compartir su habitación. Carol, ‘La Salteña’ -como le dice Lucía cariñosamente-, es la nueva incorporación al equipo. Ahora forman un trío que -con pocos recursos y mucho empeño- encara proyectos: para el año próximo sueñan con vivir a sus anchas en una casa.

Los hermanos sean unidos

Cuando el puntano Augusto Ayub (22 años) llegó a Córdoba para estudiar Ingeniería en Telecomunicaciones no le preocupaba donde vivir: Emiliano, su hermano mayor, le tenía reservado un lugar en el departamento que la familia alquila desde siempre.

Pasó el tiempo y ahora Augusto quiere vivir sólo: siente que el departamento de 2 ambientes les queda chico y cada uno tiene intereses diferentes. Emiliano prefiere pasar tiempo con su novia y Augusto disfruta de tocar la viola a todo volumen y hacer la previa con sus amigos antes de salir el fin de semana.

Los hermanos Ayub se reclaman -mutuamente- espacios de intimidad pero no siempre cumplen el uno con el otro: una llegada imprevista puede impedir que Emiliano concluya un buen momento con su novia o, al revés, Augusto tiene que renegar más de la cuenta para organizar una reunión con amigos sin la presencia de su hermano.

Con el orden y la limpieza tampoco hay acuerdo así que los mosaicos que adornan el departamento parecen haber olvidado hace tiempo cómo es la vida sin polvillo. No todas son pálidas: se turnan una vez al mes para pagar las cuentas y hasta ahora “dio buenos resultados”, dice Augusto.

Casa pequeña, corazón grande 

¿Qué dirías de convivir con tus amigos de toda la vida? Al salteño Pablo Portal (20 años) la idea le gustó desde el primer momento: después de pasar por una pensión y una fugaz experiencia en la UNC, en 2008 se anotó en cine en La Metro. Para entonces ya alquilaba un departamento con Benjamín, Joel y Aldo, sus compañeros de aventuras desde la escuela primaria.

“No fue nada muy planeado. Somos amigos desde hace mucho tiempo: lo lógico era que vivamos juntos y más lógico todavía por el tema de la plata. El alquiler es caro y entre todos se hace mucho más barato”, comenta Pablo.

Organizarse entre varios es cuestión de ceder en algunas cosas y exigir en otras. Es por ello que el cuarteto salteño divide los quehaceres del hogar: uno cocina, otro lava los platos, un tercero limpia, etc. La convivencia también se facilita porque “ya sabemos cuándo se puede joder y cuando no. Obviamente nos peleamos pero charlando se soluciona”, agrega.

Como ocurre con esas comidas estudiantiles improvisadas en donde la olla se va poblando con los ingredientes disponibles, los universitarios saben que la convivencia más que una elección es una necesidad pero no por eso necesariamente una carga. Como explica Pablo a veces el humor es la mejor receta: “Siempre hacemos jodas, cada uno tiene su gracia, tratamos de reírnos todo el tiempo”…y eso también está bueno.

Realitys: directo a la fama

Los reality shows cambian de formatos pero mantienen una alta popularidad ¿Los participantes buscan fama o sólo quieren una oportunidad para mostrar su talento? Analizamos porqué estos certámenes encarnan el sueño de miles de jóvenes anónimos que aspiran convertirse en celebridades a un costo demasiado alto.

El atractivo de los reality show y los riesgos de la fama efímera

El atractivo de los reality show y los riesgos de la fama efímera

 

El fenómeno de la telerrealidad se ha instalado en la pantalla televisiva de nuestro país a punto tal que constituye un soporte prioritario de las productoras exitosas. Además de audiencias millonarias, el espectáculo de la “vida en directo” proporciona contenidos baratos que nutren a varios programas en todas las franjas horarias, así como nuevos personajes a precio de saldo dispuestos a fingir amores y rupturas, dejarse insultar o pegar gritos para atraer el zapping colectivo.

Esta gran aceptación por parte del público ha logrado hacer de los reality shows un género casi imposible de combatir a la hora de los cálculos del rating. Sólo en la última década han pasado por la pantalla chica una veintena de formatos diferentes: desde Gran Hermano a Expedición Robinson pasando por Operación Triunfo, La Playa, El Bar, Confianza Ciega, Popstars o Super M en los cuales han participado cientos de concursantes.

Jóvenes, fotogénicos, narcisistas y desinhibidos, la mayoría conciben el reality como una plataforma de éxito social. Más que ganar el premio millonario buscan triunfar en la vida; ser “alguien”. Lo que genera un escenario atípico: nunca la tele engendró tantos nuevos famosos y nunca éstos -salvo raras excepciones- duraron tan poco en el imaginario colectivo. Mientras las intimidades ajenas fluyen en las pantallas, la televisión deglute en poco tiempo a estos personajes.

Espontaneidad cero

Sin embargo, a pesar de lo que su nombre implica, la telerrealidad rara vez muestra situaciones realmente espontáneas, pues los individuos son puestos por lo general en escenarios que no les son familiares o fuera de su contexto de vida. La telerrealidad explota las reacciones emotivas de los participantes, y mientras más extremas sean éstas, más interés presentará la emisión para sus seguidores.

 “Los reality shows trabajan el tema de cómo se configuran los espacios de la vida privada en relación a los espacios sociales públicos -explica el semiólogo Eliseo Verón- pero, la noción misma de reality show es una especie de paradoja porque si es show no es reality y si es reality no es show”.

Alfredo Caminos y Mariana Aranguren son dos comunicadores cordobeses que estudiaron el fenómeno de los reality shows. En una investigación reciente destacan que los ‘talk shows’ -ciclos donde la gente confiesa sus problemas- son el antecedente directo de este formato televisivo, con la particularidad de que un reality hace parecer como ficción a la realidad: “Basta para ello con poner un montaje televisivo, en la puesta en escena y/o en la edición, o sea utilizar los recursos dramáticos de construcción típicos de la ficción pero apuntando a la realidad. No es ficción, pero se le parece, es la realidad pero el lenguaje es de la ficción”.

El estudio también propone una nueva denominación para estos ciclos. “Los ‘reality shows’ son en realidad ‘reality games’, porque son un juego, un juego con la vida, con los sentimientos, con la moral. Y porque se juega a la ficción”.

 Actores de reparto

El deseo de fama y popularidad puede funcionar como un importante motor para participar de un reality show. Ahora bien, en caso de lograrlo la nueva situación puede traer satisfacciones y decepciones en dosis semejantes si no se está preparado para afrontar los desafíos que ello implica.

Para la socióloga francesa Dominique Mehl, autora de ‘La televisión de la intimidad’, los participantes de estos programas “se exponen a un riesgo potencial al salir de esta manera del anonimato para exponerse ante las cámaras durante varias semanas sin estar preparados para una carrera pública, y luego ser desechados, como ocurre en casi todos los casos. Riesgo agravado en la medida en que estos jóvenes casi adultos están en una situación de fragilidad o de precariedad psicológica, social o profesional”, advierte.

El precio de la fama es el escándalo, que inevitablemente tiene que venir asociado a enredos amorosos (infidelidades, desplantes y separaciones en malos términos encabezan el ranking) o debates de conventillo (me dijo, le dije, anduvo diciendo); y eventualmente a una desgracia o una novedad notable (embarazos, casamientos, accidentes graves, etc).

Federico Hoppe es uno de los dos productores generales de ShowMatch, el programa de Marcelo Tinelli que viene marcando el ritmo de la tele local a fuerza de ratings tan asombrosos como sostenidos con ‘Bailando por un sueño’. En una entrevista reciente a un diario porteño, indicó:“Muchas de las personas que participan se van para el lado del escándalo, tiene que ver con el target de cada uno de los personaje (…). Estos programas tienen un grado de exposición muy alto mientras se está participando del segmento, porque te da una popularidad muy importante. Cuando dejás de estar en el programa, algunos pasan de largo y otros se mantienen”.

Lo cierto es que muchos participantes quedan en el camino y eso es propio de una sociedad capitalista, afirma Gustavo Bueno, filósofo y autor del ensayo ‘Telebasura y democracia’. “Yo no los haría objeto de compasión. He conocido aspirantes a escribanos que están vendiendo golosinas; algo nada degradante, pero sí para sus expectativas”. Un ejemplo muy ilustrativo de esto último es el rotulo que le asignan en España a los participantes de reality shows: ‘famosos-kleenex’, famosos de usar y tirar.

Pánico al anonimato.

Al analizar el fenómeno cultural que se esconde tras el auge de los diversos modos que asume el yo de quienes deciden abandonar el anonimato para lanzarse al dominio del espacio público a través de blogs, fotologs, webcams, sitios como YouTube y FaceBook…y en el ámbito televisivo desde los reality shows, la investigadora Paula Sibilia, plantea una visión critica sobre el fervor por la visibilidad mediática reinante: “Las nuevas subjetividades se construyen, diseñan y viven a partir de una visibilidad total; la visibilidad es ruido, superficie, felicidad de encajar en el molde. Se es no lo que se hace, sino lo que se ve. Quien no se hace notar ante la mirada ajena, no existe”, sentencia.

En tal sentido, un indicio que describe con claridad el proceso de transformaciones que atraviesa la sociedad es la propensión a definir el propio yo por elementos externos (la apariencia, la performance social) o biológicos (los genes). Sibilia comenta: “El mundo contemporáneo necesita cuerpos más ávidos, ansiosos, flexibles y reciclables. Por eso se estimula la creación de modos de ser ya no orientados hacia ‘dentro’ sino hacia ‘afuera’, es decir, hacia aquello que se ve. Junto al crecimiento de la cultura mediática, crece la necesidad de ser visto, porque aparecer es la clave para poder ser alguien”.

Entre todas las criticas que pesan sobre los reality existe un elemento que inclina la balanza a favor de estos formatos y es que ofrecen una oportunidad para mostrar algún talento, algo que no siempre está a la vuelta de la esquina. De allí que, en algunos casos, se constituyen en semilleros de artistas, músicos y actores que luego circulan por grandes escenarios alcanzando una trascendencia impensada dentro de los circuitos alternativos.   

A contramano de los pronósticos agoreros que anuncian su pronta desaparición, los reality shows se reciclan y siguen gozando de una basta popularidad que parece no tocar techo. La tendencia mundial indica que para satisfacer las crecientes necesidades vouyeristas de la audiencia los reality del futuro deberán crear espectáculos más arriesgados, introducir mayores variantes y jugar al filo del límite: una reconversión que puede disparar aún más el rating o anticipar su “expulsión” de la pantalla chica.