Archive for 8 noviembre 2010

Celebración de la palabra

Alejandro Schmidt escribió su primer poema a los 13 años. Actualmente, lleva editados unos 35 obras de su autoría. Dirigió la revista nacional e internacional El gran dragón rojo y la mujer vestida de sol entre 1987 y 1991. Es miembro de World Poets Society (WPS), con sede en Grecia, y de Poetas del Mundo, con sede en Chile.

Parte de su prolífica obra fue traducida al inglés, italiano, alemán, portugués y catalán; y dos de sus libros se transcribieron al Braille. Sus textos son material didáctico en la Universidad Nacional de Buenos Aires y la Universidad Nacional de San Salvador de Jujuy y material de consulta en diversas cátedras de la Universidad Nacional de Córdoba.

Colaboró con más de 250 revistas y diarios de Argentina, Latinoamérica, Europa y Estados Unidos. Su obra poética ha merecido tres premios internacionales, una veintena de premios nacionales y otros tantos a nivel provincial y municipal. Actualmente dirige la colección de poesía de editorial Recovecos de la ciudad de Córdoba.

Publicamos a continuación una extensa entrevista realizada con el poeta villamariense de la que se extrajeron unos breves pasajes luego publicados en la edición 107 de la revista digital Elvernáculo (http://www.elvernaculo.com).

La poesía tiene una gran cuota de caos ¿Cómo es posible que haya quienes dedican una cantidad determinada de tiempo a escribir sobre la casa, el mar o cualquier otro tema?

-Y dependerá de los grados de obsesión. Yo he tenido una obsesión más por escribir que por los temas. Me hace feliz escribir, no importa mucho el tema porque va saliendo, es lo que va saliendo. Pero hay muchos poetas que trabajan así, incluso hay algunos que escriben poco pero lo que escribe queda. Yo escribo mucho: 150, 200 poemas por año pero desecho mucho, lamentablemente cantidad no es calidad. Tengo la necesidad de escribir después si sirve, servirá…la mayoría no sirve.

-¿Te tomas un tiempo para revisar el texto después de volcarlo sobre el papel?

-Si y escribo de un tirón. Así sea un poema extenso de 300, 400 líneas que equivalen a 5 o 6 páginas de un libro de poemas. En realidad, el tiempo material son 10, 15, 20 minutos. Releo y puedo hacer 1 o 2 correcciones y después lo dejo en el papel suelto o arranco la hoja de cuaderno, o si fue escrito a máquina imprimo y lo dejo estacionar. Algo corrijo, lo paso al cuaderno y ya no lo miro más. A la hora de elegir para publicar generalmente corrijo de nuevo. He visto que es importante dejarlo estacionado un par de meses. Alejarse de eso, olvidarse de que uno lo escribió y mirarlo con otros ojos.

-Entonces ¿Crees en la tarea de edición en poesía?

-Sí pero en la edición del autor.

-¿Por qué decidiste cerrar Radamanto y alejarte de tu rol como editor?

-Siempre hice una edición totalmente artesanal. Nunca puse librería, nunca hice distribución, nada. He enviado más de 15000 cartas en 25 años y también es mucho dinero. Mucha guita salida de mis sueldos, de pedir plata prestada, y bueno, me cansé. Me cansé porque toda esa tarea la hice al lado de mi propia obra y al lado de los trabajos para sobrevivir y al lado de la familia y al lado de todo. Llego un momento que tuvo un límite.

-¿Implicó algunos renunciamientos?

-Siempre lo hice con mucha alegría y mucha felicidad. Ahora no se me escapa que toda esa tarea diaria, sobre todo la parte de difusión que fue muy fuerte, me implicó no disfrutar de un montón de cosas. Pero fue más grande el disfrute de hacerlo y además tuve el privilegio de tener una compañera a la que todo esto siempre le pareció muy bien. Yo nunca intente hacer una pyme o una empresa. Siempre lo hice persona a persona. Esa tarea tuvo la consecuencia de haberme relacionado con infinidad de poetas, de periodistas y de difusores del país y del extranjero a lo largo de 20 años sin parar. Porque una cosa es cuando te dedicas solamente a llevar tu palabra a cuando llevas la palabras de otros. Es infinitamente más fértil.

-¿Sabes qué cantidad de autores pasaron por Radamanto?

-En total he difundido cerca de unos 600 poetas argentinos contemporáneos: el 80% han sido poetas del interior del país provenientes de 17 provincias. El resto pertenece a Buenos Aires.

-¿Cuál era el criterio de selección?

-Lo que consideré valioso: fundamentalmente producciones de gente más joven y sobre todo lo argentino.

-¿Tus lecturas se orientan a la poesía?

-No, yo leo mucho Historia, leo muchas biografías, en general. Historia de las ideas, Historia del siglo XX y lo que más leo es mitología y teología. Poesía leo siempre por una cuestión de oficio pero no es lo que más leo. Hasta los 35, 40 años leía poesía por sobre todo. Ahora me alimento de otras cosas. Tengo que leer siempre poesía, no paso una semana sin leer poesía. Pero cuando busco para leer leo otras cosas, la poesía está en todo.

-¿A cuales poetas seguís? ¿Quiénes son tus referentes argentinos?

-Fundamentalmente Carlos Mastronardi, Ricardo Molinari y Juárez de Ortiz. Juan Gelman también, aunque no todo. De los poetas más jóvenes, de los años ‘90, me inclino por Fabián Casas. De la poesía de Córdoba me gusta Silvio Mattoni, Carlos Schilling y un poeta aún más joven: Carlos Surghi. También vuelvo y releo a Edgar Bayley y a Raúl Gustavo Aguirre, ambos de la generación de los años ’50, entre otros.

-¿Leíste libros de autoayuda?

-He leído y creo que han estado siempre. Las Meditaciones de Marco Aurelio, los libros de Séneca, los libros del estoicismo, en general, son libros de autoayuda. Son de otra cabeza, de filósofos, pero también te enseñan a vivir. Si lees los proverbios en La Biblia, o lees El libro de la Sabiduría también son libros de autoayuda. Son textos que te dicen cómo llevar tu vida en la tierra. Ahora es un fenómeno comercial y es el género más leído, como los libros de management, de marketing. Yo no tengo una opinión si se quiere negativa sobre eso, me parece que es algo muy humano. Creo que los seres humanos necesitamos guías y búsquedas. En tiempos más felices se buscaban en la Biblia o la Filosofía y ahora se busca en estas recetas ‘Diez pasos para ser un empresario poderoso’ o ‘Las 48 leyes del poder’, en definitiva es lo mismo. El ser humano quiere saber cómo vivir, como estar mejor.

-Pero una cosa es leer la Biblia o Filosofía y otra bien diferente es leer autoayuda…

-Lo grave de los libros de autoayuda es que te llevan a un individualismo feroz, donde el otro no existe. En la Biblia los otros están a través del amor, en la Filosofía los otros están a través del Estado. En los libros de autoayuda lo único que hay es autoayudate y salvate contra todo: la ferocidad del narcisismo y del individuo. Pero son una parte de la experiencia humana. Nadie es autónomo. En este momento donde hay poco padre, poco madre, donde la escuela es un fracaso, donde se ha relativizado prácticamente todo…el ser humano necesita un orden, una voz que le diga ‘haciendo esto vas a subir esa montaña del dinero, del prestigio’, lo que cada uno desee, que son los deseos de este momento de la civilización. Yo he leído autoayuda por curiosidad pero cuando he necesitado ayudarme prefiero leer textos religiosos o filosóficos.

-Se habla mucho de una etapa de transición y fin de época en términos civilizatorios anclada en la cuestión del medioambiente o la auto-aniquilación ¿Tenes una posición tomada al respecto?

-Creo que la ecología es el último discurso para todos. Es el último discurso que apareció como icono cultural que toma a toda la especie humana, es decir, la conciencia de la precariedad del planeta. Pienso que somos generaciones de transición y que nuestros padres fueron una generación de transición. Desde la posguerra, desde el nuevo orden que empieza en los 1950 y los ‘60 estamos en una etapa transicional. Por eso es una época que se lee con tantas fisuras y tanta decadencia. O con tanta añoranza de ese mundo que termina en 1920 o 1930. En 1920 termina el siglo XIX y empieza el siglo XX que aun no terminó: estos son remezones donde la tecnología reemplazo a la ciencia y donde el mercado ya contaminó la tecnología. Donde la economía contamino y colonizo la política. Lo que hay es mercado en lo simbólico y en lo material. Hay economía de mercado y eso reemplaza en la agenda humana a la política, la ciencia, la filosofía. Reemplaza el problema de la verdad, que es el problema central de la ciencia y ahora se esta fisurando el sujeto porque se fisura el núcleo de la familia (…) los movimientos por la eutanasia, el derecho a morir, a la muerte asistida, es una transición hacia otra forma de la experiencia humana que puede llevar todo el siglo XXI e incluso el XXII.

-A diferencia de otras épocas donde había discursos que marcaban un horizonte, hoy no parece tan claro hacia donde ir…

-A lo mejor todos tenemos claro hacia donde quisiéramos  ir y a lo mejor lo tuvimos claro desde siempre porque en definitiva la especie humana se sigue adaptando a sí misma y al planeta. Lo que no está claro es hacia donde no ir. Por eso se estrella todo. Es lo que dice la Iglesia católica desde un lugar de poder, ni de pensamiento ni de calidad, sino desde el relativismo moral. No estoy con el discurso de la iglesia porque ha terminado como paradigma. Como ha terminado la política como paradigma. Como ha terminado la filosofía. Hay una banalización de todo, una farandulización de todo, una necesidad del parecer, una necesidad del tener que ya es norma, es canon. Ya no parecer, no aparecer y no tener es algo cada vez más extraño.

-La definición del individuo está marcada por eso. Para SER en el mundo…

-Hay que aparecer…

-Y eso es terrible.

-Es terrible porque la apariencia es a-pariencia, es la máscara no la persona. El ontos on esenci es siempre un misterio y muchas veces es un misterio insoportable. Entonces, el mercado dice y con tu foto, tu nombre, tu coche, tu casa, con tus títulos o tus cosas, de alguna forma va a compensarse pero no se compensa porque lo que no se compensa es la certeza y la conciencia de lo efímero de cada vida. A la vez, cada vida es única e irrepetible y a la vez es efímera. Toda esa locura que vivimos trata de tapar la muerte, el final, y lo que tratan de compensar es la falta de paradigmas. Durante milenios estuvieron los padres de la tribu, los padres de la familia, hubo un Dios en el cielo y hubo un diablo en el infierno. Hoy estamos viviendo el remate de eso, la perdida.

-¿Te consideras un optimista sobre el futuro, sobre la vida, sobre las cosas?

-Yo soy una persona optimista, entusiasta. Para llevarlo a la poesía: desde hace 20, 30 años importa más el poeta que la poesía. Cuando en realidad si algo se sostiene en el tiempo es la poesía porque el poeta termina donde terminan todos. Esa inversión es común a la época.

-¿Qué distingue a la poesía de otros géneros literarios?

-El mundo de la poesía no tiene nada que ver con la narrativa ni con el ensayo. Son mundos completamente distintos, son siquismos distintos, son emociones distintas y la circulación es distinta. Yo he leído en todo el país y hace 32 años que hago lecturas públicas. En eso siempre estoy dispuesto, cuando viajas conoces gente y te enteras de cosas. En esa deriva he estado en mesas de narradores, de ensayistas, de novelistas, de poetas,  y sabes algo? Lo que se habla es distinto, lo que se ve es distinto, lo que se toma y se come es distinto. Son cosas distintas. La poesía es algo fuera del mundo. No vas a encontrarla en las líneas de best-seller, ni en las vidrieras, no las vas a encontrar jamás en un programa de televisión. Es algo que está fuera.

-¿Incluso podría decirse que está fuera de la lógica del mercado?

-Está fuera de la lógica del mercado porque la poesía no produce riqueza. Si vos me preguntas cuales son los  poetas más conocidos de Argentina puedo darte 5 o 6 nombres pero esos poetas tardan 5 o 6 años en agotar una edición de 1500 ejemplares. Hay gente que cree que es un problema de uno y dicen “lo que vos haces no llega o no se entiende” pero no se trata de un problema mío o un problema argentino. Es un problema de la poesía en el mundo. Cuando Wislawa Szymborska, la polaca, gana el Premio Nobel de literatura en 1996 no había libros de ella publicados, se tuvo que editar y reeditar todo. Cuando Seamus Heaney, un irlandés que gano el Nobel de poesía en los ’90 tenia ediciones hechas por colectas y cooperativas de Oxford, incluso alumnos habían puesto plata para ediciones mínimas de 500 ejemplares. Es la situación de la poesía en el mundo porque precisamente rige una lógica donde la poesía no sirve.

A pesar de todo la poesía no muere…

-Porque la poesía es el género primero. Es un género anterior a la narrativa, incluso es anterior al relato de los mitos. Es como la música, es como la voz humana en la canción, es como la danza. Es lo primero.

¿Cómo llegaste a la poesía?

-Lo que pasa es que no dije a una edad ‘yo voy a ser poeta’. Es una forma que vino a mí. Si hubiera podido elegir a lo mejor hubiera elegido la narrativa porque hubiera tenido muchos más lectores, porque a lo mejor con alguna fortuna habría podido llegar a vivir de eso. Pero uno no elige. Yo no dije ‘no voy a escribir una novela o un cuento’, no viene a mi, no está en mi.

¿Nunca forzaste la posibilidad?

-No, no, no porque es una cuestión de felicidad. Entonces ¿porque abandonar esa felicidad?. Es una cuestión de vida.

-La poesía parece ocupar un lugar marginal dentro del canon literario y en relación a otros géneros ¿Cuál es tu visión?

-Es la loca de la casa, es la invitada de piedra. Los grandes premios literarios son para la narrativa en Argentina y el mundo. Si hay un prestigio y un montón de cosas pero no materialmente. Cuando vos estas metido en esto y sabes que nunca vas a vivir de la poesía, te paras distinto frente al mundo. Te paras en un lugar de mayor libertad. De la poesía en Latinoamérica durante el siglo XX pudo vivir muy bien Neruda o Benedetti, dos personas. Los demás no. Incluso en la narrativa son muy pocas las personas que viven bien. Conozco muy poca gente que no escribe poesía y lee poesía. La mayoría de la gente que lee poesía escribe poesía, bien o mal, fuera de los ámbitos académicos. Y acá la cosa es doble: no solo no podes vivir de eso sino que hay poca lectura. O hay lectura de la persona que está en el campo. Un poeta famoso es fundamentalmente famoso entre los poetas y, a lo sumo, en la academia. Es como un filatelista. Y soportar todo eso a lo largo de la vida tiene un costo porque al final decís ‘he leído toda mi vida, he escrito toda mi vida y tengo que pelear por todo’…y tiene una libertad, la libertad de decir cuando me siento a escribir soy fiel a lo que se me ocurre y me importa un carajo porque total no va a ser un best seller. Y si es un best seller no será poesía, será otra cosa.

-¿Qué pensas de la gente que pone la poesía al servicio de una suerte de militancia?

-Me parece muy bien. La poesía se expresa sobre todo. Me parece maravilloso. No me parece mal que una persona diga voy a hacer una poesía como la de los ’60 en pro de ciertas ideas políticas, etc., tienen a lo mejor el riesgo de la caducidad, de lo inmediato, el riesgo de que eso cambie, el riesgo de las decepciones. Pero creo que el que escribe a favor de una revolución, de un cambio del orden de las cosas, de una justicia, de un reclamo, de un testimonio, me parece tan válido y tan necesario como el que escribe de su intimidad, de su amor a alguien o de las montañas o de los pájaros. Todo es político y todo va a tocar también la realidad. Yo no tengo juicios ni prejuicios sobre eso. Creo que hay que valorar si algo esta bien escrito o no, acerca de lo que sea, no tiene mayor importancia.

-En los últimos años se realizan encuestas sobre consumos culturales que indican que se lee cada vez menos, los editores de diarios tienen hacer más fotográficos los contenidos…

-Cada vez mas la escritura es un pie de la imagen, nada más. Es una nota al pie. La escritura complementa a la imagen y no al revés. No le veo negativamente a eso, me parece una forma de aprendizaje distinta. No lo tengo totalizado a eso. No lo veo así, hay que ser plástico en eso. Si vos queres con esto de Facebook, de Internet, y de todo se lee mucho mas que antes. Aunque sean cosas de dos líneas, se lee más. Los jóvenes leen mas, tienen otros saberes y otras comprensiones.

Hay cierto discurso de oposición a todos estos cambios.

-Quienes dicen eso tienen la ilusión de la ilustración, del siglo XIX, pero hay que dejar atrás esas discusiones. Internet tiene solo 20 años. Los celulares tienen 15 años. En eso hay que entrar y verlo de un lado positivo así sean idiolectos o frases cortas incluso mal escritas. Pero no pasa por eso: la experiencia de escritura los chicos la tienen en el chat, en el Messenger, en Facebook, esa interrelación que pasa por la palabra y pasa por la escritura. Y esa cuestión cuando estaban de moda los fotolog, implica una educación estética también. Es una educación del ojo para una imagen, por mas que esa imagen sea del mercado. Es un conocimiento de la imagen, una erudición de la imagen que también es tecnológica y que no estaba hace 20 años. Entonces, me parece bastante jodido y reaccionario decir que está todo mal y se lee menos, bueno, pongamos lo otro, sino estamos con la cabeza atornillada para atrás y los sueños de la ilustración, de la enciclopedia terminaron. Y creo mucho más en la especie que en la historia, y de alguna forma el hombre encuentra siempre cómo seguir.

-También se habla de la desaparición física del libro y de los periódicos.

-Sin embargo, los grandes periódicos siguen saliendo en papel. Creo que es un problema del ojo humano, muy poca gente puede leer 2 o 3 horas en pantalla. Cuando la gente quiere leer, imprime. Todavía el papel es más maleable, es más cómodo pero tal vez se llegue en 2 o 3 generaciones en que todo se vuelva electrónico. Y el espíritu va a seguir flotando porque está en nosotros, el lenguaje está en nosotros. No comparto las visiones apocalípticas. O sea, todavía concurren millones de personas a ver en un escenario gente disfrazada recitando un parlamento, creo que eso anula todo discurso apocalíptico. Tengo una visión esperanzada sobre el ser humano, creo en el instinto y en la especie, creo que siempre se va a buscar sobrevivir.

-Tu biblioteca es imponente…

-Es la tercera biblioteca que armo. Ya vendí dos. Sobre esto escribí un poema: vendí una para casarme de apuro y la otra porque no tenia de qué vivir. Esta la hice en los últimos 20 años. Tiene unos 4000 ejemplares que podría vender mañana y me dejaría 40 o 50 obras. Con los años uno se da cuenta que los libros valiosos son como la gente en la vida de uno…son muy pocos libros.

¿Como ves el gremio de los escritores?

-Como todos: hay tipos santos, tipos de mierda, tipos envidiosos, tipos generosos. Ni el artista maldito, que muchas veces es una máscara para vender el personaje o la obra, ni el artista santo tampoco: los poetas están metidos en todas las cosas y por eso pueden dar testimonio de la condición humana también. Nunca sentí que por estar en la poesía o en el arte era distinto a los demás, ni más ni menos. Me sentí en una actividad distinta o menos comprendida que trajo sus dolores porque todos queremos ser queridos y valorados pero son cosas que pasaron también. Si tuve alguna ilusión de que mi vida fuera más fácil en el sentido material y/o simbólico, eso ya pasó. Esto es así. Lo que no pasa es la felicidad de escribir. Y cuando no lo sienta así no voy a escribir más. Cuando escribo siento la alegría de mis 13 años. Esto fue algo que estuvo siempre en todos los periodos de mi vida, de una vida muy cambiante y muy difícil y cuando no lo sienta haré otra cosa. La felicidad de escribir fue la razón. Y la felicidad de escribir y saber que esa felicidad no es dañina o dolorosa para nadie.

¿Pensás publicar algo nuevo antes de fin de año?

-Publiqué nueve libros en cinco años y en 2010 me tomé un descanso. El año próximo publicaré tres nuevos libros que estoy preparando ahora: Árbol viudo, otro titulado Tu y un tercero que incluye poemas extensos y muchos quiebres del lenguaje y llevará por título La desesperación y otros poemas.

¿Estás experimentando?

-Sí, con mayor libertad. En general, publiqué una poesía breve pero en La desesperación… estoy trabajando cosas más discursivas y más manchadas, con temas más sesgados, más rotos, que son cosas escritas con muy poca corrección, de un tirón. Uno a esta altura ya se da los gustos, siento que ya di cuenta de mi compromiso con la palabra y la poesía. Tengo 55 años y ahora voy a escribir con un poco más de libertad todavía. Uno se da más permisos. La presión del lector es distinta. Yo he sido muy afortunado en mi trayectoria en la poesía, muy reconocido. Ya he tenido muchas de las satisfacciones que te puede dar escribir para los demás; para adentro están siempre: cada vez que escribo soy feliz. Y ya he tenido todas las excepciones también: las negaciones, los olvidos, la indiferencia; ya he leído para 3 personas y he leído para 1500 personas también. He tenido esa suerte de haber hecho solamente poesía y de haber publicado desde muy temprano, mucho y en muchos lugares y ahora siento que estoy amortizado en eso y que si quiero escribir 40 paginas sobre el picaporte, escribo 40 páginas; y que si quiero escribir una línea sobre la eternidad, escribo una línea y ya está porque no va a pasar nada muy distinto. Lo diferente es la página en blanco.

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