Archive for 17 marzo 2009

Un diálogo por-sobre-entre revistas universitarias

Doctambulos! es la revista joven para los universitarios de Córdoba.

Doctambulos! es la revista joven para los universitarios de Córdoba.

La añoranza de los estudiantes de comunicación social que se inclinan para el periodismo escrito tiene que ver con la idea narcisista de ver impreso su nombre en un texto publicado y -siendo menos pesimistas- también con hacer lo que les gusta: investigar, entrevistar, analizar, cuestionar(se), etc.  

 

En este sentido, los emprendimientos editoriales desarrollados por estudiantes con poca o nula experiencia han marcado un camino a veces problemático pero no menos esperanzador: el de la autogestión.

 

Decimos problemático porque no siempre existe un plan de acción preconcebido y las turbulencias económicas pueden hacer peligrar su sustentabilidad. Lo destacable viene entrelazado al desarrollo de un proyecto editorial desde cero con las potencialidades y la libertad que ello permite.

 

En Córdoba, y más específicamente en Nueva Córdoba, dos proyectos de estás características -revistas gratuitas solventadas con venta publicitaria- se repartieron la atención de los universitarios durante algún tiempo hasta que uno de ellos terminó de eclipsar al otro.

 

Nos referimos a Doctambulos! (D!) y Kátedra Zeta (KZ), dos publicaciones pensadas y diseñadas íntegramente por estudiantes de comunicación de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

 

Dos revistas, dos proyectos

 

Con su particular modo de interpelación a los jóvenes cada una de las Revis -como les decimos cariñosamente sus integrantes- fueron (y son) fieles al contrato de lectura propuesto a su lector. Lo que permitió la consolidación de D! y la decadencia de KZ.

 

Señalo lo de KZ con dolor porque fui parte de las escaramuzas del último año de publicación (2007). Gente valiosa y aprendizajes varios forman parte de este acervo de buenos recuerdos que aún conservo.

 

Sin embargo, KZ ya venía marcando su despedida sólo que no supimos verlo a tiempo. La solidez de sus cimientos no era tal y el estrechamiento de la base económica desató un derrumbe previsible.

 

A ello se sumaron los cambios editoriales que incidieron decididamente sobre la curva financiera: tapa a color, aumento de páginas -textos extensos letras pequeñas-, precio de tapa y venta en mano.

 

A su vez, el afán por redoblar los contenidos con fuerte presencia de temas políticos, históricos y sociales restringía demasiado al público: estudiantes de universidad pública, preferentemente de humanidades o ciencias sociales, asiduos lectores, con ligeras inclinaciones hacia el rock y la literatura.

 

D!, en cambio, transitó un camino diferente. Con una propuesta editorial más amplia y diversificada logró granjearse la aceptación de un público masivo de estudiantes en Nueva Córdoba.

 

Se reconvirtió en el momento indicado sin dejar la distribución gratuita -aumento de tirada y páginas, cambios en el formato y el papel-, mejoró su cartera de auspiciantes y empezó a disputar un espacio en la web desde su página y a través de las redes sociales.

 

Si bien D! tiene objetivos más modestos y no es tributario de un discurso contestatario no es menos cierto que el nivel de impacto e influencia entre los jóvenes ha sido mayor.

 

La clave de su éxito radica en todo eso -y más- pero dejando atrás incluso lo coyuntural queda claro que al poner blanco sobre negro siempre debe buscarse un equilibrio entre lo deseable y lo posible sin descuidar los recursos disponibles.

 

 

 

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Aiesec me cumple un sueño…

Al final de este viaje llegaré a Fin del Mundo, un paraje en plena selva tucumana.

Al final de este viaje llegaré a Fin del Mundo, un paraje en plena selva tucumana.

 

 Al principio no tenía muy en claro hacia dónde ni de que modo quería abordar el camino. El entusiasmo me volvió al cuerpo al toparme con un avisito en un diario local invitando a una reunión informativa de un grupo de jóvenes que promueve viajes internacionales.

 

Sin meditarlo mucho me llegue hasta el auditorio de una seudo universidad -mejor conocido como colegio universitario- donde se dieron cita unas 80 personas  a escuchar la propuesta de Aiesec.

 

La organización surgió en las postrimerías de la segunda Guerra Mundial como una iniciativa para profundizar los lazos entre jóvenes de distintas naciones y promover la paz mundial.

 

Cabe destacar que el núcleo fundacional estuvo compuesto por estudiantes franceses de administración de empresas y contabilidad.

 

 

Los aiesecos crecieron y ahora están por todo el mundo pero el sesgo economicista que les dio vida no se perdió sino que se ha profundizado. Cada delegación funciona como una pequeña -o no tanto- unidad de negocios. Lo cual no está nada mal.

 

 

El planteo de la charla era el siguiente: “joven argentino próximo a egresar o recién egresado puedes ‘aplicar’ para una pasantía paga a algún lejano país a cambio de US$ 450 o puedes enrolarte en una especie de voluntariado en un país latinoamericano por unos US$ 150”.

 

 

Para los amantes de los números y la informática las opciones de viaje/trabajo eran diversificadas. Por el contrario, quienes pertenecemos a las ciencias sociales debíamos contentarnos con trabajar para una ONG respaldada por alguna multinacional…dentro de un engranaje diseñado para lavar culpas con el pomposo nombre de “responsabilidad social empresaria”.

 

 

La revelación

En mi afán por participar de un viaje me uní al grupo tras superar las pruebas de selección -que incluyeron rol play y entrevistas-. Finalmente, se me aceptó como miembro de Aiesec Cono Sur.

 

 

Al día siguiente se organizó la bienvenida o “inducción”: una jornada maratónica de 10 horas en la que no faltaron charlas introductorias, videos institucionales, juegos infantiles y la enseñanza tanto de bailes tipo porristas como de eslóganes poco felices del estilo: “¡What’s up!”….“Aiesec” (sic).

 

 

Aquella jornada de octubre fue determinante para saber que estaba en el lugar equivocado. Cada vez que se me rebelaban los versículos de la filosofía aieseca en igual medida se desdibujaban mis intereses y motivaciones.

 

 

En varios pasajes de aquel día me sentí un completo extraño. Si hasta me retrotrajo a otra tarde equivocada cuando estuve a punto de enrolarme en una secta fundamenta-evange-lista en pos de una experiencia periodística.

 

 

Pero Aiesec no fue en vano. Sirvió nada menos que para envalentonarme en la planificación de un viaje único. Diferente a todo lo que jamás hice. Sin la ayuda de nadie.

Gracias Aiesec!!!