Archive for 25 febrero 2009

Herbalife: Un frustrado sueño americano

El lavado de cerebro y la ingesta diaria del batido es la dosis letal que ofrece todo vendedor de Herbalife.

El lavado de cerebro y la ingesta diaria del batido es la dosis letal que ofrece todo vendedor de Herbalife.

No intentan pasar desapercibidos. Por el contrario, se empecinan en llamar la atención sobre la gran Hache.

 

Son una especie de plaga que crece a la luz del día ya no sólo en las grandes urbes: se diseminan por el largo y ancho mundo hasta abarcar los lugares más inhóspitos.

 

Los seguidores de la gran Hache se multiplican de a cientos. Tienen objetivos bien claros: crear redes, mantenerlas, expandirlas. Utilizan un discurso que se amalgama fácilmente al de una secta new age.

 

En tiempos de orfandad religiosa, crisis económica y fragmentación social, se mueven con asombrosa rapidez para conseguir nuevos adeptos.

 

El lavado de cerebro que comienza en una ‘presentación de negocios’, continúa con el reclutamiento y se completa con la compra e ingesta del polvo mágico. La gran Hache se mezcla con tu sangre al ingresar al cuerpo.

 

Así te convertís en ‘distribuidor independiente’. Tenes que vender como sea el stock de productos comprados a otro ‘distribuidor’ que te apadrinará y vigilará de cerca tus ventas pues necesita que le sigas comprando igual cantidad o más.

 

La publicidad tradicional en los medios de comunicación está estrictamente prohibida pero se compensa con la ‘libertad’ para aplicar cualquier estrategia alternativa de venta.

 

Tampoco pueden abrirse locales comerciales: el negocio funciona a la luz del día pero a la sombra de los circuitos comerciales clásicos.

 

La difusión está orientada hacia los límites de las normas regulatorias. Una especie de juego macabro donde no queda claro las barreras que separan la legalidad de la estafa.

 

Autos rotulados con la gran Hache, páginas web, folletos callejeros, reuniones en hoteles de lujo, avisos clasificados con propuestas laborales engañosas, pruebas callejeras de “Evaluación de Masa Corporal y Control de Peso”, son sólo algunos de los enganches.

 

Los perdedores de la gran Hache

Los cantos de sirena de Herbalife* permiten que sean vendedores inexpertos y no profesionales de la salud quienes prescriban una suplementación dietaria, promuevan el reemplazo de comidas por el insípido batido o jueguen a ser dioses ofreciendo “la solución” a variadas enfermedades.

 

El famoso ‘batido’ de la gran Hache está aprobado por el Ministerio de Salud de la Nación como suplemento dietario: una rotulación que le permite a la empresa presentar su producto estrella como natural e inocuo.

 

Los nutricionistas, en cambio, consideran que se trata de un alimento con un rol farmacológico utilizado como medicamento y cuya rotulación se ampara en un resquicio legal.

 

Los más perjudicados por este sistema perverso son aquellos que ocupan el último eslabón de la cadena piramidal: los pequeños distribuidores, en general, desocupados deseosos de volver a producir ingresos o trabajadores pauperizados que apenas llegan a fin de mes.

 

Las personas que han probado de todo para combatir la obesidad o los enfermos que descreen de la medicina tradicional son la otra pata de un negocio perverso en continuo crecimiento en todo el mundo.

 

Todos ellos persiguen un sueño americano que se desvanece pronto. Cuando comprenden que otros ya soñaron por ellos….es demasiado tarde.

 

(*) Herbalife es una empresa estadounidense fundada en 1980, dedicada a la producción y comercialización de complementos nutricionales y productos para el cuidado de la piel, comercializados a través del sistema de marketing multinivel o marketing de redes. La compañía tiene su sede en Los Ángeles, California, y emplea a 3.500 personas en todo el mundo. Sus productos son distribuidos en 65 países a través de una red de aproximadamente 1.500.000 distribuidores. (Fuente Wikipedia)

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San Valentín: un increíble invento religioso

San Valentin es una leyenda: solo existió en la literatura romantica.

San Valentin es una leyenda: solo existió en la literatura romantica.

 

 

Augusto tiene una novia que quiere mucho y a la que gusta agasajar en cuanta ocasión se presenta. Ella siente algo parecido por él pero además es muy posesiva y demandante. 

 

 

El caso es que Eulogia tiene una especial predilección por las festividades. Desde el primer amanecer de 2009 le viene recordando a su amado Augusto que el 14 de febrero debe ser un día especial.

 

 

El término ‘especial’ es un continente de sentidos en una sola dirección: Eulogia exige atenciones desde esa mañana hasta la madrugada siguiente. Aunque a él le encanta oficiar de papá noel a veces piensa que su chica no tiene límites para exigir amor…dosificado en bienes materiales.

 

 

Pasó el día de los enamorados y algunos supieron aprovecharlo: florerías, bombonerías, restaurantes, bares, hoteles por horas. Otros sienten que después de cumplir su misión llega el momento de hacer malabares para alcanzar el fin de mes sin efectivo. Augusto es uno de ellos.

 

 

Teorías imprecisas

 

 

La precaria situación financiera de Augusto lo indujeron a cuestionarse “¿Quién mierda inventó el día de San Valentín?” y por una vez en su vida decide no dar todo por sentado. Se sumerge en la web de mala gana: no le gusta leer.

 

 

A poco de andar Augusto se enamora de la teoría más inverosímil sobre el santo: la que se remonta a una fiesta pagana realizada en la época del Imperio Romano en honor del dios Lupercus, deidad de la fertilidad, que practicaban los adolescentes mediante un sorteo en el cual “cada chico escogía el nombre de una joven que se convertiría en su compañera de diversión (léase compañera sexual) durante un año”.

 

 

Para acabar con esta entretenida celebración la iglesia católica habría canonizado a San Valentín como patrono de los enamorados.

 

 

Augusto está lejos de la verdad y lo sabe. Continua su búsqueda y encuentra unas declaraciones de Mónica Cornejo, antropóloga de la Universidad Complutense de Madrid y especialista en simbología: “Todas las informaciones en la red sobre San Valentín son falsas y no están documentadas científicamente. La transmisión de la literatura romántica desde Francia y el Reino Unido son la única fuente conocida que explique la celebración” de este día.

 

 

Augusto no sabe si darle crédito a la versión de la investigadora: duda de todo lo que se publica en Internet.

 

 

Otras imprecisiones halladas en la red exponen una historia, según la cual, el origen del día de los enamorados se debe a un sacerdote cristiano llamado San Valentín que vivió durante la época del emperador romano Claudio III, quien prohibió el matrimonio entre los jóvenes de Roma.

 

 

Según esta versión, San Valentín casaba en secreto a los enamorados, poniendo en riesgo su vida, y fue decapitado por ello un 14 de febrero. El problema es que se desconoce si exactamente existió este santo y hay varios candidatos que podrían ser el supuesto Valentín: un obispo, un sacerdote romano y un sacerdote africano que vivieron en el mismo periodo.

 

 

De hecho, ni siquiera el Papa Gelasio I, que presidió la Iglesia en el siglo V, sabía quién era San Valentín y en su acta papal puntualizó: “Dios sabrá mejor que nosotros qué hizo exactamente este santo, pero hay que rezarle”.

La festividad fue borrada del calendario eclesiástico en el año 1969 como parte de un intento para eliminar santos de origen posiblemente legendario.

 

 

A esta altura lo único claro para Augusto es que la corporación ‘El Vaticano S.A.’  junto a su marketinera agencia de comunicación fueron los impulsores de la fecha.

 

Toda fábula religiosa tiene que contar con un protagonista con nombre de buen tipo: así se creo el tal Valentín, un santo sin milagros conocidos, el san fiasco.

 

Biografía no autorizada de un apellido

En América el mestizaje generó la fusión de genes europeos e indigenas.

En América el mestizaje generó la fusión de genes europeos e indígenas.

 

La construcción de la identidad se desprende de la palabra. Tras el nacimiento nos constituimos en sujetos a través de un nombre. Nombre que nos define en parte -porque hay miles y miles que lo comparten- y que se completa con el apellido.

 

 

El nombre es tributario de una peculiar contradicción: es nuestro sello personal aunque fue otorgado por terceros. El apellido, en cambio, hace referencia a los antepasados, al linaje precedente, a una historia que trasciende nuestra exigua existencia.

 

 

En otro sentido, el apellido es portador de significados y valores construidos por sus depositarios pero también resulta influenciado por el entorno. Ser o no ser en el mercado de los apellidos requiere algo más que buena voluntad.

 

 

El acceso a este selecto grupo esta asegurado si te toca nacer en una familia ‘tradicional’ pero en los tiempos que corren lo que define con creces la importancia de un apellido es la situación económica de quienes lo portan. Otra importante fuente de prestigio y devoción es la exposición mediática.

 

 

La popularidad fluctúa entonces entre quienes se vuelven ricos de la noche a la mañana o son eclipsados por el flash de las cámaras y aquellos que fueron alcanzados por una trágica bancarrota y son confinados al ostracismo más esperpéntico.

 

 

Alrededor de este circo se moviliza buena parte de la población: los innombrables-ignorados, los ignotos-desconocidos, que a pesar de negarlo todo sueñan con alcanzar el paraíso de los apellidos ilustres.

 

 

Un apellido burocrático

Cuando algún curioso me pregunta por mi apellido y le explico la raíz de mi árbol genealógico, por regla general, se sienten defraudados. Parece que esperan más: un escudo familiar, un vínculo directo con los fundadores de la ‘nación’ o una historia de epopeyas grandilocuentes.

 

 

Disfruto de observar sus reacciones al contarles que al menos las cuatro generaciones precedentes son criollas. El interés inicial deviene en decepción si revelo que Sigifredo es un nombre en otras latitudes y que se convirtió en apellido con la llegada de un huérfano al Río de la Plata.

 

 

Como este Sigifredo desconocía su apellido, el burócrata que lo atendió en la oficina de registro de extranjería tuvo la brillante idea de llamarlo Sigifredo Sigifredo y allí quedo sellada -literalmente- un nuevo apellido para la posteridad.

 

 

Los espejos de la historia

Toda familia tiene secretos que prefiere callar o temas tabúes sobre los que ejerce un ominoso silencio. Mi abuela materna es un buen ejemplo de esto.

 

 

Recuerdo con un dejo de gracia y cierta indignación que la viejecita armó un escándalo el día que su única prima hermana le confesó que al reconstruir su linaje encontró la sangre europea que tanto añoraba pero en igual medida sus genes europeizados eran compartidos con otros…de los pueblos originarios. 

 

 

Saberse fruto del mestizaje fue un golpe duro para ella: jamás lo aceptó. Lo paradojal de la situación es que sus raíces indígenas prevalecieron con el paso de los años y el endurecimiento de las facciones de su rostro moreno le imprimen una imagen semejante a la de una cholita de la América profunda solapando las deseadas “virtudes” españolas.

 

Los espejos de su casa le recuerdan a la anciana día tras día, noche tras noche, quién es en realidad: el reflejo de una historia que no puede ocultarse a pesar de su indignación.